pamplona. Empezaron con la idea de explorar la línea que separa la locura de la cordura y pronto se dieron cuenta de que todo depende del cristal con que se mire y que quienes se creen cuerdos quizá no lo estén tanto y viceversa. Éstas y otras reflexiones se hunden en la raíz de un proyecto, el de la compañía navarra tdg laperola, que representará su primera obra, Me quiero vivir , mañana y el domingo, a las 20.00 horas, en la Escuela Navarra de Teatro, que retomará el formato de café-teatro del ciclo Golfos .
Las seis componentes de esta nueva andadura escénica conocen bien las aulas del centro de la calle San Agustín. Allí conocieron los entresijos del teatro y coincidieron en inquietudes y ganas "por expresar con un lenguaje propio lo que vemos y sentimos". Así lo cuenta Pitxu Arbizu, que este fin de semana subirá al escenario junto a Ainhoa Ruiz, Monika Torre, Eva Azpilikueta y Maider Lekunberri, bajo la dirección de Beatriz Miró, que enmarca dentro de la tendencia del teatro-danza esta propuesta desarrollada a lo largo de casi dos años a partir del interés por indagar en la fina línea que separa locura y razón. Sin embargo, a medida que profundizaban en este asunto, "vimos que esta separación era demasiado difusa y que todo dependía del punto de vista", cuenta Miró, que resume el contenido final de la obra como un recorrido por el permanente enfrentamiento que vive el hombre con sus deseos y obligaciones, sus miedos, sus deseos, sus sueños... "Todo un mundo de posibilidades hasta que escogemos", y es ahí, en esa elección íntima que decanta una existencia indivual hacia un camino u otro, donde se insmiscuye laperola, mostrando las distintas opciones a base de escenas independientes que conforman una estructura cíclica con un principio y un final claros.
El tiempo como implacable testigo de todo es otro de los elementos fundamentales de este montaje que también aborda cuestiones como el amor, la guerra o las deformidades físicas y mentales.
improvisar Así, a lo largo de poco más de hora y diez minutos, la compañía escenifica numerosas situaciones, echando mano del texto, la expresión corporal, la música y la danza. Y es que, si por algo se distingue este nuevo proyecto es por su apuesta firme por la creación colectiva, a partir de improvisaciones y aportaciones de las seis actrices. "Absorbemos todo lo que vemos en la calle y en nuestro entorno y lo contamos como queremos", insiste Arbizu. Y, con todo este material, añade Miró, "hemos creado una obra que es una pregunta abierta al público", al que invitan a reflexionar y a atreverse a tomar postura.
Este intento de conducir al espectador hasta el lugar donde coexisten drama y vida no ha sido fácil, confiesan desde la compañía. Saben que, en tiempos de comedias más o menos sesudas y de montajes de pocos personajes, han escogido la ruta más complicada. Y no todo han sido alegrías, "porque no hemos tenido medios", confiesa la directora, que, sin embargo, destaca que los obstáculos les han servido para agudizar el ingenio y para que, como señala Arbizu, en los momentos previos al estreno, "todo resulte mucho más gratificante". Sobre todo porque, aunque no es una obra convencional, "estamos seguras de que en Navarra también hay espectadores que quieren ver otro tipo de propuestas". Como Me quiero vivir.