UE toda nueva infraestructura penitenciaria siempre genera controversia es una evidencia palmaria. Esta regla inmutable es perfectamente aplicable al caso de la nueva cárcel de Pamplona, a la que el viernes el Consejo de Ministros -el último del primer Gabinete de Zapatero- dio el impulso definitivo al aprobar la expropiación forzosa de 220.000 metros cuadrados en la colina de Santa Lucía. Desde la perspectiva de la población reclusa -así como de las personas que atienden a los presos en los ámbitos penitenciario, educativo, sanitario y jurídico- esta autorización no puede considerarse más que una estupenda noticia, puesto que la actual penitenciaría data de hace un siglo y su estado es lastimoso, con riesgo cierto para quienes allí cumplen pena y los propios trabajadores del centro. Al margen de que la reinserción, fundamento de la política penitenciaria en Europa Occidental, sólo puede acometerse con dotaciones modernas y funcionales como la proyectada, una cárcel de 504 plazas residenciales (la más reducida de las que se están construyendo en el Estado español) con un centro de inserción social anexo. Pero por el emplazamiento elegido y el modelo de la nueva prisión, la resolución de lo que antaño se convirtió en un doble contencioso (las opciones de Muruarte de Reta y de Valdizarbe no prosperaron por la oposición vecinal) también resulta satisfactoria para el Gobierno foral, que priorizó la colina de Santa Lucía y pactó con el Ministerio del Interior el diseño constructivo. La negociación ha resultado pues fructífera para Navarra, ya que, en una muestra de responsabilidad, el Estado no ha modificado estas dos cláusulas pese a que el Ejecutivo autonómico no aportará, como se consensuó, los terrenos. Respecto al Ayuntamiento de Pamplona, pueden entenderse sus reticencias por no haber participado en las negociaciones entre gobiernos, si bien va a recuperar 30.000 valiosos metros cuadrados en el barrio de San Juan, lo que podría haber sido objeto de pleito judicial si el Estado llega a decantarse por ubicar en ese solar el centro de inserción social. Finalmente, tan cierto es que la cárcel se va a levantar en una reserva paisajística como que la prisión va a ocupar una quinta parte de esa zona, que además, y aunque sea lamentable, hoy es un erial. Sería más que conveniente que se actúe sobre el 80% restante para consolidar realmente un entorno verde de calidad y estructurado para solaz de todos los pamploneses, sobremanera de los vecinos de San Jorge y de Buztintxuri.