L OS perfiles de estas personas que caen el trastorno dual con el telón del consumo de drogas y alcohol es variado. Nadie está exento de acabar en este callejón vital. A continuación se reproducen tres historias reales con nombres ficticios.
marta
La soledad de una madre sin recursos y una familia que sacar adelante
Marta es una mujer de 52 años, separada, que vive sola con dos hijos pequeños a su cargo, sin apoyo económico, ni de ningún otro tipo, por parte de su ex pareja. Desde la juventud ha manifestado inestabilidad y muchos de los rasgos y conductas propios de un Trastorno de Personalidad: le ha resultado difícil establecer relaciones emocionales continuadas, es muy impulsiva, tiene limitaciones para plantearse objetivos a largo plazo, quiere las cosas y las quiere ya, es indisciplinada y le cuesta sujetarse a las normas. Este modo de ser le ha acarreado dificultades tanto en el ámbito de las relaciones sociales y familiares como en el laboral. Ha tenido varios empleos pero no es constante, no cumple la disciplina laboral y termina abandonando el trabajo o, en otras ocasiones, acaban despidiéndola.
Dadas las limitaciones graves que tiene para introducirse en el mundo del trabajo, se ve obligada a depender de subsidios de la Administración que muchas veces son insuficientes para cubrir los gastos habituales de su familia y los derivados de la mala administración de sus bienes, pues contrae frecuentes y cuantiosas deudas con repercusiones graves en la vida diaria como cortes en el suministro de luz y agua y embargos judiciales.
Además de todo lo anterior, presenta un problema de dependencia a alcohol, drogas y/o psicofármacos. Sus relaciones emocionales y sociales están limitadas al ámbito del consumo de sustancias y a personas con trastornos similares a los propios. Se vincula emocionalmente a personas que también presentan dificultades personales. En sus relaciones ha sufrido maltrato físico y psicológico de difícil abordaje. Por este motivo, es frecuente que presente denuncias contra su pareja que luego retira.
Esta situación termina obligando a que haya una intervención de los Centros educativos y de Bienestar Social para asegurar la adecuada atención a sus hijos. En algún caso incluso se llega a que asuma la custodia de los mismos el Gobierno de Navarra.
No existen familiares cercanos que le apoyen porque se han visto tan sobrecargados y agotados por las frecuentes intervenciones, tanto de apoyo afectivo como económico, y por los fracasos y decepciones que han ido acumulando que, en este momento, han roto la relación con la enferma, convencidos de que no puede hacerse nada por ayudarla. En ocasiones, únicamente las madres, muchas de ellas octogenarias y con problemas de salud, mantienen su ayuda en el día a día.
Su vida gira entre la angustia de salir adelante, el consumo de tóxicos y alcohol, la certeza de su fracaso vital, las graves dificultades que encuentra para lograr vivir el día a día, los apoyos institucionales y caritativos para poder comer y los frecuentes ingresos psiquiátricos.
ricardo
La oscura trastienda de un triunfador en la vida laboral y perdedor en la vida privada
Ricardo tiene 42 años con estudios universitarios y éxito en su vida profesional. Fue un estudiante brillante, incluso de personalidad arrolladora. Centro de atención tanto en el ámbito familiar como laboral. Trabajador incansable y con amplias relaciones sociales en las que se ha fundamentado su éxito profesional.
Por causa de su trabajo estaba poco tiempo en casa y el consumo de alcohol, y posteriormente de cocaína, se convirtió en una necesidad diaria para mantener el ritmo.
Los conflictos se inician en el ámbito familiar. Tiene historia de fracasos repetidos en las relaciones de pareja y varios hijos que han quedado bajo la custodia de la madre. Termina regresando a vivir a casa de sus padres.
Estos conflictos incrementan el consumo de alcohol y cocaína disminuyendo su rendimiento laboral y ahuyentando su amplia red de relaciones sociales. Su situación económica se torna muy precaria; depende de la ayuda de la familia.
No puede trabajar por la situación diaria de intoxicación en la que se encuentra. Inicia un camino imparable hacia la marginalidad, sin trabajo, sin amigos, sin pareja, sin recursos económicos, necesita garantizarse su consumo de tóxicos, empieza a traficar para costearse la dosis y sacarse algo de dinero para sus gastos. Su situación se va agravando: tras la comisión reciente de un delito, tiene una causa judicial pendiente.
germán
El exponente de una generación perdida que se puede recuperar con atención
Germán sólo tiene 28 años. Es un joven de familia de nivel socioeconómico y cultural medio o medio alto, con hermanos bien adaptados, incluso con éxito personal y social. Acude a los servicios de urgencias por crisis de nervios, en ocasiones con auténticos episodios psicóticos agudos tras ingerir altas dosis de drogas psicoestimulantes. Su comportamiento había sido siempre rebelde. No atendía a normas ni en casa ni en la escuela, en ocasiones desde la infancia, por lo que la familia puede incluso llegar a considerar estas conductas como normales. Por recomendación de los profesores, en más de una ocasión ha acudido a tratamiento psicológico con distintos diagnósticos y enfoques terapéuticos.
La familia conoce o sospecha el consumo de drogas pero no la magnitud del mismo y tiende a minimizarlo. Ha detectado un progresivo deterioro en los rendimientos académicos y en las relaciones sociales y familiares pero ha fracasado en todos sus intentos de reconducir la situación vital de su hijo en muchos casos por desconocimiento de las causas.