AL otro lado del teléfono suena la voz, recientemente cincuentona
pero siempre amable, de Francis Díez. "Dime mi niño". El cantante
de Doctor Deseo sumerge a cualquiera, desde la primera palabra
de la conversación, en un universo propio y especial, vinculado
a aquellos que habitualmente intentan sacar el máximo partido
a todos los momentos y todos los segundos.
-A estas alturas de película uno decora su disco con obras de
arte de reputados pintores y resulta que la empresa austríaca
encargada de fabricarlo lo censura y lo retrasa. ¿Conclusión?
-Que nos encontramos con el torpe de turno. El clásico imbécil
que vio una polla y un coño y dijo que aquello no se podía sacar
porque era sexo explícito. Y hasta que le conseguimos explicar
que no íbamos a ponerle bragas a la Maja desnuda de Goya ni calzoncillos
al David de Miguel Ángel (risas) pasaron varios días que provocaron
el retraso de la salida del disco.
-Vuestro anterior álbum simulaba un espejo y el presente, un
vinilo. ¿También hay cierto sabor retro en los actuales Doctor
Deseo?
-No (risas), simplemente sucede que nuestra compañía actual (Muxxic)
edita los compactos con ese formato, ¡por eso hay que mandarlos
a Austria! Yo no soy nada retro pero la verdad es que queda guapo,
aunque prefiero mil veces el CD, ya que no era nada cuidadoso
y siempre acababa rayando los vinilos.
-Puede decirse que el nuevo compacto es una recopilación de estilos
y temáticas del grupo. Pero, para Francis, ¿qué aporta de nuevo
'Sexo, ternura y misterio' a Doctor Deseo? ¿Quizá es el disco
más arreglado?
-Es arreglado porque cada canción tiene un arreglo diferente.
Incluso tocando estilos que ya habíamos trabajado, en esta ocasión
lo hemos hecho con nuestra visión actual. Por ejemplo, la más
punk de todas de las canciones es Orjia amaitezinak, pero no
es un punk ochentero, es actual. En canciones como Hazlo arrancamos
con un inicio cabaretero pero luego se mezcla con una letra muy
hiphopera para acabar en un derivación casi de garaje soul. Es
un juego en el que recopilamos los elementos ya tratados para
lanzarlos hacia otros sitios a través de nuestra visión actual
de la música.
-'Diez negritos', una de las canciones más curiosas del álbum
, es pura contradicción al contraponer una melodía y voz dulces
frente un tema muy duro como la emigración. ¿Fue premeditada
esa contradicción?
-El tema partió de una conversación nocturna en la que una amigo
de Ghana me contó cómo todos sus amigos habían muerto en el viaje
hasta llegar aquí. Me apetecía tratar el tema pero... estaba
tan manido. Entonces me acordé del libro 10 negritos de Agatha
Christie, y de la nana que encabeza el libro y sobre la que gira
la historia. De esa nana me apetecía coger y aunar dos cosas:
por una parte, el sentimiento de ingenuidad con el que está contada
y, por otro lado, la brutalidad que también encierra. Musicalmente
la trabajamos como un vals de tres por cuatro mientras que el
estribillo es un rock americano de cuatro por cuatro; algo que
yo no le he escuchado todavía a otros grupos.
-¿'La hermandad de los perros sin dueño' es hija del 'Club de
las causas perdidas', del que fuisteis fundadores hace ya unos
cuantos discos?
-Tiene algo de eso, sí. La canción puede entenderse de todas
las maneras que uno quiera pero también habla de experiencias
cercanas o miedos, incluso míos, que en este caso reflejan la
exclusión social, algo que muchas veces no nos pilla tan lejos.
En ocasiones uno puede tirarse por la cuesta abajo y acabar mucho
más lejos de lo que pensaba. Cuando nos encontramos con alguien
excluido, o que nos pide algo, nos da cosa. Por eso la sociedad
intenta ocultarlos. Pero la realidad es que podemos caer por
ahí. En este mundo en el que, en el fondo, somos animales gregarios
y tenemos la necesidad de pertenecer a algo o alguien... en un
momento dado, si no eres capaz de pedir ayuda a alguien, y esto
es muy importante, puedes acabar muy abajo (recita una de las
estrofas de la canción). Aún así, sin llegar a los extremos,
todos vivimos esas bajadas a un nivel o a otro.
-Parafraseando el título de otra de las canciones del nuevo trabajo,
¿por el mismo sitio donde empiezan sus curvas acaban tus palabras?
-Es posible... o por lo menos es lo que hace que mi cerebro o
mi cabeza pare de pensar y aparezcan otras cosas más importantes
que no tienen que ver con lo racional sino con el mundo de las
sensaciones y las emociones. Siempre que estés alerta la piel
puede llevarte a ellos; pero también hay que trabajárselo porque
las cosas no vienen solas.
-'Orjia amaitezinak', el tema en euskera que cumple con la tradición
de los últimos álbumes de la banda, nació en tu último viaje
a la Patagonia. ¿La soledad fue el impulso que te llevó a crear
una letra sobre los pensamientos de una abuela tejedora?
-En Patagonia visité un pueblo, Chaltén, que está en el culo
del mundo y que en los años 80 fue abandonado y quedó fantasma.
Sin embargo, ahora no tiene nada de rural porque la gente que
lo habita viene sobre todo de Buenos Aires. Allí conocí a una
señora de setenta y pico años que me impresionó (María Zulema
Amadeí). Era profesora de Arte, arquitecta, fue muy machacada
por la dictadura, también había trabajado con Marcel Marceau
en teatro y era poetisa. A las noches nos hacía recitales de
sus cosas y uno de esos poemas es el que configura esta canción,
aunque traducido al euskera. El poema comentaba cómo ella veía
a su abuela, que tenía una carita angelical mientras tejía, pero
por dentro estaba pensando en crímenes horrendos y en orgías
sin fin. Al pasarlo al euskera hemos reivindicado el mundo de
la creación, de las fantasías... no todo tiene que ser políticamente
correcto. Es una especie de canto a la libertad de expresión,
a que una viejilla o la mejor de las madres también puede pensar
en orgías tremendas o crímenes horrendos.
-'Dancing in hell'... llegó el desparrame a 'Sexo, ternura y
misterio'. ¿No se habrá cansado ya el infierno de que llames
tantas veces a su puerta?
-Nooo (risas). Con esta canción me venía a la mente una frase
de Corto Maltés que decía: "El buen vividor puede sacar partido
hasta del infierno". Partiendo de ahí y jugando con otras cosas
como la música negra, el groove, el funk, bailar o follar bailaremos
hasta en el infierno, o nos transformaremos y evolucionaremos
hasta en el infierno.
-¿Hasta qué punto te ha llegado a obsesionar la búsqueda de la
palabra justa en una canción?
-Esa es la jodida obsesión de siempre. Las letras siempre son
obsesivas, cuando no sale esa puta palabra que quieres decir
o cuando tienes un montón pero no caben en un fraseo. No puedo
quitarme esa jodida presión, esa sensación de agobio que sigue
siendo una obsesión. Todavía estoy por aprender a hacerlo de
manera más natural.
-"Un cerebro en la ruina, un corazón en rebajas..." cantas en
'Desempolvarme la estupidez', ¿es la depresión por llegar a los
50?
-No. Bueno, esta canción tiene dos partes. El estribillo, en
el que uno es consciente de su estupidez, de lo mucho que nos
miramos al ombligo y de que el mundo gira, nos guste o no. Y,
por otra parte, hay un canto a esa rebeldía adolescente del me
cago en todo que te permite ser libre para hacer el imbécil.
Además, la estupidez y nuestras miserias son adictivas, estamos
muy enganchados a ellas. Nuestra propia mierda es pegadiza...
nos quejamos y hacemos de todo menos lo que hay que hacer para
transformar la mierda que nos jode.
-¿Juegos malabares es una nueva ración del equilibrista que busca
el sentido en la inestabilidad que otros evitan aferrándose al
matrimonio o el trabajo?
-Hay parte de eso y también del paso del tiempo, una cuestión
natural y positiva que hay que aceptar. A veces se piensa que
ser maduro o envejecer significa estar muerto, cuando no tiene
por qué ser así. Sin embargo, sí hay jóvenes o adolescentes que
están, por diferentes motivos, muertos en vida. Hay gente madura
que esta muy viva; la esperanza, las ganas y el saber nos dicen
que todavía nos queda por jugar la mejor de las partidas. Hasta
que llegue la muerte seguiremos haciendo juegos malabares.
-Robe colabora de nuevo con Francis. ¿Qué queda de los Piratas
de la ría? ¿Giraréis este año con Extremoduro?
-Aquello fue un encuentro casual, casi un encargo. Robe pasaba
por allí, le gustó y se apuntó. La propuesta ahora es diferente,
nos propusieron hacer unos conciertos con Extremoduro fuera de
EuskalHerria y a nosotros nos va a venir bien. Es un pasito más,
ya que, si tocamos con ellos antes 10.000 personas en Sevilla,
eso significa que después podremos hacer nuestro conciertillo
para 200. Trabajando desde compañías independientes es muy difícil
llegar al resto del Estado; nosotros hemos avanzado algo gracias
al boca a boca y ahora en Madrid ya metemos a 700 personas.
-Precisamente, habéis agotado entradas en todos los conciertos
de la gira celebrados hasta ahora. ¿Sientes de alguna manera
que el grupo de culto se ha convertido en grupo de éxito relativo?
-Nunca se sabe dónde coño está línea que separa ambos. Lo que
sí es verdad es que el inicio de gira está siendo especial y
nunca habíamos agotado todo... pero te puedo decir que, económicamente,
no llegamos a mileuristas; por lo tanto, todavía debemos de ser
de culto.
-Finalmente, ¿escupir sobre Peter Pan se ha convertido en virtud
más que en onanismo?
-Es una virtud porque hay que saber envejecer, no se puede ir
de joven por la vida. Yo soy una persona madura, hay que vivir
los tiempos sin ser patético.