A designación del candidato al Consejo General de Caja Navarra ha desvelado una nueva crisis en el seno de NaBai. Más allá de las responsabilidades personales o partidistas en cada una de las divergencias que ha trasladado a la luz pública en los últimos meses, la polémica sitúa otra vez la imagen de confusión y falta de coherencia en la toma de decisiones de NaBai -sobre todo en el ámbito de su grupo parlamentario- en primer plano. Cuando se va a cumplir un año de las elecciones de mayo de 2007, en las que logró 80.000 votos que la situaron como segunda fuerza política de Navarra, el balance recorrido en estos meses queda aún lejos de la confianza social y de las expectativas que le otorgaron los navarros con sus votos. Un apoyo que NaBai volvió a tener el pasado 9 de marzo, cuando superó los 62.000 votos y Uxue Barkos logró renovar el acta de diputada pese a la campaña bipartidista Zapatero-Rajoy. Ambas citas electorales confirman que el discurso político de NaBai, los principales ejes de su compromiso con la sociedad y los valores éticos y democráticos que han diseñado el proyecto coinciden con una demanda social importante en Navarra. No obstante, su trabajo político cotidiano ofrece, es cierto, refrescantes luces, pero también sombras. La pluralidad, incluso la divergencia, pueden ser un motor positivo, pero el barullo torpe sólo acaba convirtiendo a quienes lo protagonizan en una risa política sin credibilidad. Es cierto que los partidos de NaBai no han roto la sintonía en el discurso ni la apuesta por los objetivos originales -y el trabajo de sus representantes en la mayoría de instituciones y ayuntamientos navarros lo avala-, pero la confrontación y la división por cuestiones relacionadas casi siempre con espacios de poder o protagonismo partidista laminan la credibilidad social del proyecto. NaBai tiene que decidir entre consolidar lo construido hasta ahora y seguir siendo una fuerza política eficaz e influyente en Navarra y en Madrid o regresar a la división en partidos minoritarios anterior a 2004, seguramente el escenario que con mejores ojos contemplan sus adversarios. El reto es importante, y es responsabilidad suya y de los independientes que han apoyado el proyecto afrontarlo y quizá abrirlo a la sociedad. Pero también será bueno saber si, tras las diferencias, alguno de sus miembros está extendiendo un tumor interesado o es sólo falta de madurez política colectiva en un proyecto en construcción.