Pamplona. La trayectoria deportiva de Nerea Martínez se estaba decantando desde el triatlón de larga distancia hacia los raids de aventura -pruebas de varios días que obligan a correr, remar, escalar...-, pero la Copa de España de larga distancia le atrajo desde el principio.
¿Cuál ha sido la clave de su triunfo en esta competición?
Ganar la Copa ha sido un premio a la regularidad, porque fui tercera en las cinco primeras pruebas -Gran Canaria, Elche, Lanzarote, Vitoria y Zamora- y cuarta en la última, en Ibiza. Estoy contenta, pero se me ha hecho larga la temporada, porque la primera prueba fue en abril y hemos acabado en octubre. Esto nos ha obligado a mantenernos en forma todo el año, y se hace pesado en una competición tan dura: en las cinco primeras pruebas había 3 kilómetros de natación, 80 en bicicleta y 20 a pie, y en la última fueron 4 de natación, 120 de bici y 30 a pie.
Eso sí que es sudarse un título.
Y sudárselo hasta el final, porque en la última prueba aún me estaba jugando el título con María Teresa Martínez, compañera de equipo en el T3 Real Canoe.
¿Es una buena competición?
Sí. Era algo que hacía falta en el triatlón español, porque hay mucha tradición en la larga distancia, mucha gente a la que le gustan pruebas como los Ironman , y hacía falta algo así. En todas las pruebas ha habido una participación importante (por ejemplo, en la segunda prueba, en Elche, se dieron cita 400 triatletas ) y la gente con la que he hablado tiene ganas de volver a competir en la Copa de 2008, que, a la vista del éxito, ya tiene las pruebas decididas y va a aumentar la cuantía de los premios.
Además de ganar la general individual, ha vencido por equipos con el Canoe. ¿Seguirá en ese club?
No, porque la sección de triatlón del Canoe desaparece, y ya estoy buscando equipo.
Siendo campeona de la Copa, no tendrá problemas.
No, pero tengo que analizar donde me interesa más estar. Por cierto, una posibilidad sería la de ir al equipo de casa, al Lagunak.
¿Qué objetivos tendrá en 2008?
Los principales serán la Copa y el Campeonato de España, y si surge algún raid que me motivar, también lo haré.
Este año ha tenido los raids bastante aparcados.
Sí. Por una cosa u otra sólo corrimos el de Gredos, que lo ganamos. Al ver que tenía posibilidades de ganar la Copa, he ido renunciando a los raids. Tenía varios proyectos, pero me centré en el triatlón. Ahora que ha acabado la Copa, los voy a retomar: el 15 y 16 voy con mi equipo de raids, el Salomon, a uno en Portugal, y del 7 al 16 de diciembre a otro en Emiratos Árabes.
¿Y cuándo descansa usted?
(Se ríe ) No descanso, porque voy encadenando unas pruebas con otras... No. Cuando acabé Ibiza me tomé un par de semanas de descanso. De descanso relativo, porque cuando llevas tantos años compitiendo y entrenando, el cuerpo siempre te pide hacer algo. No puedo estar quince días sin hacer nada, y hago otras cosas como ir al monte o escalar. Eso sí, con tranquilidad, sin la obsesión de estar al 100% que tienes antes de una carrera.
Usted vive en Navalafuente (Madrid). ¿Tiene buenas condiciones para entrenarse?
Sí. Navalafuente es un pueblo muy pequeño de la sierra de Madrid, a 60 kilómetros de la capital, y para entrenar carrera a pie y bicicleta es un sitio genial. Para ir a la piscina tengo que coger el coche, pero sólo 25 minutos, que no es tanto.
¿Se entrena sola o con otros triatletas?
Depende. A veces sí que nos juntamos, pero eso te hace depender de los horarios de los demás o de sus planes de entrenamientos. Mi ventaja es que a mí no me importa entrenarme sola. Hay gente que necesita la motivación de quedar con otros deportistas, pero a mí me da igual. No me cuesta nada hacer seis horas sola en bicicleta.
¿35 años es una buena edad para una triatleta de larga distancia?
Hace años los veía como una edad excesiva para competir, pero me encuentro bien físicamente y motivada para seguir. Al final, es la cabeza, más que el físico, la que te dice cuándo debes retirarte. Está claro que no me recupero de los esfuerzos como hace diez años, pero la experiencia te aporta otras cosas positivas, como la mayor capacidad de sufrimiento y, sobre todo, más cabeza para entrenarte y cuidarte. Cuando eres más joven vas más a lo loco, pensando que cuanto más esfuerzo, mejor. Con la edad aprendes a relajarte, a parar cuando toca parar, a saber mejor cuándo el cuerpo debe descansar.