ÁS allá de que al parecer Miguel Sanz ha decidido agregar a su agenda oficial un viaje a Madrid cada vez que la diputada de NaBai Uxue Barkos tenga una intervención en el Congreso -lo hizo ayer, y lo hizo hace una semana, cuando Barkos se reunió con los socialistas Blanco y Jáuregui-, la segunda sesión de investidura de Zapatero tuvo a Navarra como protagonista. La decisión de NaBai de mantener la misma posición de abstención que ya adoptó hace cuatro años reconoce el alcance político de la aclaración institucional y contundente que hizo Zapatero de que UPN no es socio político de los socialistas, aunque quede en la credibilidad de cada ciudadano valorar la verdad política de lo dicho por el candidato del PSOE. Y, sobre todo, otorga valor político a los compromisos de alcance social y medioambiental asumidos por el candidato a la reelección como presidente del Gobierno central con la diputada Barkos: analizar el futuro del Polígono de Tiro de Bardenas, estudiar las consecuencias medioambientales de la ampliación de las centrales térmicas de Castejón según los compromisos adquiridos en Kioto, y aplicar los contenidos de la Carta Europea de las Lenguas Minorizadas al desarrollo y normalización del euskera en Navarra. Un escenario de sintonía que, sin ocultar el malestar social que asuela aún hoy a buena parte de la sociedad navarra tras la decisión socialista de mantener a UPN en el poder pese a perder la mayoría parlamentaria el 27-M, recoge las demandas que previamente había trasladado Barkos al PSOE y que Zapatero satisfizo reconociendo además la aportación política del proyecto de Nafarroa Bai al desarrollo de políticas progresistas y a la apuesta por la convivencia y la defensa de los derechos humanos en este país. Al mismo tiempo, Sanz, apresurado en su apuesta por competir en protagonismo mediático con NaBai en Madrid, pedía de nuevo al PP, poco antes de la primera votación de investidura -Zapatero será finalmente reelegido el viernes con mayoría simple- que se abstuviera. Por supuesto, el PP no hizo caso a Sanz. En realidad, ni siquiera los dos diputados de UPN en el Congreso asumieron la petición de Sanz y votaron siguiendo la consigna del PP en contra de Zapatero. Quizá Sanz tenga que repensar las consecuencias de este desaforado afán por intentar buscar hueco mediático a toda costa, incluso a costa de acabar en tan ridícula evidencia pública como ayer.