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por víctor goñi - Domingo, 4 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 12:40h
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eN esta sociedad de la información de grandes titulares sobre aspectos pueriles mayormente relacionados con el circo político, a menudo pasan inadvertidos problemas de enjundia que afectan de forma severa a un amplio segmento social. Pondré por caso el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), en cuya semana europea -del 21 al 27 de septiembre- se ha puesto abruptamente de manifiesto que lo sufre, también en Navarra, el 5% de los escolares. Lo que, de acuerdo con la estadística, significa que en cada clase hay un menor que lo padece, para una prevalencia muy superior a las discapacidades físicas o sensoriales. En los seminarios organizados en Pamplona y Tudela ha quedado perfectamente explicado que se trata de una disfunción cerebral, es decir, que esos niños no son movidos para expresar su rebeldía, que su inconstancia no equivale a pereza y que con su hiperactividad no sólo se resiente la actividad académica o la estricta instrucción, sino también su socialización, pues la impulsividad les hace inoportunos y les lleva a comportarse inadecuadamente. Como en casa se comprende el origen y los efectos del trastorno, complicados de gestionar pese a la medicación y las ingentes dosis de cariño, la cuestión más que pendiente para el desarrollo equilibrado de estos niños es el colegio, así que la formación del profesorado resulta urgente más que necesaria. Porque un sistema educativo debe medirse por su excelencia y tan alta consideración no puede asirse sin una correcta atención a la diversidad. Tome buena nota, señor Catalán, don Alberto. Y apueste por la escuela inclusiva.
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