albert pla Fecha: Viernes, 11 de mayo. Lugar: Auditorio de Barañáin. Intérpretes: Judit Farrés y Albert Pla. Incidencias: Escenificación de 'El malo de la película', hora y veinte minutos de duración. Muy buena entrada. Público variado de toda edad y condición
POR j. óscar beorlegui
CINE, teatro y música bajo el denominador común del ingenio. De la mordacidad. Con el inconfundible sello de Albert Pla de fondo, he aquí los pilares sobre los que se asienta el nuevo espectáculo protagonizado por el citado en compañía de su inseparable Farrés. El argumento del mismo es sencillo: un importante abogado al servicio de los intereses de una corporación inmobiliaria realiza un viaje a través de una zona llamada a ser urbanizada, convertida en un polígono industrial; a partir de ahí todo es posible. Y así lo fue sobre el escenario del Auditorio: todo tipo de situaciones y vivencias, tanto reales (el viaje en sí mismo, con Pla en el papel de abogado, del malo de la película, pilotando un extraño artefacto monoplaza cuyo discurrir por la carretera viene a ser la razón de ser del filme) como ficticias: basadas en lo que pasa por la cabeza del citado, de dicho malo. Según él, el mejor abogado del mundo: incluso determinados pensamientos que le generan dudas por momentos sobre lo procedente o no de su comportamiento, despejándose totalmente las mismas a lo largo de la representación... en lo que respecta a la condición de calzonazos del ser humano, por ejemplo. Y todo lo dicho bajo la sombra de un amplio abanico de situaciones, a cada cual más surrealista.
El malo de la película parodia el mundo del celuloide de principio a fin: Sin Antonio Banderas. Sin Penélope Cruz. Sin guión. Sin sentido. Sin productor , que podemos leer en los créditos en el arranque... y por FIN , que se lee a su conclusión. Y en medio, entre dichos alfa y omega, la suma de situaciones delirantes. Esperpénticas, a más no poder. El viaje. La disparatada road-movie que más allá de por la carretera, bajo la banda sonora de las nuevas canciones de Pla, transcurre en buena parte por la cabeza del abogado -como ha quedado dicho-: a través de sus disparatados pensamientos. Bajo el sonido de unas composiciones que, sobre unas bases pregrabadas, fueron interpretadas por unos trajeados Pla y Judith de forma exquisita, resultado del agrado de los presentes: un público predispuesto a pasar un buen rato y que en todo momento siguió con atención el desarrollo de los acontecimientos, ya riendo ante el histrionismo de las distintas incidencias (el control de domingueros -antológico, realizado como si de uno de la Guardia Civil se tratara por un tal ermitaño vengador- o la destrucción de los EEUU, evento magistralmente plasmado mediante el tema La colilla , con la emigración chicana de trasfondo, de lo mejor de la velada), ya mostrando repulsión, como sucedió en el diálogo entre un abuelo y su nieto a propósito de las enfermedades del primero, bien surtido de explícitas imágenes. ¿Más situaciones surrealistas? Los viajes dentro del viaje (incluso a la infancia del protagonista o a la China, tras una ingesta de setas) o el comunicado declamado por un presunto activista catalán vestido con camiseta del Barça... declarando la guerra al estado español por la construcción del polígono.
Humor negro y acidez, parodia e ironía con la especulación de trasfondo: he aquí lo que deparó el presente espectáculo multidisciplinar, show por medio del cual Pla, apoyándose en el cine, viene a ahondar en su faceta teatral. Eso sí, damos fe de que la esencia del otrora cantautor se mantiene, sólo que diversificada. Ampliada. Enriquecida, toda vez que el Pla del nuevo milenio ha sabido ampliar fronteras. O dinamitarlas, haciendo posible la interacción entre los distintos géneros por medio de una obra que, como él, se mostró como un peculiar e histriónico híbrido artístico: renovarse o morir -que se dice-, y cuando sobra ingenio... Pues eso.