pamplona. Vizcaya, Estados Unidos, Venezuela, Egipto y, finalmente, Navarra. Éstos son algunos de los escenarios por los que discurre Niebla de batallas, la nueva novela histórica de Arantzazu Amezaga, que envuelve a sus personajes en una historia de amor y aventuras en un tiempo convulso en el que, mientras franceses e ingleses se disputaban el control del viejo continente, los vizcaínos se rebelaban frente a lo que se conoció como la Zamacolada.
Editada en la colección Abra de Ttarttalo, esta historia retoma la línea genealógica que la autora inventó para Rebelión contra la Guipuzcoana y coloca al hijo menor del capitán Elizalde y de Betsabé, Miguel, después Mischa, en el centro de una trama de espionaje que le llevará por medio mundo, cruzando su destino con el de Inés Iturriotz, joven viuda de origen vizcaíno que vive en Puerto Cabello, Venezuela, uno de los escenarios de esta trama que la autora traza con un ritmo "muy dinámico", llevando a los personajes de un país a otro, "de batalla en batalla", con todo lujo de detalles y escrupuloso rigor en la ambientación histórica. Aquí se nota, sin duda, la formación de Arantzazu Amezaga, licenciada en Biblioteconomía y Archivos en Caracas y fundadora del Servicio de Biblioteca, Archivos y Documentación del Parlamento Vasco, lo que garantiza que "todos los datos están documentados y contrastados", porque, como dice, "no me gusta hablar de lo que no conozco", lo que no impide que sus historias busquen "ser entretenidas a la vez que respetan los hechos reales". Ese "difícil" equilibrio entre realidad y ficción se traduce en el caso de Niebla de batallas en un relato incrustado en un contexto histórico que se desarrolla en dos localizaciones bien distintas. Y es que, mientras el general Napoleón Bonaparte y el contralmirante Horatio Nelson se enfrentan en el mar; en Vizcaya, Simón Bernardo de Zamacola, aliado de Godoy, intenta restar importancia al puerto de Bilbao e imponer el servicio militar obligatorio, contrario a los fueros, lo que provoca el levantamiento de los ciudadanos, celosos de sus leyes y costumbres. Este singular episodio atrajo especialmente a Amezaga porque "en aquella época, tan militarizada, pocos pueblos de Europa se atrevían a decir que preferían que sus hijos se dedicasen al comercio antes de ser soldados". No en vano, la pujanza económica era evidente, lo que convierte en "más extraordinaria", si cabe, aquella rebelión popular.
A partir de estos acontecimientos, la escritora usa "mucha imaginación" y dado que, en efecto, muchos vizcaínos eran capitanes de barco y, por tanto, habían salido al mundo, y "como todos mis personajes tienen una raíz vasca", pensó que el hijo del capitán Elizalde era un buen candidato a encabezar esta narración en la que da vida a un espía reclutado por George Washington. "Los vascos eran contratados a menudo para labores de espionaje porque manejaban varios idiomas, por su experiencia como contrabandistas y por su fama de discretos", señala Amezaga, que acostumbra a mezclar personajes inventados con otros reales, de modo que en este libro desfilan algunos como el entonces ya ex presidente de Estados Unidos, Nelson o Napoléon, Carlos IV, Manuel Godoy, Simón Bolívar, Cosme Damián Churruca, fallecido en Trafalgar, o el filólogoWilhelm von Humboldt. De todos ellos da cuenta la autora al final de la novela, donde incluye una práctica guía biográfica y una detallada bibliografía.
Sin querer desvelar mucho más de la trama, "para que los lectores la descubran poco a poco", Arantzazu Amezaga espera que "lo pasen tan bien como yo me lo ha pasado escribiéndola" y que acompañen al protagonista en sus innumerables viajes, de entre los que ella destaca su "querida" Venezuela, país que conoce bien. Allí creció y estudió y en el rincón de Puerto Cabello ha ubicado gran parte de "mi novela más imaginativa", que ahora entrega a "todo el que tenga el afán de leer y de descubrir otros mundos".
Y, mientras corta el cordón umbilical con este relato, se dispone ya a cerrar otro en el que trabaja desde hace tiempo. Porque la escritura es una "necesidad", un "modo de vivir" que le ocupa cuatro horas todos los días, sin excepción. "Todo lo que veo y vivo en el momento presente me lo llevo tiempo atrás para próximas historias", cuenta. Será porque conocer lo acontecido es fundamental para comprender lo que acontece. Como apunta la frase de W. Sack que invita a comenzar Niebla de batallas , "el pasado es un prólogo. La verdadera historia empieza ahora".