Pamplona. Son los duendes de la Administración, trabajan en la sombra y en acciones medioambientales que no por su escaso lucimiento son menos relevantes, por no decir claves. Solucionar al problema de la materia orgánica (la que se descompone, no los envases o vidrio) y evitar su enterramiento, tal y como exige Europa, constituye el nuevo reto de un ente especializado hasta ahora en el saneamiento de los ríos y en la depuración de aguas residuales.
Hablamos mucho de diferentes tratamientos o del reciclaje de la basura. ¿No sería más sencillo trabajar en cómo reducirla en origen?
Sí, y el planteamiento también sirve para el agua. Hemos observado en los últimos dos años reducciones en el consumo de agua doméstica muy significativas por varias razones. En primer lugar, porque los hábitos educativos y las campañas de sensibilización empiezan a calar y, en segundo lugar, porque el precio empieza a ser significativo, tanto en la actividad industrial como en la doméstica. La gente ya no deja el grifo abierto... Y en residuos tenemos que tender a lo mismo. Ahora bien, debemos reducir sí, pero éso no nos va a librar de tratar el residuo. Las políticas en origen y de toma de conciencia del ciudadana son eficaces, pero la estadística hoy nos dice que la producción de residuos crece a toda velocidad porque nuestros hábitos de consumo son distintos a los de nuestros antepasados. Desde 1987 hasta hoy, hemos pasado de generar 0,8 a 1,15 kilos de basura por habitante y día.
¿Qué se puede hacer, se puede consumir de otra manera?
La UE va a promulgar una directiva en breve prohibiendo las bolsas de plástico en los puntos de venta. En una gran superficie puedes llevarte en el coche más de 30 unidades de lo que es un residuo no biodegradable. Antes no se compraba así, se iba con carro o bolsa y se adquiría productos agranel... Hay que cambiar muchas mentalidades y es muy difícil. Hay además un fenómeno social en el consumo que podríamos denominar el efecto de los nuevos ricos . Sobre todo nuestros padres, han pasado de economías de mucha penuria a la abundancia, a la cultura de consumo fácil y de comprar los minibrik para no exprimir las naranjas...
¿Cuál va a ser el trabajo del Consorcio para poder avanzar en ese campo de la concienciación ciudadana?
Queremos que en toda Navarra se haga una política de residuos homogénea, de concienciación y educación ambiental. Que exista la misma estrategia en sistema de recogida, con acento en reciclaje... trabajar con el CRANA (Centro de Recursos Ambientales de Navarra) en el ámbito de participación y sensibilización ciudadana... y hacer una estrategia para todo el territorio. Llegar al ciudadano para que consuma de otra manera es lo más difícil...
La Comarca de Pamplona sigue llevando su basura a Góngora ante la ilegalización de la planta de biometanización de Arazuri. ¿Lo de menos es el tipo de tratamiento, no la búsqueda de soluciones?
Yo creo que en este momento sí. Parece claro que no se puede apostar por un único sistema de tratamiento. La apuesta tecnológica por un modelo cierra muchos campos de la estrategia global que quieras diseñar. Puedes incidir en que la materia orgánica bien separada del resto de residuos puede ser objeto de valorización mediante compostaje, tanto doméstico con compostadores familiares como con una central de compostaje común. Y es válido para una basura bien recogida y separada, y ofrece un producto de calidad. La biometanización (producir energía a partir de la basura) es también un buen sistema para materia orgánica en bruto, y hay dos líneas seca y húmeda, pero genera un 40% de residuo que una vez tratado es necesario enterrar. La incineración o valorización energética es más cara y un buen sistema porque no genera ese residuos final a verter, pero va contra la estrategia, por ejemplo, de gestionar separadamente cada tipo de residuo. Si tenemos una instalación que se come todo, ¿para qué vamos a separar en casa y reducir? Es decir, apostar sólo por una tecnología tiene el riesgo de que en una estrategia de gestión, te dejes cosas por el camino... Hay que decidir probablemente un multisistema para diferentes fracciones y, lo que queda, valorizarlo energéticamente.
¿Vuelve a tomar fuerza la incineración como sistema aunque en su día fue muy defenestrada socialmente?
Se está avanzando mucho y ahora hay una tecnología reciente que se ha implantado en Cánada, sur de Francia y Cataluña que es el arco de plasma: no es quemar sino romper la estructura atómica de las moléculas de los residuos. El símil sería que un rayo cayera sobre un gramo de basura: rompe la estructura molecular, lo desintegra. Y así genera un producto final que es valorizable como vitrocerámica. Lo de menos es la tecnología, lo importante es partir de otras premisas y hacer un proceso de reflexión en torno a los residuos, y de participación de todos los agentes para consensuar alternativas, modelos de gestión, tecnologías, etcétera. Estamos trabajando con el CRANA. Hay que huir del debate tecnológico que nos lleva a posturas muy encontradas, y nadie tiene la razón del todo. La gran pregunta es a dónde queremos ir y cómo lo vamos a hacer. Y el Consorcio quiere servir de coordinador.
De momento, la MCP no se va a integrar en el Consorcio...
Probablemente tenga razón. La Comarca genera el 55% de la basura orgánica: 100.000 toneladas al año. La consorciación o no es algo secundario, aunque sea el objetivo final para que todos tengamos las mismas reglas de juego. Tiene que servir ante todo para resolver los problemas.
¿Es necesario lograr una mayor corresponsabilidad en el gasto?
Tratar una tonelada de basura cuesta 50 euros y es lo que genera una familia en un año. Cada familia tiene que ser capaz de interiorizar que 50 euros de su presupuesto se destina para tratar (reducir, reciclar) la basura que genera en su casa, que es la suya. Estos servicios tienen que estar financiados por el ciudadano que entonces toma conciencia de lo que cuestan realmente.
¿Cómo funciona el Consorcio?
Se trata de buscar soluciones comunes. Montejurra y Culebrete son los únicos centros de tratamiento de basura en Navarra. Y las mancomunidades del norte van ahora al vertedero Góngora y de momento seguirán yendo allí. En este vertedero no se tratan los residuos, sólo se entierran, lo que ocurre es que es un vertedero que gestiona gas y lixiviados, y frente a los vertederos que contaban las mancomunidades del norte, no hay color, pero no se trata el residuo. Lo enterramos y lo tapamos y a medio plazo es insostenible al rítmo de producción. La vida media de un residuo generando contaminación son al menos 30 años. Con esta tendencia estamos hipotecando el futuro de las generaciones venideras.
¿Qué aportarán las plantas de transferencia que se quieren construir?
Economizar el transporte de los residuos desde cada mancomunidad. Las plantas estarán en Baztán, Sangüesa y Mairaga, y antes de San Fermín se licitarán las obras. Se compactará allí la basura antes de llevarla a los centros de tratamiento.