CONCIERTO DE HOTZ
Fecha: Martes, 25 de marzo. Lugar: Black Rose, Burlata. Intérpretes: Hotz, banda integrada por Art, a la guitarra y a las voces; Txotxe, a la otra guitarra; Al, al bajo; y Gok, a la batería. Incidencias: Concierto de presentación de' Hombre contra mente', 2ª maqueta de la banda, lleno. 45 minutos de duración.
MANERAS de sentir, de vivir el metal, hay muchas en nuestros días, pero continuar haciéndolo a la manera tradicional es un valor seguro. Y a corto y a largo plazo. Evidentemente, más allá del heavy de toda la vida, de subgéneros de complicada nomenclatura o de cuestiones meramente estilísticas estamos hablando de sentirlo tal y como siempre se ha hecho en la calle, patria chica del género. Así pues, ¿cómo hacerlo? Como lo demostraron Hotz, con el corazón. Como siempre se ha vivido en los barrios, algo que salta a la palestra cuando el hecho artístico resultante aúna y rezuma a un tiempo credibilidad, pulsión y ganas de tirar hacia delante, propiciando un caudal musical que, independientemente de cuáles sean las dimensiones de su cauce (más pequeñas cuanto más próximo está el mismo a su nacedero, claro está), puede llegar a cautivar. A arrastrar con inusitada fuerza todo cuanto se le ponga por delante. A todos aquéllos que, como si de una riada se tratase, se citan para presenciar el espectáculo, como ocurrió el pasado martes en Black Rose: un público que no sólo llenó el local (lo cual denota la expectación creada por la banda), sino que se mantuvo a pie de balconada hasta el final. Hasta que concluyó el pase, un tanto breve si se quiere -como ya ha quedado sugerido- pero realmente intenso.
Perfectamente comandados por Art (Arturo, jovencísimo guitarrista de Errotxapea a quien conocimos al frente de unos imberbes Bakarrak), Hotz amenizó la velada con un hecho musical muy bien planteado: basado en un repertorio sostenido principalmente por los temas de su más reciente grabación más una aceptable versión del señero Palomas y buitres , de Soziedad Alkoholika, composiciones ora más aceradas, ora más aceleradas y presididas todas ellas por la melodía y un mismo denominador común, el cierto regusto a Koma que despidieron. Sí, manifestado además dicho sabor desde diferentes frentes, comenzando por la camiseta del guitarrista y vocalista y pasando asimismo por su manera de desenvolverse a la hora de cantar o de hacer sonar las seis cuerdas, lo que trató de hacer como si de un aventajado alumno de Brigi Duque, el legendario frontman de aquéllos, se tratase. Y es que, tras doce años al frente de la brutal formación, el citado Duque ha creado escuela. Bueno, como llegará a crearla Art en el futuro, seguramente: técnica, tesón y empeño le sobran para ello. Y lo más importante, tiempo.
Tras el obligado ayuno de Semana Santa había hambre de rock en Iruñerria, al parecer. Bueno, ayuno, ayuno, en el resto de locales que programan habitualmente, toda vez que el Black pareció ser el único que se atrevió a hacerlo dichos días. En fin. ¿Hambre, decíamos? Sí, la cual quedó plenamente calmada de manos de Hotz, un grupo prácticamente hecho, a tenor de lo visto; ¿que faltan cosas por pulir? Pues claro, como trabajar más los coros o corregir ciertos aspectos a la hora de cantar, detalles de chapa y pintura que, eso sí, no impidieron mostrar a las claras que lo verdaderamente importante, el motor, carbura correctamente. Y quizás... intentar aumentar el repertorio, aunque tal vez no, mejor así: sí, tal vez de momento así, mejor así. Más que plenamente satisfecho dejar al público con ganas de más. De volver a ver al grupo nuevamente. De volver a vivir otra vez a pie de escenario su manera de sentir la histórica música de los barrios.