maccabi77
cska91
MACCABI TEL AVIV Bynum (23), Halperin (9), Morris (13), Casspi (9), Vujcic (2) -cinco inicial-, García (2), Batista (14), Cummings, Sharp, Eliyahu y Bluthenthal (5).
CSKA MOSCÚ Holden (14), Langdon (21), Siskauskas (13), Smodis (13), Andersen (13) -cinco inicial-, Goree (2), Papalukas (12), Zisis, Khryapa y Van der Spiegel (3).
Marcador 21-22, 41-42 (20-20) 57-63 (16-21) 77-91 (20-28).
Árbitros Koulekidis (GRE), Hierrezuelo (ESP) y Dozai (CRO). Sin eliminados.
Estadio Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. 13.500 espectadores.
-
Madrid. El CSKA Moscú subió a los cielos de Europa desde Madrid, que contempló el triunfo del conjunto ruso sobre el Maccabi Tel Aviv israelí en la final de la Euroliga como una película de trama esperada y desenlace conocido, anunciada tiempo atrás y ejecutada milimétricamente por los ex soviéticos, campeones continentales por sexta vez, ya sólo a dos títulos del récord del Real Madrid.
El título y el subcampeonato de esta Euroliga, la del 50º cumpleaños de la competición, ha correspondido a dos equipos tan grandes que el orden en la asignación de ambas plazas bien podría haber sido otro. Estas plantillas no tienen más que un competidor, el Panathinaikos griego, campeón saliente, que esta temporada se quedó por el camino.
Igualdad hasta el descanso CSKA y Maccabi libraron una primera parte vibrante, sin complejos, marcada por la igualdad, aunque el equipo israelí necesitó un parcial de 7-0 para salir de un 31-38 peligroso. En términos ciclistas, hacía la goma. Y eso le permitió mantenerse dentro del choque después de veinte minutos (41-42).
Pero al regresar, Messina abrió otro frasco de su suculenta despensa: el danés David Andersen surgió como un ciclón dentro de las zonas. Antes, Holden había abonado el terreno para empezar a decantar el choque. Dos triples del estadounidense, autor de la canasta que el pasado septiembre dio el Eurobasket a la selección rusa, anunciaron la carga del CSKA.
La brecha creció hasta nueve puntos (47-56) y el Maccabi empezó a ver la final cuesta arriba. Y cada vez que encaraba el aro ruso y se le aparecían las amplias anatomías de Andersen y del belga Tomas Van der Spiegel, a sentir vértigo.
Bynum cerró el tercer periodo con un triple vivificante para el Maccabi (57-63), pero la réplica cayó en la primera acción rusa del último periodo: Ramunas Siskauskas reabrió la brecha, que fue creciendo hasta decantar claramente la victoria del equipo ruso.
Los israelíes ya no pudieron levantar cabeza. Aturdidos, desplegaron una intentona desesperada, obligada e inútil que no pudo evitar el sexto título del CSKA, campeón en el 50º aniversario de la competición y en el 85º aniversario de su fundación.