concierto de la orquesta sinfónica de euskadi Dirección: Arturo Tamayo. Solista: Frederique Cambreling. Programa: Obras de Gabriel Pierné, Luis de Pablo, Paul Hindemith. Lugar: Auditorio Baluarte. Público: Casi lleno. Fecha: 1 de abril de 2008.
POR teobaldos
El concierto para arpa y orquesta Danzas Secretas de Luis de Pablo es una eclosión de originalidad tímbrica, una reinvención de la sonoridad de todos y cada uno de los instrumentos musicales, una valiente investigación de las posibilidades de la orquesta que ha cristalizado en un lenguaje nuevo para el oído. Si esto ocurre con la orquesta, con el arpa -el instrumento solista- también nos adentramos en nuevas sonoridades, en delicadísimos glisssandi , como reflejos luminosos que nos sorprenden a ráfagas o en tranquilos arpegios. Si alguna pega se le puede poner a esta magnífica partitura es que algunos de estos logradísimos sonidos no se dilaten más. Uno va de sorpresa en sorpresa y apenas tiene tiempo de saborear los hallazgos. Pero es que la obsesión de Luis de Pablo siempre ha sido no repetirse; de ahí que todas y cada una de sus obras sean un mundo en sí mismas. Una caja llena de sorpresas que saltan de las sordinas del viento-metal al bombo tocado con los dedos; de la insistencia obstinada de la marimba al violín extenuado hasta lo más agudo. Luis de Pablo ha sido siempre la modernidad y lo sigue siendo, y no sólo por su obra, sino porque ha sido un propulsor y un excitador en los movimientos musicales. Como bien dice Tomás Marco, la personalidad de Luis de Pablo es única e impone coherencia al proceso, pero, sobre todo, esa personalidad es muy rica, y puede manifestarse de mil modos. Ya sé que a muchos oyentes no les gusta este tipo de música. Pero la palabra gustar es limitada, en este caso. Esta música debe ser vivida como una aventura personal de la que hay que salir enriquecido.
La solista Frédérique Cambreling hizo un trabajo magnífico, muy brillante y rotundo. Sacó al arpa multitud de matices, dotando al instrumento -tan romántico- de una sonoridad liberadora de empalagos. Esa es la gracia de este concierto. El cariño y el respeto con que se saludaron el compositor -presente en la sala- y la intérprete corroboran el gusto y la dedicación de la arpista francesa hacia la obra. Cada profesor de la orquesta solucionó lo exigido en la partitura, hasta exprimir las posibilidades sonoras. Y, en conjunto, la obra sonó bien. Quizás siempre haya en las interpretaciones de música contemporánea cierta esclavitud excesiva de la partitura por parte del director, y esa sensación de falta de fluidez en algunos momentos. Pero se salvó el resultado.
Comenzó el concierto con el Divertimento sobre un tema pastoral de Gabriel Pierné. Una obra agradable de escuchar; estreno para la mayoría de nosotros. Matías el Pintor , de Paul Hindemith -obra ya sí del gran repertorio-, cerró la velada. Versión correcta. Más bien contenida en la batuta de Tamayo.