ABEDORES de que todas las miradas estaban puestas en cualquier mínimo gesto o movimiento que se pudiera atisbar, a la salida de su noveno encuentro en La Moncloa, Zapatero e Ibarretxe pusieron ayer especial celo en marcar y reforzar sus respectivas posiciones ante los focos y micrófonos de la sala de prensa. "El pueblo vasco es tenaz y el lehendakari también", advirtió Ibarretxe. Poco después, Zapatero no quiso dejar ningún margen a la duda: "Las cosas han quedado claras". Dos frases que ilustran el cerrado convencimiento con el que ambos mandatarios salieron de un esperado encuentro que, sin embargo, dejó las cosas prácticamente como estaban y todo parece indicar que el punto de inflexión se dilucidará en una confrontación electoral, ya sea ésta en otoño o en la próxima primavera. Muchos factores no han permitido avanzar sobre la foto fija que estaba ya diseñada muchos meses antes de la cita de ayer. El que ha influido de forma más apremiante a ambos protagonistas ha sido el factor de los plazos. Zapatero se ha visto forzado a acotar su discurso y a cortar salidas a su interlocutor ante una convocatoria electoral vasca que los socialistas encaran en las mejores condiciones, primando así los intereses electorales del PSE, mientras que la pautada hoja de ruta que Ibarretxe llevó ayer a La Moncloa estrechaba, a su vez, su propio margen de maniobra. Ambos exhibieron manos tendidas al diálogo y al acuerdo, eso sí, aunque con agendas diferentes y cada uno con su propio manual bajo el brazo, en unas posiciones que resultan tan legítimas como estériles, al menos en el corto plazo. La sociedad vasca hubiera deseado una mayor flexibilidad en los argumentarios previos en aras a un ansiado acuerdo político que abra el camino a nuevas respuestas ante los grandes retos que Euskadi afrontará en las próximas décadas, ya sea el autogobierno y el modelo de convivencia, las transferencias pendientes y el blindaje de competencias o los proyectos de infraestructuras y de investigación e innovación. El lehendakari se esforzó ayer en justificar una posición de partida con poco éxito, pero cometería un error Zapatero si considera haber salido airoso de la reunión con el tiempo a su favor, porque anteponer los objetivos electorales a corto frente a las oportunidades de soluciones de alcance nunca ha resultado, a la larga, rentable.