pamplona. Los sesenta pueblos de la Merindad histórica de Sangüesa (no se incluyen Burlada, Aranguren, Egüés, Huarte y Noáin-Elorz) han perdido en la última generación un 13,75% de su población. En 1975 contaban con 26.772 habitantes, por los 23.360 del padrón de 2006. El dato frío, sin embargo, no es aplicable a toda la comarca. Mientras el eje Aoiz-Sangüesa ha aumentado la población, los Valles Pirenaicos han sufrido una sangría del 30%.
Si el análisis se limita a los diez últimos años, la población de la Merindad de Sangüesa se mantiene, con un aumento imperceptible de poco más de cien habitantes, de 23.248 en 1996 a 23.360 en 2006. Las localidades que crecen son: Sangüesa, Aoiz y Esteribar, más de mil habitantes entre las tres, Monreal, Lizoain, Lónguida, Ibargoiti, Urroz, Urraúl Alto y Oronz. Todas los demás retroceden.
Los planes territoriales dividen la merindad histórica en tres zonas: la comarca de Sangüesa, las cuencas de Aoiz y Lumbier y los valles pirenaicos. Cada una de ellas tiene sus propias características, por lo que requieren análisis diferentes.
La comarca de Sangüesa se engloba dentro de las Zonas Medias de Navarra, una franja horizontal que parte en dos el mapa desde la muga con Álava hasta el embalse de Yesa. La Zona Media de Sangüesa es la más débil de todas ellas, según el Plan de Ordenación Territorial (POT). Tradicionalmente, Sangüesa ha tenido un papel muy relevante como cabecera comarcal y de servicios, pero, al igual que ocurre con Estella y Tafalla, desde finales del siglo XX, tiene que competir con un área metropolitana de Pamplona cada vez más voraz.
Una de las características de la comarca es que sólo satisface el 57% de la demanda de ocupación, uno de los porcentajes más bajos de Navarra, por lo que es una de las zonas que más trabajadores exporta a diario. Otro dato negativo es la temporalidad en el empleo, de las más altas de Navarra, ya que cerca del 92% de los nuevos contratos son eventuales.
El sector primario, en regresión, no tiene perspectivas de desarrollo, entre otras cosas porque el agua del Canal de Navarra queda muy lejos. El terciario aporta un incipiente desarrollo turístico que la Estrategia Territorial de Navarra anima señalando el triángulo Sangüesa-Javier-Yesa como posible centro turístico de primera magnitud. La comarca es, asimismo, un referente de las energías renovables y es la única de Navarra en la que están presentes todas ellas: eólica, solar, hidroeléctrica y biomasa.
No se prevén grandes cambios sociológicos en un futuro próximo. Si acaso, la llegada de la Autovía del Pirineo va a acercar aún más la comarca de Sangüesa a Pamplona, pero no es previsible un desarrollo urbanístico espectacular, teniendo en cuenta además que el 20% de las viviendas están vacías.
las cuencas prepirenaicas El mayor desarrollo de la Merindad de Sangüesa se ha dado en los últimos años en Aoiz, una localidad que ha crecido un 17,6% entre 1996 y 2006 y la tendencia continúa imparable. Concentra la tercera parte del empleo de la merindad y tiene la tasa de paro más baja de Navarra. Su proximidad a Pamplona ha contribuido a ello pero también las importantes ayudas recibidas de los planes de compensación por el embalse de Itoiz y de fondos de cohesión europeos y forales que han permitido a Aoiz contar con unas excelentes dotaciones deportivas, culturales y de servicios. Gobernado con amplísima mayoría por una agrupación conservadora, el alcalde, José Javier Esparza, no repetirá en el cargo pero con toda probabilidad estará en el Parlamento en las filas de UPN.
Lumbier, por su parte, mantiene la población a duras penas (1.383 habitantes en 2006 por 1.420 diez años antes). No obstante, se atisban indicadores de un mayor desarrollo, ya que la Autovía del Pirineo va a acercar notablemente la localidad a Pamplona. Así, ya hay proyectos industriales en marcha, como el reciente anuncio de la fábrica de palas de aerogeneradores de Acciona. Está previsto también un importante desarrollo urbanístico que no todos los lumbierinos comparten.
el pirineo Más al norte, los valles pirenaicos sufren una situación socioeconómica completamente distinta. En este momento, fijar la población es el mayor reto al que se enfrenta esta amplia comarca que ha perdido el 30% de sus habitantes en 30 años (6.098 en 2006 frente a los 8.638 de 1975), al ritmo de un 1% anual. Si la tendencia continúa, el despoblamiento del Pirineo puede llegar en unas décadas.
Todos los datos que recoge el Plan de Ordenación Territorial son preocupantes: La densidad de población es diez veces inferior a la media de Navarra (5,67 habitantes por kilómetro cuadrado frente a 61,89), la pérdida de población femenina es mayor que la masculina (58% frente a 51%), más de la cuarta parte de sus habitantes tiene más de 65 años (el 26,56% frente al 17,46% de Navarra). El sector primario, basado en la ganadería, ocupa al 18,76% de la población, cuatro veces más que la media de Navarra, pero atraviesa una profunda crisis. La industria es inexistente y el turismo no acaba de ser, seguramente no puede serlo, el remedio a todos los males, a pesar de las enormes posibilidades que presenta el pulmón verde de Navarra, donde el 41% del territorio tiene establecida alguna figura de protección ambiental.
El Gobierno de Navarra presentó el año pasado el Plan Estratégico del Pirineo, una serie de medidas de discriminación positiva con una inversión de 211 millones de euros, pero un centenar de cargos públicos, aproximadamente la mitad, considera que el 70% de ese dinero ya estaba comprometido con anterioridad, por lo que no es un aporte nuevo de fondos. Tampoco creen lógico que entren en el plan las cuencas de Aoiz y Lumbier que, como demuestran los datos, presentan una situación mucho mejor. Claro que no todos los cargos del Pirineo están en esa batalla, por lo que desde algunos sectores se reclama una unidad de acción como primer paso.