pamplona. Orfebre, dibujante, pintor y, sobre todo, escultor. Todo eso fue Julio González (Barcelona, 1876-París, 1942). Uno de los principales artistas españoles del siglo XX, que el Museo de Navarra pone ahora en valor con una exposición monógrafica -la primera que puede verse de él en Pamplona- planteada a modo de recorrido por la trayectoria del creador, a través de obras de todas sus etapas artísticas.
La muestra, inaugurada ayer, ha sido posible gracias a la colaboración entre la pinacoteca pamplonesa y el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), que posee una de las mejores colecciones de este artista y ha cedido las 61 obras que se exhiben para disfrute y enriquecimiento del público navarro. Del total de piezas, treinta son esculturas realizadas con hierro forjado, bronce fundido y piedra tallada. Además, se muestran obras realizadas en planchas de metal repujado y cinco piezas de joyería de plata, cobre y hierro, así como dibujos sobre papel y cartón en diversas técnicas (acuarela, lápiz, tinta china, pastel etc.) Bajo el título de Julio González en la colección del IVAM, la exposición podrá visitarse hasta el próximo 24 de agosto.
Cubismo, constructivismo, surrealismo o expresionismo son algunos de los lenguajes que se dan cita en el Museo de Navarra, como muestra de las tendencias que cultivó Julio González. "Fue un gran artista que consiguió un equilibro entre abstracción y figuración", destacó ayer el consejero de Cultura del Gobierno de Navarra, Juan Ramón Corpas, en la presentación de la muestra. González, que como pionero en la escultura en hierro influyó en Oteiza, Palazuelo, Alfaro o Martín Chirino, "murió sin conseguir el gran reconocimiento que después el tiempo le ha ido otorgando", dijo Corpas.
El conservador del IVAM, Josep Salvador, destacó de Julio González que "es uno de los artistas más universales que ha dado el arte español, se hecho sus obras están en las colecciones de los museos más importantes, como el MoMA de Nueva York, el Pompidou de París o la Tate Gallery de Londres". Salvador disculpó ayer la ausencia de la directora del IVAM, Consuelo Ciscar, quien, dijo, "no ha podido venir por motivos de agenda, pero habría estado encantada de estar aquí, porque ella ha participado desde el origen en la constitución de este trabajo conjunto con el Museo de Navarra".
inicios en la orfebrería Hijo de un orfebre, Julio González se inició en el arte en el taller de su padre en Barcelona, donde trabajaba junto a su hermano Joan. "De aquella primera etapa hay dos muestras en la exposición: una Flor y un Ramillete de rosas, realizadas en hierro forjado y en cobre y latón", indicó el director del Museo de Navarra, Miguel Ángel Hurtado. En 1896 murió Concordio, el padre de Julio, y sus hijos quedaron al mando del taller, que vendieron en 1900, cuando el prometedor artista sintió la necesidad de marchar a París.
en la meca del arte mundial París era por aquel entonces la meca del arte mundial, el destino inevitable para cualquier joven con ansias creativas. "Pero a pesar de que vive allá y conoce la vida parisina de las vanguardias, Julio González viaja bastante a Cataluña en aquella época", recordó Hurtado. En esos años, realizó numerosos dibujos dibujos de tipo clásico, muy naturalistas, como maternidades o escenas de la vida cotidiana en pinturas al óleo "que recuerdan mucho al Picasso de la época azul", apuntó el director del Museo de Navarra. La exposición también alberga obras de esta etapa, como una maternidad, un rostro de mujer y un desnudo femenino.
la I Guerra mundial Cuando sobrevino la I Guerra Mundial, Julio González sufrió una crisis económica tremenda, pero eso fue providencial para él, porque se quedó sin trabajo -regentaba junto a su hermano una tienda en la que vendían sus artículos- y buscó empleo en el taller de soldadura autógena de Francia. Allí aprendió lo que tanto le serviría luego para realizar sus esculturas.
A finales de la I Guerra Mundial, González comenzó a equilibrar en su obra la pintura, que seguía siendo prioritaria, con la escultura. Entonces realizó unas piezas de pequeño formato que también se muestran en Pamplona. En esos años conoció a Pablo Gargallo, Constantin Brancusi y Pablo Picasso, quien pidió a González que, por su experiencia en el manejo del metal, le ayudase en un encargo: el monumento funerario para Apollinaire. "Hubo un enriquecimiento mutuo, Julio recibió mucho del cubismo, se nota en sus obras de este periodo", dijo Hurtado.
los años 30, los más ricos La década más rica del escultor, según los expertos, es la de los años 30 del siglo XX, cuando se consolida profesionalmente. En esa época, y también en los años 40, realiza sus esculturas más importantes. "Si hay una obra que puede entenderse como piedra fundacional de la nueva escultura en hierro del siglo XX, esa es laMujer peinándose . De ella tenemos varios dibujos en la exposición", dijo el director del Museo de Navarra, quien destacó también la presencia de la pieza Los Enamorados II.
Sin abandonar el hierro, González trabajó también la escultura en piedra, con un aire más clásico, como lo evidencia la exposición. A final de la década de los 30, el artista realizó su obra nuclear. Daphne , la escultura de mayor tamaño que alberga la muestra de Pamplona, es un ejemplo de ello. En plena Guerra Civil, González participó en el Pabellón de la República de 1937, donde llevó La Montserrat, obra que tiende al realismo expresionista. Hecha con planchas de metal, representa a una mujer que lleva a un niño en brazos y fue creada como protesta contra la opresión fascista en España.
De los últimos años, en que el escultor sufrió dificultades económicas, el Museo de Navarra muestra obras como El hombre cactus , con ciertas resonancias surrealistas. En el otoño de 1941, ya enfermo, Julio González regresó del campo a París, donde murió al año siguiente.