san adrián. Nilsa construirá una nueva planta depuradora para dar servicio a San Adrián, Andosilla y Cárcar, más alejada del casco urbano adrianés. De esta forma tratará de poner fin a los malos olores provocados por sus aguas. Tras seis años intentando disminuir el hedor que despide la planta, Nilsa ha decidido cambiar la ubicación de la depuradora del Bajo Ega, construida en el año 2002.
Desde la entidad se explicaba que pese a probar distintas medidas paliativas, el olor del agua proveniente de las industrias agroalimentarias sigue siendo molesto para los vecinos y paseantes de la zona. La carga orgánica de los vertidos industriales es muy biodegradable y se pudre con rapidez en las tuberías, causando el mal olor. Pese a que esta molestia no es nociva para los vecinos, según dos estudios de olfatometría, Nilsa comprende las quejas y llegó a un acuerdo tácito de entendimiento y buena voluntad con el Ayuntamiento de San Adrián par poner la planta en funcionamiento mientras continuase con la búsqueda de medidas correctoras. Éstas no son suficientemente efectivas, por lo que se ha planteado un cambio de ubicación más alejado del casco urbano. Además, a esto se suma el crecimiento urbanístico de San Adrián. En pocos meses se terminará de construir una urbanización que estará separada de la planta depuradora por sólo una carretera.
Todavía no se ha pensado en un lugar concreto para la nueva planta, aunque las primeras hipótesis apuntan en dirección Azagra. La nueva planta se comenzará a construir dentro de, al menos, tres años. Por ahora, ya se ha creado un grupo de trabajo interno en Nilsa para estudiar el caso atípico para la entidad. De las ocho plantas de este tamaño en Navarra, ninguna ha creado un mal olor similar.
medidas y costes Desde que la depuradora se construyó en 2002, Nilsa ha tratado de poner fin al hedor, sobre todo en fechas de calor que coinciden con las campañas conserveras. En 2003 se cubrió el decantador primario con un caparazón de metal. Más tarde este decantador se dejó vacío y se cambió el recorrido del agua para que pasase primero por los filtros. También se utilizaron productos para contrastar el olor de putrefacción, y se construyó un silo para almacenar el fango. Además se estudió la colocación de una barrera vegetal. Todas estas medidas no han podido evitar la construcción de una nueva planta, que costará más de 3,5 millones de euros. Desde Nilsa se explicó que aunque el gasto es considerable, las depuradoras se amortizan en unos diez años.