Sostiene Patxi Mangado que añadir el euskera al rótulo principal de la fachada de Baluarte "destrozaría" la actual composición. No la desequilibraría, desfiguraría, afearía o estropearía, no. Según el diseñador del palacio de congresos, la destrozaría. Propone una solución: que se deje como único rótulo la palabra Baluarte, ya que no tiene traducción. Curiosamente, esa solución es precisamente la que está empleando UPN en el Ayuntamiento de Pamplona para saltarse la Ordenanza del Euskera en lo referente a la rotulación bilingüe. Registra Teatro Gayarre o Civivox Ensanche como marca, aduce que son nombres propios sin traducción y así hace desaparecer el euskera de las fachadas de los edificios municipales. Hace algunos años, en campaña electoral, los candidatos de un partido colocaron un rótulo bilingüe en la fachada de Baluarte utilizando la misma grafía del monolingüe actual. Evidentemente, no soy arquitecto. Aun así, me atreveré a decir que no quedaba tan mal. Es más, me atreveré a añadir que lo del rótulo me parece una nimiedad comparado con el impacto que desde el punto de vista arquitectónico tuvo sobre Baluarte que frente a él se construyese un mamotreto como El Corte Inglés. Curiosamente, cuando Isidoro Álvarez levantó su rayador de queso gigante, Mangado no alzó la voz enérgicamente en defensa de la integridad arquitectónica de su edificio, como lo ha hecho en esta ocasión. En arquitectura, cuando hablamos de grandes edificios públicos, la simbología tiene una gran importancia. Curiosamente, desde un punto de vista simbólico, Baluarte ofrece sus brazos abiertos al Corte Inglés mientras da la espalda a las murallas, al Ensanche, a Pamplona, a los pamploneses. Mangado -utilizando incluso medidas coercitivas como abruptos adoquines que han acarreado un gasto añadido de 800.000 euros al erario público- ha desaprovechado la oportunidad de hacer un salón cálido y acogedor para Pamplona, y ha creado un erial gris e inhóspito. Curiosamente, ahora dice que un par de 'k' en la fachada destrozarían su composición.