CONCIERTO DE DOCTOR DESEO Fecha: Sábado, 26 de abril. Lugar: Sala Tótem, Atarrabia. Intérpretes: Doctor Deseo, banda formada por Aitor Toro, a la guitarra y a los coros; Josi, al bajo y a los coros; Francis, a la voz, a la guitarra y a la pandereta; Raúl, a los teclados; y Txanpi, a la batería. Incidencias: Concierto de presentación de 'Sexo, ternura y misterio', nuevo CD del grupo. 2 horas de duración, bises incluidos. Lleno, público entregado y participativo.
POR teobaldos
DESBORDADA, he aquí cómo resultó la expectación generada en Tótem ante la presencia de Doctor Deseo, uno de los valores más seguros de la bolsa musical y subiendo, constantemente al alza en los últimos tiempos. Una banda que de forma natural, pasito a pasito cual laboriosa hormiguita, sin tratar de hacer de cada uno artificiales zancadas, ha logrado cimentarse de la forma más sólida posible, obteniendo la mejor de las recompensas: admiración, respeto y credibilidad. Ante una sala a rebosar, sobre un escenario presidido en su parte superior por teclados y batería (ésta última, aislada tras una pantalla de metacrilato), entre flashes rosáceos, trazos de láser verdes y diversos pregrabados entremezclados que vaya cómo caldearon la salida de los músicos, la velada arrancó bajo las notas de Mi torpe corazón, puerta de acceso del nuevo disco a la que, enlazadas, siguieron Orjia amaitezinak (ofrecida desde un escenario presidido por la oscuridad, con el láser rojo, entre luces estroboscópicas, haciendo de las suyas entre los presentes y con Francis haciéndolo también entre aquéllos asimismo: cantando y bailando sobre el mar de gente desde el metálico barco central de la sala) y Fugitivos del paraíso, con el frontman, ya sobre el entarimado, tocando con energía la eléctrica... roja, por supuesto: un Francis que, respaldado por el legendario Josi, su fiel escudero, compareció como acostumbra, gafas oscuras, pantalón negro con liga roja, camisa blanca y guante y sombrero negro con cinta roja. A continuación llegaría el momento de composiciones nuevas como Hazlo (cantada ¡desde la barra!, con aquél paseando entre las lámparas) o La hermandad de los perros sin dueño, ofrecidas entre veteranas como Abrázame (de las más emotivas del repertorio, cosa de la cercanísima realidad que la inspiró), En tu rincón, con el cantante y showman a pie de pista, abriéndose pasillo entre la gente al igual que, según la Biblia, hicieran los israelitas entre las aguas del mar... Rojo, precisamente (el color predominante esta noche a todos los niveles) o Una tregua en mi cabeza, con el citado, en escena de nuevo, enfocando al respetable con una gran linterna... como si de un móvil con vida propia se tratase. Ya en la recta final brillarían con luz propia Dancing in Hell (discotequera total), Noche de viernes y el histórico Corazón de tango, quedando para los bises entre otras Ahora que estás dormida (entre pompas de jabón, con el vocalista ejerciendo como tal desde la barra nuevamente), la sobrecogedora Diez negritos (temazo, directamente), A mi pequeña María, una reconvertida y travestida musicalmente hablando Chica del batzoki y Juegos malabares, bajo cuyos sones llegó la noche a su final. Todo un icono de la escena, Francis y sus chicos, en ésta su vuelta a la palestra, volvieron a ofrecer un gran concierto; al rojo, tal y como siempre han sido éstos. Un show de luz y sonido ciertamente intenso y pasional. Una actuación sostenida sobre su inclasificable y genuina forma de concebir el pop-rock, si acaso de una manera totalmente transgresora y amoral, típicas marcas de la casa y estandartes por antonomasia de la banda, a estas alturas. Unas marcas, unas características las mismas riquísimas en connotaciones sexuales (derivadas del sexo que reivindica el título del nuevo CD), sensuales (deparadas por la ternura sugerida desde el mismo) y ¿misteriosas? No, llenas de pasión. De roja pasión; de deseo, más bien.