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Osasuna suma esta vez ante el Tenerife una nueva victoria y, con 29 puntos, camina por ahora hacia una salvación temprana
JAVIER SALDISE - Domingo, 7 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 19:02h.
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PAMPLONA. Osasuna continúa adelantando los plazos para la ejecución de la misión principal de la temporada, el ansiado logro de la permanencia, y de la mano de la cuarta victoria consecutiva llegó también una apreciable aproximación a este objetivo primordial. En un partido con un resultado engañoso y ajustado, con un puñado de oportunidades desbaratadas por el acierto del portero visitante, con oficio para encarrilar la contienda hasta el final feliz, Osasuna mantiene su racha victoriosa que le sirve para poner puntos de por medio con la zona del descenso y le sitúa mirando hacia la parte alta de la clasificación. Esta excelente racha de resultados, acompañada de momentos de buen fútbol, no altera para nada el plan principal para esta Liga, pero fomenta otros y sugiere nuevos que no deben desecharse. Si el equipo de Camacho alcanza su meta pronto, otros logros aparecerán. Por ahora no tienen nombre.
Osasuna ganó al Tenerife con un marcador que no resume la diferencia entre un equipo y otro y que tampoco expone las numerosas ocasiones desperdiciadas o abortadas por el equipo rival. Sólo la consecución de un resultado más amplio, la eliminación así de los agobios finales que conlleva el margen de un solo gol entre uno y otro equipo, resulta repochable al equipo de Camacho. Eso y la irregularidad que le llevó de jugar como los ángeles a perder la brújula, o del mando claro, al repliegue o la concesión excesiva. La habilidad del grupo para gestionar y capturar en todo su valor el tanto de Aranda, el de la victoria, tampoco puede olvidarse, porque no quedan muy lejos en el tiempo encuentros similares en los que el triunfo se dejó escapar. El delantero malagueño obtuvo así también toda la gloria que se merece un futbolista decisivo. Aranda se trabajó un partido honrado, en su línea, y el gol le llevaba esquivando demasiado tiempo.
En un partido con subidas y bajadas, con brillo, ocasiones y pocos apuros reales, sorprendente resultó cómo Osasuna fue perdiendo bríos en el primer tiempo conforme los minutos pasaban y cómo el inicio arrollador se fue dulcificando después, como si la prisa gobernara el juego. Mérito tuvo el portero del Tenerife, Aragoneses, en impedir hasta en tres ocasiones que el balón entrara en ocasiones muy claras. Especialmente ágil se mostró para desviar un cabezazo tibio de Pandiani a bocajarro, también anduvo gatuno en un remate de Camuñas envenenado por el toque de un defensa y muy seguro en otro testarazo de Aranda. Algunas oportunidades de Osasuna fueron generadas a partir de un juego acertado en la entrada en el partido y en unos minutos después, y otras acciones no reclamaron más que la aproximación al área rival, donde las imprecisiones de los zagueros y la superioridad, mal concluida, de los rojillos hacían el resto.
Todo lo hizo en el primer tiempo Osasuna, desde tener las ocasiones más claras, componer las acciones más meritorias con el esférico, mostrar que tenía ideas y un plan, hasta después dar oxígeno a su oponente, cederle el balón y caer en unos últimos instantes deslabazados e incomprensibles, con el Tenerife espoleado por la concesión loca de espacios y permisividad. Sólo la falta de puntería evitó males mayores. También un Ricardo que entre los palos no nota los bajones de tensión de sus compañeros. El portero envió a córner un disparo difícil de Alfaro tras un inoportuno resbalón de Monreal, la ocasión más clara.
Osasuna disipó pronto el temor creciente y fundado de que el encuentro se fuera espesando y, con el trascurrir de la tarde, el Tenerife se envalentonara por la falta de definición de los rojillos y los de Camacho le dieran un punto de ansiedad a todo lo suyo y de ahí, al lío, al bombardeo sin sentido, al atasco infumable. Como en el inicio del encuentro, Osasuna salió con las ideas claras y tras amagar con un gol por mediación de un cabezazo de Masoud -el iraní demostró de nuevo ayer que donde mejor ayuda a Osasuna es como delantero, donde su inconstancia táctica y su rebeldía con el balón es menos gravosa-, le llegó una nueva oportunidad a Aranda. Al ariete le enseño el camino Camuñas, con un pase astuto a la espalda de los defensas, y el malagueño marcó con un toque sutil y certero. Era su enésima intentona.
Desnivelado el tanteador con merecimientos, fue más comprensible un repliegue mayor de los rojillos con el paso de los minutos, aunque sofocante resultó un largo final, con las acometidas del Tenerife sonando a peligro. Osasuna no es que pasara excesivos apuros porque la labor defensiva resultó entonces casi intachable, pero sí se echó en falta el acierto que permite cerrar los partidos con menor tensión. Aunque en Primera no se gana un partido fácil. Ni siquiera el cuarto seguido.
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