Según se va -o se viene- de Burlada a Areta, se ve a Fernando Puras en unas vallas. No es nada que los del cannabis hicieran una noche diabluras en una de ellas. (Al respecto: no sé por qué la legalización, venta regulada y consumo adulto de cannabis, habría de comportar la elección de un parlamentario que se dedique ex profeso a la defensa de esos tres asuntos, habiendo tantas urgencias como hay: pongamos por caso, el estado de las urgencias hospitalarias o la compra de suelo público -digo compra, no cesión del mismo a los promotores-.) Las diabluras de los del cannabis no son nada comparadas con las que los publicitarios le han hecho a quien, según diversos indicios preelectorales, tendría más números que nadie para ser la alternativa a nuestro matador en plaza -pues el de Corella es literalmente matador-. Lo mismo que a la gente común le quitan los puntos del carné por ir como dice que va nuestro hombre de Corella, a los publicitarios habría que retirarles los puntos por usar la luz, el maquillaje y el Photoshop como lo han usado con el candidato, que ha quedado en las vallas de un aire entre Corporación Dermoestética y la noche de los zombies. Y sin embargo, que se sepa, Puras no ha fulminado a nadie, lo que hace pensar que es un hombre de cualidades tales como temple y aguante.
Todo eso y más le harán falta en la hipótesis -por verificar- de que Puras haya de presentarse al Parlamento como cabeza visible del Gobierno de esta difícil plaza. Si la derecha de la que sigue siendo guía espiritual el de la tresena de las Azores, ese hombre que confunde el liberalismo con el olvido del civismo al volante; si la derecha aznarista, digo, está como está desde que le retiraran los puntos para gobernar, ya podemos irnos haciendo una idea de cómo se las gastaría el velocista de Corella, que tan grandes migas y manifestaciones ha hecho con la cúpula del PP, caso de ser apeado del bólido oficial. Nada comparado con cómo se las gastarían los portavoces de quienes vieran venir vientos menos favorables para los negocios propios del liberalismo sin control de velocidad.
Pero no adelantemos acontecimientos. De entrada, el señor Puras necesitará temple para que sus propios compañeros de partido se decidan abiertamente por el cambio que él pudiera -ésa es la hipótesis- representar. Para seguir, habría de orquestarse la conjunción de fuerzas que, de manera plural, pero con la decisión y consistencia necesarias, promoviese vientos renovadores, incluso de la manera de estar en la escena pública. Y a partir de ahí, empezaría a arreciar el chaparrón, seguramente tan tempestuoso como viene siendo desde que el clima anda tan raro. Todo eso y en una plaza así. Las diabluras de los cannábicos y los publicitarios, minucias.