COMPAÑÍA DE DANZA METROS. 'MADAME BUTTERFLY' Coreografía y dirección: Ramón Oller. Música : Puccini y otros. Iluminación : Eric Berglund. Vestuario: Mercé Paloma. Lugar: Teatro Gayarre. Ciclo 'Otras miradas' de la Fundación Gayarre. Casi lleno. Fecha : 30 de abril de 2008.
POR TEOBALDOS
El trasvase de coreógrafos a las puestas en escena de óperas, y de música operística a las compañías de ballet, es cada vez más frecuente. Es enriquecedor y hay ejemplos muy felices. Recordemos, por ejemplo, la feliz intervención de Lindsay Kemp en la Madame Butterfly que vimos hace dos o tres años en Baluarte. Béjart, Pina Basusch y Roland Petit, entre otros, han hecho grandes coreografías de óperas. Pero, por lo general, no siempre se acierta. Cuando se escuchan las versiones de Freni o Domingo de los grandes roles operísticos es muy difícil que el paso pueda al oído. La incursión de Ramón Oller, en ésta Butterfly , insiste, sobre todo, en contraponer la cultura occidental -con un Pinkerton avasallador-, y la cultura oriental -con una Cho-Cho-San desdoblada entre la tradición y su pasión por el americano-. Oller está tan obsesionado por desarrollar esta propuesta que carga la escena excesivamente de movimientos secundarios, alejándonos de la gran tragedia personal e íntima de Butterfly . A mi juicio, la danza funciona mucho mejor cuando suena música oriental o percusión, que cuando se recurre a Puccini. Para los que amamos la ópera, los cortes que sufre Puccini en pleno clímax de los momentos álgidos de la ópera son francamente dolorosos. Y, por supuesto, la coreografía -unos excelentes bailarines que no paran de moverse- nunca debe estorbar la evocación poderosísima de la Butterfly quieta, en posición reverencial, narrando su desgracia. Demasiados elementos -los personajes, el espectro, los iconos norteamericanos, la fabricación de la cuna, los iconos japoneses...- que se contraponen a ese minimalismo del decorado y a la austera y refinada gestualidad japonesa.
Hay hallazgos, sin embargo, muy buenos. Por ejemplo la irrupción del norteamericano en escena está muy bien bailada por el protagonista y sus compañeros. Hay detalles de vestuario bien hechos, como la casaca militar que luce Butterfly , la solución del hijo en la ropa, o la propia desnudez de las protagonistas. Y un especial cuidado, por parte del coreógrafo, de que la narración de la historia se entienda en todo momento. Elevaciones de las bailarinas que aúpan la música visualmente. Simetría en los bailarines que resuelven con disciplina los pasos en grupo. Resolución, en suma, muy solvente de una compañía que tiene ganado prestigio.
En general, el espectáculo gustó al público, que aplaudió densamente a los intérpretes. Y es que siempre es interesante la visión extraoperística del conocido drama.