washington. Tras diez meses de viaje espacial, la sonda Phoenix se posó ayer en el polo norte de Marte con la doble misión de recoger y analizar muestras de hielo y rastrear si hay materia orgánica. En definitiva, estudiar si esta región marciana puede ser habitable. Phoenix , tras un aterrizaje con éxito en uno de los lugares más inhóspitos del Planeta Rojo, ha comenzado a enviar las primeras imágenes de la superficie del planeta, calificadas por el equipo de la NASA de "absolutamente hermosas".
La sonda, después de haber tocado superficie, desplegó sus paneles solares y dos horas después envió las primeras 50 imágenes de prueba desde Marte, la mayoría de su propia estructura, confirmando así que había llegado salva a su destino. Las imágenes muestran una superficie plana, seca y rojiza, que está limitada por líneas rectas en forma de polígono.
"Vemos la ausencia de rocas como esperábamos, vemos los polígonos que hemos visto desde el espacio; no vemos hielo en la superficie, pero pensamos que lo veremos por debajo de la misma; me parecen estupendas" (las imágenes), dijo Peter Smith de la Universidad de Arizona y principal investigador de la misión Phoenix .
La alegría de los responsables de la misión era comprensible, teniendo en cuenta que ha sido el primer aterrizaje exitoso y sin globos amortiguadores en Marte desde la Viking 2 en 1976. De hecho, sólo cinco de los once ingenios mandados al Planeta Rojo lograron aterrizar.
"Ver estas imágenes después del aterrizaje exitoso reafirma el meticuloso trabajo que ha hecho un gran equipo durante los últimos cinco años", señaló Barry Goldstein, jefe del proyecto Phoenix .
Después de haber superado con el aterrizaje el momento clave de la misión, la sonda afronta ahora un nuevo reto: usar por primera vez su brazo robótico. Entonces comenzará su misión en una región septentrional jamás visitada por un artefacto espacial.
Durante tres meses Phoenix recogerá muestras de hielo y de la tierra que la rodea para poder determinar la existencia de material orgánico. Cuenta con una especie de cuchara con tres láminas de metal, que es capaz de romper hielo tan duro como el cemento.
Las muestras que recabe Phoenix , que funciona mediante energía proporcionada por sus paneles solares, serán analizadas por un laboratorio en la cubierta de la sonda. Una especie de horno hará fundir el hielo y los vapores que se analicen proporcionarán información valiosa sobre los minerales.
Ese paso demostrará, según los científicos, si el hielo se ha derretido alguna vez y si la región, que abarca casi el 25% de la superficie del planeta, es habitable.
La existencia de hielo bajo la superficie de las latitudes más altas fue confirmada a comienzos del 2002 por el orbitador Mars Odyssey.
El objetivo de Phoenix es establecer si existieron en la región del polo norte de Marte condiciones favorables al desarrollo de algún tipo de vida microbiana. En concreto, la composición y la textura del terreno podrían suministrar alguna pista de si el hielo se diluye como resultado de ciclos térmicos y si las muestras contienen compuestos de carbono, un elemento básico en la formación de vida.