pamplona.Jardín y laberintos . Bajo este sugerente título, la pareja de artistas -pareja en lo profesional y en lo personal- formada por María Cueto y Mariano Arsuaga invita a despertar los sentidos en la galería Pintzel. A descubrir qué se siente cuando, por unos momentos, el tiempo se suspende y se concentra, ahora en un cuadro, ahora en una bella estructura vegetal. En la exposición que protagonizan hasta el próximo 23 de mayo, cada uno habita con su arte una sala. Pero ambas se complementan y contribuyen a que el visitante salga de allí relajado y enriquecido, con la misma sensación de libertad que da recorrer un hermoso paraje en un día de primavera.
Los laberintos de Arsuaga no agobian, no enclaustran, todo lo contrario. A ello contribuye el colorido de la pintura acrílica, muy diluida; las pinceladas guiadas por el instinto, por la intuición; el diálogo que se establece entre los cuadros, en este caso 24, algunos sobre lienzo, otros sobre papel. La concentración de obras en el espacio hace que apenas haya un vacío donde poner los ojos. Pero no hace falta. Los ojos -y también la mente- descansan en cada cuadro, en cada trazo, en cada forma geométrica y en cada tono, armónicamente elegido. Y todos en su conjunto conservan un misterio que ni el propio autor sabe desvelar. "Empecé a pintar movido por la búsqueda de algo que todavía no he encontrado. El qué, no lo sé. Avanzo de obra en obra palpando en distintas direcciones, como atravesando un laberinto", dice. Y, lejos de perderse en esos laberintos, él encuentra instantes, sensaciones, preguntas sin respuesta, a veces. Y una reivindicación de base poética: "Leí que el laberinto es la patria de los que dudan. Y en un momento en que dominan tanto las verdades absolutas, los totalitarismos, apuesto por la pintura como un ejercicio de libertad en el que cada pincelada es una decisión", dice Arsuaga.
Atravesados los laberintos, el visitante llega al jardín de María Cueto. Un particular universo habitado por bellas estructuras móviles que, pendidas del techo, hablan de naturaleza y de sueños tejidos con delicadeza y buen gusto. Sueños ligeros, volátiles, como las piezas. Hojas y otros materiales vegetales de flor seca, ramas, hilo de pita y mucha paciencia, tiempo y dedicación porque el trabajo es "muy laborioso, aunque muy satisfactorio", cuenta la artista, son los ingredientes necesarios para crear estas singulares obras, en las que se hilan cápsulas de semillas blanqueadas, ramas de sauce, hojas de twisted, tallos de Capim Stella o ramitas de bambú lacado, por citar algunos detalles técnicos.
Como en el trabajo de Arsuaga, aquí la intuición también manda sobre la razón. Una intuición que busca lo esencial. "Antes trabajaba más con cuerdas y fibras, pero he ido desechando estos materiales y decantándome por el hilo de pita para que cada vez salga más la hoja", cuenta Cueto, quien ha descubierto en los elementos vegetales "nuevas grafías, nuevos signos con los que, usando distintas técnicas textiles que parten del tapiz (trenzados, cosidos, anudados, …) puedo tejer entramados aéreos, caligrafías". Así, hace poesía, música, y nos la ofrece para que la disfrutamos, la sintamos y nos dejemos llevar por la intuición, en un mundo tan plagado de argumentos.