En torno a la Renta Básica, la pobreza y la exclusión social hay muchos tópicos, datos contradictorios y un notable desconocimiento. A continuación se repasan una serie de claves de un mundo complejo actualmente en debate social y político.
los números
Una bolsa reducida con riesgo de expansión debido a la crisis y al declive del colchón familiar
El concepto de pobreza tiene diferentes graduaciones y hoy en día se mide en función de unos baremos estadísticos sobre los que tampoco hay una unanimidad. En principio hay dos niveles: pobreza severa y relativa. Como pobreza severa se entiende aquellas personas que viven con menos del 30% de los ingresos medios de su comunidad. El problema aquí es si se adopta la referencia estatal (3.379 euros al año en hogar con una persona) o autonómica (4.507 euros). El cupo de pobres severos oscilaría del 1,9% de la población al 3,3% en el segundo caso. Se trata del principal colectivo sobre al que se dirigen los instrumentos de protección social como la Renta Básica ya que sus ingresos no garantizan la mínima subsistencia.
El siguiente escalón, el depobreza relativa (ingresar un 60% menos que la renta mediana), no es un indicador tanto de exclusión social sino que mide la desigualdad social, la diferencia entre "ricos" y "pobres". Como quiera que Navarra es una autonomía con una renta media alta (29.845 euros al año) hay un número importante de personas (en torno al 20%) que se quedan por debajo de esa mediana de 9.014 euros al año. Si se adopta la óptica estatal la proporción bajaría a un 10% de la población que cobraría menos del 6.758 euros , aunque la referencia más adecuada es la autonómica ya que ése es el entorno donde viven y tienen que pagar los gastos esas personas. Instituciones como Cáritas están alertando del hecho de que las crisis económica (subida de las hipotecas y precios, desempleo...) o situaciones personales (separaciones, problemas de vivienda...) pueden provocar que a corto plazo haya más personas que crucen esta delgada línea que separa la inclusión social de la exclusión social. Y es que otra característica propia de este colectivo de pobres es que no es estable y hay muchas personas que entran y salen de él. De hecho, según una tesis doctoral de la UPNA, sólo un 30% de los perceptores de la renta básica son crónicos.
El retrato robot de un perceptor de renta básica es mujer (57%) de entre 25 y 45 años (65%) que vive en Pamplona y su Comarca (47,3%). No obstante, los expertos distinguen tres grandes grupos . El primero lo componen sobre todo mujeres que se separan y tienen muy complicado reincorporarse al mercado laboral (el sector de limpieza suele ser una de sus pocas salidas) con hijos a su cargo. El segundo colectivo tipo lo forman personas solas mayores de 50 años (muchas veces mujeres del ámbito rural) que no cobran pensiones contributivas porque no han trabajado y que se han quedado sin el apoyo familiar. El tercer grupo , lo conformarían familias numerosas (tres o cuatro hijos) con padres desempleados o con trabajos estacionales (temporeros, hostelería).... cuyos bajo ingresos los alternan con la Renta Básica. Hoy en día se está sumando un cuarto compuesto por inmigrantes sin ingresos continuos.
el debate en la calle
Quienes los ven como 'parásitos sociales', ¿podrían vivir con menos de 500 euros al mes?
En el debate popular (es esperable que no se dé en el parlamentario o técnico) muchas veces se suele tildar a estos colectivos casi deparásitos sociales que viven a costa de los demás. No obstante, una ayuda de 456 euros al mes (en principio casi incompatible con otros ingresos de trabajo) realmente no parece dar un margen para vivir sino para sobrevivir. Llenar un depósito de gasoil cuesta 60 euros; resulta difícil dar con un menú inferior a 10 euros, el gas ciudad sale por unos 70 euros... Por otra parte, los estudios demuestran que la renta básica, pese a su progresividad, ni siquiera garantiza la subsistencia cuando en hogares con más personas a cargo.
supervisión
Un fraude muy inferior al general de las rentas altas
En Navarra no existen datos recientes (aunque el departamento de Asuntos Sociales anuncia medidas de inspección) pero desde la CAV se cifra en un 15% el fraude. ELA, por su parte, en su informe anual a nivel de las dos autonomías, señala que mientras el engaño en las rentas de trabajo es muy complicado (y suponen la mayor parte de los ingresos), un 56% de las empresas no llegan o dicen no llegar a la base mínima para declarar. En cualquier caso, el volumen total sobre el que se podría realizar fraude (unos 6 millones) es insiginificante respecto a otros sectores que pasan más desapercibidos.
un salario de subsistencia
Encontrar trabajo penaliza el derecho a la renta en vez de ser un incentivo acumulable
La legislación actual tiene una contradicción como es el hecho de que la prestación difícilmente es compatible con rentas de trabajo aunque sean ocasionales (normalmente recoger chatarra, trabajo en el campo...). En la base está la no interiorización que hoy por hoy la Renta Básica es algo a lo que tiene derecho todo ciudadano en una determinada situación económica adversa (el baremo es exigente y complejo) como un recurso de subsistencia por lo que el lograr un trabajo no debería penalizar (hay fórmulas de reducción progresiva) sino ser un estímulo más de manera que fuera el propio excluido el que percibiera que le compensa más trabajar que cobrar la renta. Dar este paso debe ser una opción suya y hay una parte de este colectivo variable es de muy difícil empleabilidad. No obstante, según varios expertos, no parecen necesarias cláusulas de obligatoriedad cuando en principio todo ser humano busca trabajar no sólo por el dinero sino como medio para socializarse junto a los demás.