pamplona.Llega a Pamplona para inaugurar esta muestra con su ópera prima, 'Vámonos, Bárbara', ¿contenta de que el filme siga siendo referente de cineastas y mujeres?
Últimamente tengo la sensación de que en aquel tiempo me adelantaba continuamente a las cosas, porque resulta que mis películas que más se proyectan ahora son las primeras, como, por ejemplo, mi práctica de la Escuela de Cine, Margarita y el lobo , que se exhibió en el ciclo Incorrectos del Festival de San Sebastián, o ésta misma. Es decir, que más de treinta años después de hacerlas, siguen pareciendo obras revulsivas lo cual es sorprendente, pero también puede ser triste.
¿Será porque las cosas han cambiando más bien poco?
Si estas películas siguen siendo válidas, sí. Vámonos, Bárbara habla de un momento, 1978, en que la mujer todavía estaba totalmente supeditada al hombre y no podía abandonarle sin ser juzgada. Fue un encargo y narra en tono de comedia esperpéntica la historia que vive una mujer que decide echarse a la calle con su hija y buscar su propio camino. Y continúa funcionando porque, aunque han mejorado mucho las leyes, los mecanismos de las relaciones de pareja siguen siendo parecidos y tardarán mucho en cambiar, porque en esto no influyen tanto las leyes como las estructuras en las que se apoya la sociedad.
La película tuvo sus dificultades en el momento de su estreno.
Una de mis desgracias es que siempre acabo metiéndome en líos (risas). La película desconcertó mucho. A mí me habían encargado que hiciera una especie de versión de Alicia ya no vive aquí , de Scorsese, que había tenido mucho éxito en la época. Por eso, había muchas cosas que venían dadas como que tenía que ser una road movie , con una mujer que se separaba de su marido y, con su hija de la mano, iba a encontrarse a sí misma. A partir de esto, el productor me dejó bastante libertad para trabajar y, desde luego, yo rechazaba ese happy end de la peli americana, porque no me encajaba y mi propuesta desconcertó mucho. La gente no lo asimiló, estábamos en plena época del destape, y, sin embargo, hoy en día, y después de haberse hecho Thelma y Louise , todo el mundo la entiende. Nuevamente, tengo esa sensación de haberme anticipado, porque el público de entonces no estaba preparado para algo así.
Años antes, en 1970, ya había tenido otro encontronazo, esta vez con la censura, con 'Margarita y el Lobo', práctica de fin de carrera que le costó no poder comenzar a dirigir hasta bastante más tarde.
Efectivamente, la censura montó en cólera, intentó destruir los negativos y me costó el ostracismo total. Tuve que dedicarme a la publicidad y a otras cosas porque en el Ministerio no aceptaban nada que llevara mi firma; aunque a veces camuflábamos proyectos míos con otro nombre. Así que para cuando terminó el franquismo, ya se me habían frustrado varias historias y me ofrecieron Vámonos, Bárbara , que antes habían rechazado Chávarri y Gutiérrez Aragón. La censura no se metió en esta película, más bien afectó al público, pero sí se empeñó con fuerza en la que hice al año siguien, Después de... , un documental sobre la transición que prácticamente fue secuestrado.
En cualquier caso, siempre ha abordado temas de calado social y cultural, ¿es fundamental su compromiso ético y estético a la hora de abordar un proyecto?
Por supuesto. El compromiso es algo inherente a todo lo que hacemos en la vida, como ciudadanos y como artistas. Pero, dentro del compromiso, lo que siempre mantengo muy a rajatabla es la honestidad. Tengo claro que mi implicación con determinadas situaciones y determinadas ideologías no me tiene que llevar nunca al sectarismo. Es decir, debo respetar las cosas como están y como las veo y las tengo que reflejar así, aunque muchas veces me duela. Concretamente, en Vámonos, Bárbara , grupos feministas me reprocharon que en algunos momentos aparecen mujeres espantosas y que la protagonista va dando palos de ciego, mostrándose torpe o grotesca a veces. Pero esto debía ser así, porque es una mujer que va buscando, yo no creo que las mujeres sean todas unas maravillosas heroínas y los hombres unos malos malísimos. No me parece que la dignidad de la mujer deba pasar por la indignidad del hombre. Esta postura de honestidad ante los hechos, de no tergiversar lo sucedido, me llevó, por ejemplo, a los disgustos con Después de... , porque tenía que mostrar por qué una joven fascista era encantadora y por qué un cura obrero entrañable estaba enseñando la dialéctica de las pistolas. Y eso a muchos no les gustó.
¿Se trataba de no caer, como artista y como persona, en el panfleto?
Exactamente. Detesto los panfletos y, además, defiendo el esperpento celtibérico y el humor porque creo que en España hay algo totalmente diferente al resto de países. Además, me parece importante que la gente se ría. Estoy convencida de que el humor es mucho más corrosivo que la tragedia; aquella cosa tan antigua de instruir deleitando es fundamental, pero nunca, eso sí, en un sentido panfletario.
Siempre se asocia el nombre de Cecilia Bartolomé al de directoras como Pilar Miró o Josefina Molina, ¿tenían conciencia de formar parte de un grupo de directoras que se abrían paso en un mundo, el del cine, siempre dominado por hombres?
La verdad es que no. Josefina, que acaba de ser nombrada directora de honor de Cima, la nueva asociación de mujeres directoras, me comentaba hace poco que entonces resultaba impensable que se creara un colectivo de este tipo. También es cierto que apenas éramos tres, Josefina y yo estudiábamos dirección y Pilar, guión, pero seguíamos caminos muy distintos, y aunque nos conocíamos de siempre, no hubo ningún intento de agruparnos. Al contrario, en el caso de Pilar, aunque ahora casi la han convertido en una santa, era antifeminista de una forma incluso virulenta. Decía que las mujeres eran unas cretinas y que prefería estar con hombres sin que nadie tuviera en cuenta qué sexo tenía. Cada una de nosotras escogió su camino en aquella época.
¿Y cuál fue su camino?
Quería tocar temas que pudieran interesar porque no se hubieran tratado hasta entonces. Y pensaba que era interesante abordar personajes femeninos que no fueran los habituales de la loca, la puta o la perfecta ama de casa, tan vigentes en aquellos años. La mujer estaba entonces demasiado exteriorizada por la mayoría de los directores, que pintaban personajes masculinos mucho más ricos y complejos. Por eso, trabajé en esta línea no tanto por un concepto feminista en un sentido militante, como por compensar la balanza. Y, como es lógico, yo conocía mejor el lado femenino.
¿Cree que existe un cine de mujer?
No, de mujer no, más bien un cine realizado por mujeres. Y en ese sentido sí que hay diferencias. Incluso Pilar Miró, dentro de la misoginia que defendía en sus primeros años, no podía ocultar que detrás de la cámara había una persona que tenía un profundo conocimiento del mundo femenino. Cada cual tiene sus vivencias que le han marcado y la creación artística nace de ahí, del imaginario personal, porque sobre el vacío absoluto no se crea nada. Y como mujeres, tenemos una serie de diferencias fisiológicas que condicionan nuestra vida, por lo que yo reivindico que tengo derecho a ser distinta a los hombres; sin que las diferencias impliquen ninguna clase de superioridad o inferioridad. Los sexismos de cualquier tipo, también hacia el hombre, me horrorizan. Ésta es mi mentalidad y esta independencia me ha costado muchos disgustos con unos y con otros.
Comentaban hace unos días en IPES que la nómina de directoras españolas sigue siendo escasa, ¿lo siguen teniendo igual de difícil para acceder a este sector?
No creo que tengamos muchos más problemas que los hombres; en general, dirigir cine es bastante complicado. Quizá sí se note más en el caso de los jóvenes. Ahora están muy de moda las óperas primas y se ve que los productores no confían tanto en las mujeres a la hora de apoyar su primera película. Pero, de todas maneras, la discriminación no es directa y abierta, sino que tiene más que ver con los matices. Es más bien una especie de desconfianza, de que las mujeres tienen que demostrar lo que un hombre y mucho más y continuamente. De hecho, entre los directores hay gente muy mediocre, como en todos los ámbitos, pero entre las directoras que consiguen dirigir suele haber profesionales brillantes. Y esto se debe a que tienen que echar el resto todo el tiempo. Deben llegar con muchas más fuerza y talento para poder meter la cabeza en este mundo.