Conciertos de Akatu, Sök y Dead means Nothing Fecha: Viernes, 4 de abril. Lugar: Sala Artsaia, Aizoáin. Incidencias: Conciertos de presentación de 'El club de los no elegidos' y 'Seeds of hate', nuevos discos de Sök y Dead means Nothing -respectivamente-. Más de tres horas de duración. Público: Alrededor de 2/3 de entrada, público participativo y mayoritariamente joven.
POR j. óscar beorlegui
N OCHE de rock y de metal de diferentes trazos la vivida en Artsaia, he aquí el denominador común que presidió la misma, protagonizada por tres bandas de la tierra cuyos nombres tal vez no digan mucho al gran público pero que demostraron tener sus propios -y abundantes- seguidores. La velada arrancó con el acerado hecho musical de Akatu, formación local con mejor suerte en otros herrialdes cuyo poderoso buen hacer, rico en empuje y en densidades de distinto grosor, agradó a los presentes; un grupo en franca progresión que, a pesar de las inevitables comparaciones (más que a Berri Txarrak, cómo nos recordaron por momentos a otros como Ekon o los primeros Dut), lució en el entarimado, cual torbellino, con seña de identidad propia. Cosa del toque aportado por el d'jembé, principalmente. ¿Torbellino, decíamos? Cual tornado -más bien- perfectamente plasmado por la línea de ataque del septeto, integrada por ¡6! músicos (guitarras, bajo, dos enérgicos vocalistas y percusionista) que, bendita juventud, no pararon de moverse, dejando el listón como lo dejaron, difícil de superar. Y tras semejante presentación de credenciales, el momento de Sök, el de la puesta de largo de su segunda criatura: un CD marcado por la vitola de una mayor amplitud de miras -estilísticamente hablando-, habida cuenta del volantazo musical dado hacia los 70, viraje que también quedó reflejado en la puesta en escena de la banda, con los teclados en la pole del escenario. El concierto, basado en los temas de El club de los no elegidos , deparó además la interpretación de algunos de los mantracks de su ópera prima, ofreciendo momentos de rock progresivo de distinto calibre y unos ambientes, unas atmósferas de elevado octanaje: cosa, más allá del hecho musical, de la actitud del vocalista/teclista, que demostró grandes dotes. Tener en toda ocasión el control de la situación... pese a lo que jugó con el micro y el pie del mismo -incluso-, denotando atesorar una personalísima forma de surfear sobre las notas musicales: ora cantando con brío, ora recreándose de forma más preciosista y detallista sobre las olas creadas. Sobre una música que, intensa siempre, nos transportó por diferentes paisajes sonoros, parajes de diferentes cadencias que pusieron de manifiesto algo ya intuido: la notable evolución vivida por el grupo desde 2004, año en que lo conocimos.
Y a continuación, cuando ya creíamos haberlo visto todo por esta noche, la gran sorpresa para el arriba firmante: la actuación de Dead means Nothing presentando disco asimismo, escuadra de Irurzun que denotó más que tablas y cuyo tsunami metálico, de querencias más que próximas al facturado por pioneros como Slayer, no dejó indiferente a nadie. Cosa de una concepción del trash que, brutalmente facturada, lindante por momentos con las aristas más extremas del metal, cobró vida propia transformando el discurrir del concierto en infernal; y es que vaya cómo rugieron las guitarras sobre la intratable base rítmica, cómo lo hizo directamente el vocalista, cual poseído por vayan ustedes a saber qué fuerza, sobre la lava creada. Sobre el incandescente e incontestable hecho musical, creado sin respiro por unos instrumentistas que, al pie del cañón, haciendo sonar sus instrumentos a piñón -como si de operarios en sus puestos se tratase-, se mostraron de lo más concentrados durante los 35 minutos que duró el pase. Algo normal dicha duración -por otra parte-, vaciándose como lo hicieron. Poniendo semejante guinda a la noche, la cual deparó lo siguiente, a modo de resumen: una auténtica velada de rock y metal, sorpresa agradable incluida, de intensa graduación.