pamplona. Hace un mes se produjo su nombramiento oficial como director de la Cátedra Jorge Oteiza de la UPNA. Un cargo en el que Francisco Calvo Serraller espera llevar a cabo nuevas ideas que pongan en todo su valor la figura del escultor oriotarra, del que el miércoles se cumplen cinco años de su muerte.
¿Cómo acoge este nuevo reto?
Con ilusión. Es una oportunidad para realizar un tipo de actividad que no es convencionalmente académica, pero que tiene todas las posibilidades de desarrollar una labor intelectual muy positiva y diversa.
Toma el relevo de Pedro Manterola...
Sí, el precedente de lo que ha hecho es muy interesante. No sólo ha desarrollado cursos, también ha sacado adelante publicaciones... Tiene mucho mérito.
Cuando se despedía de la Cátedra, Manterola comentaba que el arte está necesitado de un trabajo que lo vaya sacando del mundo circense de la espectacularidad. Incidía, en este sentido, en la importancia de la investigación. ¿Comparte esa línea?
Claro, evidentemente la propia denominación institucional de cátedra implica un lugar de reflexión, sobre todo. Y a eso es a lo que yo creo que se refería Manterola cuando hablaba de contrastar la posición de un instrumento como éste respecto a lo que normalmente aparece como arte, que es espectáculo, con más o menos calidad o interés. No se trata sólo de organizar eventos en el sentido de exposiciones, etc, sino también de pensar lo que está pasando.
¿Esa debe ser la labor del arte en el ámbito de la universidad?
Pues sí.
Precisamente, el otro día se hacía pública la decisión de la Universidad de Navarra de impulsar un centro de arte contemporáneo propio. ¿Qué opina de iniciativas como ésta?
Del proyecto concreto de la Universidad de Navarra no puedo hablar porque lo conozco relativamente poco, tengo noticias pero no detalles. La iniciativa me parece bien, hay muchas universidades en el mundo que tienen colecciones artísticas, en EEUU varias, y en Europa sobre todo en el Reino Unido. Incluso en nuestro país hay universidades con colecciones artísticas relevantes. La propia Complutense tiene un patrimonio artístico bastante relevante. Lo que pasa es que, muchas veces por falta de medios, ese patrimonio no se pone en todo su valor, no se llega a proyectar un museo dentro de la universidad o adscrito a ella. Me parece bien que las universidades no se limiten a tener ese patrimonio sino que lo desarrollen en un museo. Y eso no supone sólo la exhibición de obras o la organización de exposiciones temporales, también debe haber una labor de investigación, de conservación... Si se conjugan esas dos vertientes, estupendo.
Esta semana, concretamente el miércoles, se cumplen 5 años de la muerte de Oteiza, de quien este 2008 se conmemora el centenario de su nacimiento. ¿Lo celebra de alguna manera la Cátedra de la UPNA?
Bueno, yo acabo de tomar posesión y me parece elemental terminar las cosas que estaban en curso y que había impulsado Pedro Manterola. Y progresivamente espero ir desarrollando mi propio programa. Pero la Cátedra no solamente tiene actividades de una incidencia pública notoria, como la organización de cursos, sino que también tiene un sistema de publicaciones importante. Me parece inadecuado establecer una cronología ahora mismo, pero mi idea es empezar a desarrollar mi programa a partir de 2009. Y en este momento, terminar cosas que estaban pendientes.
¿Como por ejemplo?
Hay varias publicaciones en marcha, como la del curso que impartió de forma lectiva directa el arquitecto Antonio Fernández Alba, o la publicación del encuentro que dirigió Francisco Jarauta. También estamos estudiando la posibilidad de realizar dentro de este año un curso que había programado Pedro Manterola con la figura de Fernando Savater. Y están todas las investigaciones, todas las becas que se han ido entregando puntualmente; hay que evaluar el interés de los trabajos, su renovación, su publicación... Tarea hay. Y también espero aprovechar lo que queda de año para ir preparando los contenidos que me gustaría llevar a cabo en 2009. Hay que trabajarlos desde ahora si se quiere que estén bien.
¿Puede adelantar algo de su programa, de sus ideas para la Cátedra?
Cuando uno tiene ideas, lo que debe hacer es ponerlas en práctica, más que hablar de ellas. Pero puedo decir que mi intención es iniciar una fase complementaria con la de Pedro Manterola, en la que tengan más participación protagonista artistas y escultores. Eso no excluye la organización de cursos que no giren sólo en torno a artistas... Y, aunque habrá que ver la capacidad de recepción de la sociedad navarra, voy a intentar darle a la Cátedra una dimensión internacional porque pienso que Jorge Oteiza era un personaje muy internacional, y que la forma de reflexionar sobre su obra no es quedarse de puertas para adentro, sino emplazar su figura en ese contexto internacional que fue realmente donde él aprendió y donde mostró su trabajo. Oteiza no estaba circunscrito sólo a los problemas de su localidad. Tenía una voz universal, y eso es lo que voy a intentar poner en valor.
¿Qué significado tiene para usted la figura de Oteiza?
Me parece, sin duda, uno de los escultores más importantes contemporáneos de España; y como he dicho, también desde una perspectiva internacional. Además, no se limitaba a la estricta labor plástica, sino que desarrolló una importantísima labor como escritor en amplios campos, desde el manififesto y la agitación hasta la reflexión, la antropología, la poesía... Era muy fecundo.
¿Faltan hoy artistas así?
Hombre, siempre faltan artistas grandes y siempre sobran los pequeños, ¿no?, dicho con todo el respeto para cualquier nivel de creación en que uno se emplace. Evidentemente, no es fácil que surjan todos los días Oteizas , ni Chillidas , ni Picassos ... Pero no creo que sea una carencia actual por culpa de la actualidad, es que es muy difícil que haya un alto nivel masivo en el arte.
Me refiero a que hoy es un poco difícil distinguir entre quién es artista y quién no, porque parece que todos podemos serlo.
Bueno, eso viene dado porque el arte contemporáneo ya no está ajustado a un canon, entonces en principio toda exploración está permitida. De hecho, el fundamento del arte contemporáneo es la libertad. Y claro, la libertad en principio no pone coto a nada. Pero eso no quiere decir que todas las cosas que se hagan usando esa libertad tengan el mismo interés y la misma calidad.
¿Eso vuelve más complicada o cambia de alguna manera la labor del crítico de arte?
La profesión de crítico de arte surgió cuando se produjo la revolución de nuestra época, en todos los órdenes y también en lo artístico. Cuando en efecto ya no había un canon preestablecido, y sobre todo cuando empezó a haber público y el consumo de arte se hizo progresivamente masivo, entonces hacían falta mediadores que escribieran críticas porque el único medio de comunicación y de información eran las publicaciones periódicas, no había reproducción de imágenes. La gente que no tenía posibilidad de acceder directamente a los lugares de exposición pública, los salones en Francia o las exposiciones nacionales que se celebraban en España a partir de la segunda mitad del siglo XIX, sólo podía enterarse de lo que estaba ocurriendo y tener unos criterios de valoración a través de los críticos de arte. Eso fue lo que los hizo importantes.
¿Y hoy, qué lugar ocupan?
Desde que los medios de información se han hecho mucho más amplios y sofisticados, la importancia de los críticos es infinitamente menor. Hoy, primero las exposiciones se han extendido por todas partes; segundo, la reproducción no solamente gráfica sino también cinematográfica, televisiva, y no digamos ya en Internet, ha permitido que cualquiera pueda acceder a cualquier parte, con lo cual esa necesidad de buscar un criterio vicario a través de una persona especializada se ha disuelto. En realidad, los críticos de arte no hacían otra cosa que lo que hace todo el mundo cuando contempla el arte: juzgarlo. Y ahora la gente lo juzga por su cuenta.
Eso que es inevitable, ¿cree que al arte le perjudica?
Al arte no le perjudica nada porque el arte es algo que el hombre hace, quiero decir que si el arte que el hombre hace es bueno, pues qué más da que todo lo que pase alrededor del mismo no lo sea... Hay problemas mucho más importantes que el hecho de que determinados profesionales relacionados con la práctica artística tengan mayor o menor relevancia.
¿Cual considera el mayor problema del arte hoy?
El problema del arte hoy día es que al haber desaparecido en el sentido tradicional, está adquiriendo no solamente nuevas formas, también nuevas identidades que son las que está tomando nuestra propia sociedad. Cada vez más hay una especie de estetización de la sociedad que, evidentemente, ocupa el papel que tenía antes el arte.
¿A qué se refiere con estetización?
A que la moda, no sólo en el vestir, sino también en la decoración, en la cirugía estética, en todo ese tipo de cosas, está ocupando el papel del arte. Los espectáculos toman también el papel del arte.
¿Y qué le parece esa 'usurpación'?
Evidentemente, si uno tiene una conciencia acusada de lo que ha sido el arte en el pasado, o una concepción muy exigente respecto a lo que debe ser el arte, o le otorga un papel importante como expresión u orientación de la vida, eso que está pasando le produce perplejidad. Pero si no la ha tenido, no le causa tanta perplejidad. La historia me ha demostrado que los cambios, por muy tremendos que nos parezcan, nunca son el fin del mundo, sino simplemente un cambio de un mundo a otro.
El Museo del Prado, del que usted fue director, es el más visitado del país. En 2007 registró un total de 2.652.924 visitantes, un 23% más que el año anterior. Y en los últimos 35 años ha tenido más visitas que en siglo y medio de existencia...
Yo casi diría en los últimos diez años. Los museos nunca han sido muy visitados hasta los años 60, en que se crea el fenómeno del turismo de masas. Y evidentemente uno de los enganches de ese turismo, aparte del consumo de objetos y de lugares, es el consumo de arte, y eso supuso en España y fuera una masiva multiplicación de visitantes en los museos.
Esas cifras de grandes museos contrastan con la realidad de muchas galerías privadas, que se ven obligadas a cerrar por la falta de público.
Pero eso no tiene nada que ver, el fenómeno del Prado no va en contra de las galerías, no va en contra de nada. El problema de las galerías comerciales privadas es que, si en un país como el nuestro en que el mercado de arte contemporáneo es todavía muy pequeño, se abren miles de galerías... Es como si de pronto se multiplica la oferta muy por encima de la demanda de un producto que todavía no es muy consumido por una sociedad. Pues evidentemente, eso comercialmente no funciona.
¿De qué depende el éxito en cuanto a público de un museo, aparte de la calidad del arte que exhibe?
No hay una fórmula universal mágica para el éxito, pero está claro que, por ejemplo, si se emplaza en un lugar inaccesible y lleva a cabo una política que desconoce, ignora o desprecia las necesidades de la gente que pueda acudir, no tendrá visitantes. Aunque, insisto, yo creo que en este momento, la sociedad occidental si algo hace es consumir arte.
Hace poco, el recién nombrado director del Museo Oteiza, Gregorio Díaz Ereño, reconocía que hay que acercar más la figura y el arte del oriotarra los navarros. ¿Cómo puede un museo llegar al público de a pie?
Como el arte es un reflejo de la vida, una respuesta a la vida, yo creo que siempre hay posibilidad de buscar nexos para que la sociedad se interese por un museo. Pero como ya he dicho, no se puede hacer lo mismo en un museo que está en Nueva York, bien situado y con obras que ya son muy populares, que en un centro monográfico de un artista, ligeramente retirado del centro urbano... Lógicamente, ahí el esfuerzo por parte de ese museo tiene que ser mayor.
"En un plazo no muy largo, la universidad como fuente de conocimiento desaparecerá"
pamplona. Dice que él no lo verá -"me faltarían unos cuantos años más de los que voy a vivir"-, pero está seguro de que el ideal de universidad que se forjó en la Baja Edad Media, como transmisión de conocimientos y centro de investigación, "va a desaparecer en un plazo no muy largo".
Francisco Calvo Serraller, que precisamente ha dedicado su vida a la universidad -"y estoy muy satisfecho de ello", reconoce-, ya percibe esa "transformación" de los centros de estudio superior "en otra cosa". "Cada vez más, lo que se busca con la universidad, con la enseñanza en general, son medios de integración social y aprendizaje laboral. Y el aprendizaje laboral no es conocimiento, es una cosa que la dan fundamentalmente la práctica en las empresas, el trabajo, y eso no tiene nada que ver con la investigación", matiza. El catedrático de la Complutense no sabe "dónde irá a parar la investigación cuando la abandonen del todo las universidades". Pero imagina que a las empresas. "Sin embargo, las empresas, lógicamente, investigan sólo lo que les interesa en su campo", reflexiona.
"La ventaja que tenía la universidad es que sus investigaciones eran inútiles , entendido el término utilidad de la forma más vulgar y rastrera; así que en el momento en el que no haya investigaciones inútiles , o el saber tenga que tener una utilidad o una aplicación, el conocimiento se quedará muy mermado", advierte. Esto que, dice, "no es una novedad en la historia, porque ya ha habido en otros momentos un zigzag en la evolución del hombre", nos lleva según Calvo Serraller "a una humanidad más cohesionada, más confortable, pero probablemente más manipulable". >p.e.c.