Pamplona. Apenas pasa de los 40 y lleva casi dos décadas al frente de Bodegas Camilo Castilla de Corella (A&B), grupo vinícola especializado en vinos dulces. Ana Beltrán Villalba, casada y con cuatro hijos, ha centrado a su empresa en los productos de calidad, diferenciados, casi minoritarios, pero que le han procurado un sitio importante en un mercado tan atomizado como el del vino. "Hay muchísimas marcas y ésta es la única manera de competir", dice unas horas más tarde de ser reconocida como la empresaria del año en Navarra.
El premio llega, además, tras un año de un trajín formidable, con todo el grupo A&B implicado en la puesta en marcha de Egomei, bodega de Alfaro que le permitirá lanzar un vino joven "distinto, afrutado y de calidad". "En estos meses nos ha llevado mucho trabajo, porque en Egomei contamos, junto a las 30 hectáreas de viña, con 70 hectáreas dedicadas a la fruta y al olivo, donde se produce aceite ecológico de primera calidad". Con este nuevo tinto, que será lanzado al mercado muy pronto, bodegas A&B pretende intensificar su presencia internacional, especialmente en Estados Unidos. Quieren exportar más o menos la mitad de la producción. "Es un vino joven, con toques de fruta y creemos que puede tener una buena acogida tanto allí como en países del Este", explica Ana Beltrán, convencida de que destinar recursos a las comercialización es clave para ganar mercado.
"Yo lo tengo clarísimo, y es ahí donde estamos centrando el esfuerzo", explica Ana Beltrán, que considera que las carencias históricas de las bodegas españolas en este aspecto se deben a un "problema de mentalidad". "Se ha primado a otros departamentos y no se ha destinado el dinero suficiente para contar con el personal y los medios adecuados. Técnicamente, en la elaboración del vino está casi todo inventado, así que es en esos otros aspectos en los que tenemos que incidir. Cada uno tiene que hacer un estudio interno, ver sus fortalezas y diseñar una estrategia sensata".
Procedente de una familia de empresarios, Ana es la única de las cuatro hermanas (Cristina, Beatriz Isabel y ella) que se dedica profesionalmente a la bodega. Junto a ellas forma parte del Consejo de Administración, pero Ana ejerce asimismo como directora general y tiene claro que las empresas familiares, y especialmente en el caso de las bodegas, deben profesionalizar al máximo los órganos de gestión. "Yo estoy dispuesta a profesionalizar el grupo de bodegas y, por ejemplo, me parece estupenda la apuesta de Chivite al fichar a un alto directivo de Coca Cola para dirigir una bodega tan importante".
Ana Beltrán cursó hace ya unos años el Programa de Dirección de Empresas del IESE en la Universidad de Navarra. Explica que ha tratado de poner en práctica un estilo de dirección "diferente". "No sé si es bueno o malo, pero desde luego no tiene nada que ver con el ordeno y mando tradicional. Se trata de coordinar más que de imponer. Y de escuchar más que de hacerse oír. Porque el que está en la calle posee muchas una visión más amplia que quien dirige desde una oficina".
La gestión de los equipos, de las personas, resulta por tanto uno de los principales cometidos de quien, como Ana Beltrán, comparte las facetas de empresaria y de directiva. Sin decirlo, la directora general de A&B tiene la impresión de no haberlo hecho mal en este sentido. "La mayor parte del equipo lleva conmigo los mismos años que yo, por lo que el premio es también para todos ellos", dice antes de responder a cómo se las ingenia para mantener a un equipo durante más de dos décadas. "Supongo -dice- que porque el proyecto funciona, porque ellos se sienten cómodos y bien atendidos y porque perciben que son parte de un proyecto conjunto. Dejar que la gente participe es clave para un buen negocio".
Y entre su equipo la presencia de mujeres es superior a la de hombres tras un proceso "no buscado". "Ha sido así de modo natural", dice antes de aclarar que no cree en cuotas para garantizar la igualdad. "Yo sólo tengo en cuenta la valía de las personas, su formación, sus conocimientos, su capacidad para trabajar en equipo". Para ella, que hace cuatro años se convirtió en la primera vocal del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Navarra, conciliar es una necesidad: "Todos los días me guardo un tiempo para estar con mis hijos. Ellos y mi marido son una parte muy importante en mi vida".