concierto de No Way Out Fecha: Jueves, 1 de mayo. Lugar: Sala Tótem, Atarrabia. Intérpretes: No Way Out, banda integrada en directo por Noel, a la voz y a la guitarra; Pedro, a la segunda guitarra; Félix, al bajo y a la voz; y Oxi, a la batería. Como teloneros comparecieron Mr. Fylyn y Marvin. Incidencias: Presentación de 'Lo que dura dura', nuevo CD de No Way Out; dicha banda actuó durante 1 hora, bises aparte. Público escaso, joven y participativo.
POR j. óscar beorlegui
DIEZ años de andadura y cuatro discos avalan la trayectoria de No Way Out, formación que visitó Tótem Classic dos años atrás y que estos días anda inmersa en la presentación de su 4º trabajo: un compacto que se mueve como pez en el agua por los derroteros del punk-pop americano, senda abierta en el Estado por Dikers (pensamos que es de justicia continuar reivindicándolos) y recorrida de forma relativamente exitosa por bandas más mediáticas, como Pignoise. Ante contadas decenas de personas, la noche arrancó con la presencia de Mr. Fylyn -sorprendentemente-, enérgico cuarteto que próximamente verá publicado su primer álbum y que, cosa de sus horas de vuelo atesoradas, lo hizo tan bien como acostumbra, demostrando durante la media hora de que dispuso ir como un cohete; lo mismo que los siguientes en comparecer, Marvin (el mismo tiempo, queremos decir), joven formación cuyo hecho musical, voluntarioso mas borrascoso y primario, puso de manifiesto lo siguiente, desgraciadamente: que todavía están verdes, muy verdes, sensación que, en otro orden de cosas, se acrecentó a la vista del lugar que ocuparon en el cartel, una a todas luces injusta segunda posición; algo que, en nuestra opinión, fue todo un agravio para los encargados de abrir fuego. Y es que sí, Marvin denotó actitud, intención, pero eso sólo no basta cuando hay una entrada de por medio. En un gaztetxe o en un festival de carácter popular posiblemente sí, sea suficiente, pues todo el mundo ha de foguearse en algún lado, pero no en un concierto de corte comercial. En dicho marco, por respeto al que ha pagado una entrada, pensamos que la intención no es únicamente lo que cuenta. Que hay que ofrecer más. Y dicho esto sin acritud, sin ánimo de hacer sangre: además el exponerse a las críticas es algo que se deriva del hecho de actuar en público, y creemos que las mismas, necesariamente, no siempre han de ser positivas. Y es que, en caso contrario, ¿qué valor tendrían las realmente buenas? Finalmente, sobre las 22.30 horas, de manos de No Way Out se hizo nuevamente la luz: pegada (fuerza y fiereza -hablando de lo que hablamos, claro está-) y melodías sin concesiones, voces, coros y segundas voces de poder a poder, perfectamente empastadas, tejiendo telarañas vocales casi perfectas, muros de guitarras sobre el colchón creado por la contundente -y acompasada- base rítmica... De manos de un aguerrido hecho musical que transmitió... sensación de vivir, que mostró a unos músicos vivos, pletóricos sobre el escenario; de unas canciones que, ricas en cambios de ritmos, alternaron remansos y remolinos, principales características del río musical que nos llevó hasta la medianoche: y así lo entendieron los asistentes, un público que, aunque escaso, se mostró por la labor, cantado algunos de los temas y arremolinándose adelante a petición de Noel. ¿El único pero al repertorio ofrecido? Su carácter excesivamente lineal, homogéneo, estando de por medio un estilo musical como éste, tan abierto a tantas posibilidades. Pero bueno.
Si la noche del miércoles, en lo que a asistencia se refiere, deparó la de cal, podemos afirmar que la del jueves ofreció la de arena; una noche que en este caso, por las sendas del punk pop, deparó desde el prisma artístico luces y sombras. Cosa de los pases presenciados, tres actuaciones, tres que, lamentablemente, se tradujeron en división de opiniones -cuando menos- en lo que al regusto dejado atañe.