'concierto de mikel markez' Fecha: jueves, 22 de mayo. Lugar: Patio de los Gigantes, Iruñea. Intérpretes: Mikel Markez, a la guitarra y a la voz, acompañado por Joseba Loinaz, a los coros, al piano y a diversas percusiones, y Pello Ramírez, al violonchelo y al acordeón. Incidencias: concierto enmarcado en la iniciativa Kantu eta hitza y de presentación de Zure begiek, bilduma, recopilatorio de parte de la carrera del artista; hora y ¾ de duración, bises incluidos. Recinto a rebosar, público participativo en la recta final.
POR j. óscar beorlegui
El euskera es un idioma ciertamente eufónico, y más cuando hay música de por medio. Vamos, que se lleva bien con la misma, con el intangible arte resultante de la combinación de sonidos y tiempo. Y si a uno de los sumandos mencionados (los sonidos extraídos de los diferentes instrumentos, en este caso) añadimos además la fuerza, el timbre de la voz de Mikel y los sentimientos que impregnan las letras de sus canciones... vaya la de enteros que gana la cuestión: que se lo pregunten a él... o más bien a sus seguidores, un público que el jueves 22 abarrotó el Patio de los Gigantes, espacio municipal que, a todas luces, se queda pequeño cuando el artista es de cierto relumbrón. Con la sensación de falta de sitio ya apuntada (de hecho hubo quienes tuvieron que seguir la actuación desde fuera del perímetro acristalado), en una tarde-noche ciertamente agradable para disfrutar de la música en directo, la velada arrancó pasadas las 20.30 horas, deparando la interpretación de diecisiete temas en total: unas composiciones como Desirak dira (de las primeras en cobrar vida), Zertarako mugak jarri, Imajinatzen zaituz, Zure begiek (todo un banderín de enganche) o John Zaharra , estas últimas encontrando su lugar en los bises, ambas; unas canciones que, recopiladas en el CD que se presentaba, se fueron sucediendo siguiendo la dinámica de interpretación del tema, fuertes aplausos por parte de los presentes y speech a cargo de Markez acerca de la siguiente, resultando algunos de los comentarios realizados realmente ingeniosos, con verdadera chispa, a juzgar por las muestras de satisfacción con los que los recibieron los presentes. Con la voz de Mikel encontrando un acomodo perfecto en las notas desgranadas desde su guitarra (su fiel compañera, artísticamente hablando), las canciones, aun adornadas por piano, contrabajo o acordeón, fueron ofrecidas en formato acústico, rayando a gran altura: cosa de su interpretación, elegante e impecable, y de las melodías de las mismas, de muchos quilates; ¿en acústico, hemos dicho? Sí, y lo cierto es que con semejantes mimbres melódicas no se echaron en falta más instrumentos, denotando en todo momento su cuerpo musical un inequívoco sabor a tradicional canción euskaldun de autor. Sí, ora de espíritu más alegre, ora de mayor recogimiento melódico, pero lo dicho; ah, y con ambas sensaciones reforzadas principalmente por el hacer de Ramírez, quien durante la ejecución de las mismas alternó contrabajo y acordeón.
Ocho discos en el zurrón y más de mil quinientos conciertos a sus espaldas avalan la trayectoria del oreretarra Mikel Markez, quien, a decir verdad, hizo honor con su actuación al nombre del espacio escénico que lo acogió, pues así se mostró: como un grande. Como un gigante de la canción de autor. Como un auténtico mago de la misma. A seguir repartiendo magia desde futuros escenarios, seguro que no le faltan. Evidentemente, a seguir haciéndolo con forma de canción.