Corrían los tiempos legendarios del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band -el uno de junio hará treinta años justos de aquello- cuando en mi pueblo se armó la revolución. El caso es que en mi pueblo no había por entonces más que un tractor, el Massey Ferguson de los de la Casa Grande. Por situarnos en el mapa, en mi pueblo la palabra tractor se pronuncia de manera ligeramente parecida a como la diría en inglés un Ferguson cualquiera. Pues bien, no había más que un tractor en el pueblo cuando cinco familias, de muy diverso pelaje, se confabularon para comprar otro. Aquello fue la revolución. En el remolque de aquel tractor viajaba una diversidad humana que ni la del legendario disco de los Beatles. Como por allí no habían llegado todavía los ecos de la música de los de Liverpool, pero sí los del Concilio Vaticano II, evento del que -o contra el que- algo habrían dicho el cura y el Diario , a los del tractor se les puso el apodo de los del Concilio. También el Vaticano II había sido multitudinario. En todo caso, aquel multitudinario tractor supuso una conmoción social que ni la de los Beatles o la del Concilio que dio paso a la Iglesia yeyé.
Ahora se entenderá por qué cuando miro la multitudinaria foto de la candidatura de Nafarroa Bai al Parlamento de Navarra, entre Patxi Zabaleta y Maiorga Ramírez veo un bombo imaginario en el que leo Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band . Son los del Concilio y, a tenor de las encuestas, su decisión de marchar hacia adelante en el mismo tractor, abre horizontes nuevos en estos latifundios del Reyno . Todo el que está a la izquierda de los actuales ocupantes de la Casa Grande llama a esos horizontes el cambio. De entrada, de marchar el tractor para adelante, serían posibles las alianzas con las que ponerse de acuerdo en ventilar una capital del Rancio Reyno , cuyos aromas preconciliares han vuelto a ser asfixiantes no sólo en lo eclesial, sino sobre todo en lo social, gracias a un modelo de ciudad a base de Trento y cemento. Trento y el cemento se unen ahora en la nueva avenida de Juan Pablo II. Para continuar, el progreso de las fuerza postconciliares que persiguen el cambio haría posible renovar los aires de una Casa Grande gobernada por sus viejos ocupantes con los modos propios de los dueños de un latifundio. Hay otros modelos que el latifundio y el monocultivo tanto en materia industrial como en materia sanitaria, en la vivienda o en la educación, en las megaestructuras como en los microclimas sociales, y puede que hasta en la agricultura. Si hay concilios y conciliábulos dispuestos a subirse al tractor y ensayar esos otros modelos, cuando quiera es tarde, pues del disco de los Beatles y del Concilio Vaticano II ya hace -justo ahora- treinta años.