pamplona.¿Cuál cree que es la función de actos como el que hoy se celebrará en Pamplona?
Este tipo de actividad sirve sobre todo para conseguir la normalización de la relación entre el ser humano y el cannabis, una planta bonita, hermosa, ornamental y psicoactiva. Por eso presto mi apoyo a esta idea y a esta organización.
¿Se trata, pues, de normalizar, de sacar al cultivo y consumo de cannabis de la oscuridad donde tradicionalmente se les ha confinado?
Así es, se trata de que se sepa que se ha consumido desde siempre, desde los egipcios hasta la actualidad, y todavía está por ver que haya fallecido alguien por tetrahidrocannabinol (THC). No es ni justo ni lógico lo que está sucediendo, que nos criminalicen, porque consumir cannabis debería ser lo mismo que tomarse un pacharán o un rioja. Pero prefiero no comparar la marihuana con otras sustancias, me parece que todo es válido para quien quiera o sepa utilizarlo. Además, la marihuana induce al relax, a la paz, tan necesarios hoy en el mundo. Te planteas para qué pegarte con nadie si te has fumado un porro y estás tan a gusto...Te lleva a un estado bonito, positivo, amoroso, con lo poco que se habla de amor en la política.
Por lo que dice, podría incluso relajar un poco la crispación tan presenta en la esfera pública últimamente.
Claro que sí. Hoy es el momento de reivindicar esta planta contra la guerra de Irak, contra el terrorismo y todo tipo de violencia, contra la ofuscación de mentes peperinas...
¿Por qué existe una cierta hipocresía hacia este tipo de sustancia, teniendo en cuenta que otras, como el alcohol o algunos fármacos, producen los mismos o mayores efectos y nadie las cuestiona?
Por varios motivos. Que esta planta sea ilegal hace que se encarezca, porque se ve obligada a la clandestinidad. Y como se ha decidido que sea punible, la gente empieza a fabricar corazas, se esconde, le da reparo encender un porro porque huele...¡Y también entramos en un bar y huele a kalimotxo que te cagas!
Hay quienes afirman que legalizar la marihuana provocaría un consumo masivo y desenfrenado.
Pues yo les diría que, por ejemplo, durante la Ley Seca se consumía mucho más whisky que antes. A veces yo pienso que hay estrategias orquestadas por quienes controlan esto. Pasa lo mismo con cualquier tipo de droga, si hay un tío al que le gusta hacerse batidos de heroína, pues que se los haga. La heroína se podría sintetizar y vender a precio de aspirina a quienes la necesitan, pero al prohibirla, los precios se elevan y comienzan los problemas, la prostitución, etcétera. Y los partidos políticos no hacen nada. Ninguno, progresista o no, porque todos piensan en los votos que pueden perder si legalizan la marihuana. Y resulta que deberían atreverse a aprobar leyes como ésta, que, sin ser populares, son necesarias. Pero no lo hacen.
Ellos no, pero Karra Elejalde sí que ha mostrado públicamente su compromiso con la despenalización en repetidas ocasiones y en distintos ámbitos.
Sí, porque me preocupa el tema y creo que hay que reflexionar sobre él. Por eso vengo aquí y por eso hago películas como Año Mariano . Un día, un tío puede ir a una ferretería y pedir una caja de chinchetas y comérselas. Pero sería su problema, porque en esta sociedad a los niños les hemos explicado que las chinchetas no se comen y que los dedos no se meten en el enchufe, pero no les hemos hablado de las drogas, lo que es peor, porque se acercan a ellas sin saber lo que son. ¿Y qué pasa, que meterías al ferretero en la cárcel porque un tío se ha comido una tortilla de chinchetas? No. Pues lo mismo pasa con las drogas. Y no me da la gana que pasen estas cosas, por eso vengo aquí sin cobrar un duro, porque me parece que es una propuesta cojonuda que contribuye a normalizar la situación.
Respecto a su trabajo, ayer estrenaba en Vitoria el corto Le protecteur , de Patxi Basabe, y a lo largo de su carrera ha participado en las primeras y segundas películas de varios directores. ¿Qué le aporta su colaboración con profesionales que dan sus primeros pasos en el mundo del cine?
También he trabajado mucho con directores veteranos, pero es verdad que he estado en muchas películas de nuevos realizadores como Medem, Bajo Ulloa, etcétera. Y resulta interesante, porque a mí me gusta participar en el proceso y con los nuevos directores es más fácil.
¿Qué tiene que tener un proyecto que se anime a hacerlo?
En primer lugar, tengo la manía de pasarlo todo por el filtro ideológico. El tema de la película tiene que tener una sintonía con manera de sentir y de entender las cosas. No puedo hacer algo sólo por dinero, sobre todo si el sustrato del proyecto contiene algo con lo que no comulgo. Después, la historia tiene que ser interesante y me gusta conocer al director para saber qué quiere hacer. En cualquier caso, no suele ser habitual que me lleguen cosas abominables; y tampoco es que en el cine español los actores podamos rechazar muchos trabajos, porque desde luego no nos llegan cincuenta guiones a casa. La cosa ahora está muy floja.