P OCAS cosas cambian tanto como la política. Y tan rápido. Estos días se cumple un año de las elecciones forales, 12 meses en los que la posibilidad del cambio de Gobierno que abrió el resultado electoral ha quedado totalmente diluida. En tan sólo un año, el ambiente crispado con el que los navarros acudieron a las urnas ha desaparecido, y las relaciones entre los gobiernos navarro y central han mejorado tanto que Sanz se permite pedir la abstención del PP en la investidura de Zapatero. En este tiempo ha quedado además en evidencia la escasa sintonía que, a día de hoy, hay entre los partidos que a punto estuvieron de gobernar juntos y que, mermados por sus disputas internas, son incapaces de articular una mayoría parlamentaria con la que condicionar la acción del Ejecutivo foral. Son algunas de las consecuencias de uno de los años políticamente más activos en Navarra, y que puede sentar las bases del futuro próximo de la Comunidad Foral.
el resultado electoral
El cambio frustrado
Las elecciones del 27 de mayo de 2007 modificaron el escenario políticos de Navarra. Con una campaña centrada en el cambio, NaBai (que se convertía en la segunda fuerza), PSN e IUN lograban juntos 26 parlamentarios, los suficiente para gobernar. Pero articular la alternativa a UPN iba a ser más difícil de lo esperado. La estrategia de crispación del PP (en la que también colaboraron UPN y CDN), había convertido Navarra en arma política en Madrid, y cualquier paso aquí tenía su lectura allí. La Comunidad Foral volvía a ser cuestión de Estado, y las negociaciones tripartitas centraron el debate político estatal. Los malos resultados del PSOE en las elecciones municipales (sobre todo en feudos del PP como Madrid y Valencia), y a la ruptura del alto el fuego de ETA también condicionaron aquella negociación. De nada sirvió la imagen de unidad mostrada por el PSN en defensa del cambio. La dirección socialista de Ferraz decidió vetar el gobierno de coalición con NaBai y optó por dejar gobernar a UPN.
La oposición útil del PSN
Apoyo presupuestario y colaboración institucional
Con la abstención del PSN garantizada, Sanz presenta un gobierno continuista. En su investidura, el líder de UPN tiende la mano al PSN para llegar a acuerdos "que aglutinen al 70% de la sociedad" y excluyan al espacio nacionalista y vasquista-progresistas, garantizando así la "estabilidad" y la "gobernabilidad" de la Comunidad Foral. Estos argumentos serán muy recurridos los meses siguientes.
Consciente de su minoría, durante los primeros meses Sanz amenazó con elecciones anticipadas si el PSN bloquea su gestión y si impedía la aprobación de los presupuestos. Pero no ha sido necesario. La colaboración fluye gracias a la apuesta socialista por una "oposición útil", y el Ejecutivo foral ha funcionado sin apuros durante todo el año. La relación entre ambas partes ha sido ejemplar, y el Gobierno ha contado con mayoría suficiente para sacar adelante sus principales proyectos. Junto con el pacto presupuestario, destaca sobremanera el Plan Navarra 2012, un conjunto de inversiones, la mayoría ya previstas, con el que los socialistas comprometen su apoyo a los principales proyectos para esta legislatura y que puede condicionar mucho su margen de oposición. El acuerdo se ha presentado además hasta la saciedad en busca de una foto conjunta cada vez más habitual.
Los socialistas, en cualquier caso, han intentado marcar distancias con propuestas que podían resultar incómodas para UPN. Es el caso de su moción para garantizar el aborto en la sanidad pública (fue su primera iniciativa de la legislativa) o para pedir la reducción de las listas de espera. Sólo han elevado el tono en contadas ocasiones, sobre todo durante la campaña de las elecciones generales, y con la polémica devolución de los 400 euros.
la relación entre Gobiernos
Sanz y Zapatero hacen las paces
Las relaciones entre los gobiernos navarro y central también han cambiado mucho. Si hace un año Sanz decía que Zapatero iba a "vender Navarra" a ETA, ahora ya no hay dudas sobre su lealtad, y recomienda al PP que se abstenga en su investidura. El apoyo socialista a la continuidad de UPN ha sido clave este asunto. Esta nueva etapa quedó visualizada con la reunión que ambos presidentes mantuvieron en La Moncloa el 17 de octubre. Aquel día, Sanz y Zapatero se prometieron "lealtad" mutua a cambio de garantizar la "gobernabilidad" de la Comunidad Foral. El futuro de Navarra dejaba así de ser arma política, y apenas se mencionaría en la campaña electoral de marzo. En aquel encuentro se acordó también la retirada del recurso contra la Ley de Dependencia, y se desbloquearon inversiones paralizadas por el enfrentamiento institucional, como la construcción del Tren de Alta Velocidad, cuyas obras podrá adelantar la Comunidad Foral. El convenio, no obstante, sigue sin firma, algo que Sanz recuerda cada vez que le interesa elevar la tensión. En cualquier caso, desde aquella cita las relaciones entre ambas instituciones no ha vuelto a vivir tensiones, con la excepción la campaña electoral, en la que la crítica política tampoco llegó a ser excesiva.
Sin alternativa
Una oposición dividida
El Gobierno de Navarra ha contado además con la colaboración de una oposición dividida, más centrada en la crítica mutua que en unir fuerzas para condicionar la acción del Ejecutivo. Lejos queda ya la complicidad lograda durante las largas reuniones en las que intentaban un Gobierno alternativo. Las heridas resentidas de aquella negociación fallida siguen sin cicatrizar, y afloran en cada uno de los debates parlamentarios. Esta situación, acrecentada durante la campaña electoral de marzo, ha facilitado la labor del Gobierno, que se ha librado de la acción conjunta de la mayoría parlamentaria, incapaz de articular una oposición efectiva.
Esta mayoría alternativa, en cualquier caso, se ha podido ver en algunas ocasiones, aunque generalmente con consecuencias más simbólicas que prácticas. Es el caso de las numerosas mociones aprobadas por la Cámara, pero que el Ejecutivo no está obligado a cumplir. Algunas de estas iniciativas han acabado teniendo rango de ley y sí que han condicionado la acción del Gobierno. Así ha ocurrido con la reforma de la ley de salud para garantizar la aplicación de ley del aborto, la gratuidad de los libros de texto o la modificación de la Ley del Vascuence, aunque esta última no vio la luz por la ausencia de un parlamentario de NaBai.
Las crisis internas
Disputas en el PSN
Las elecciones forales del pasado año también han generado debates internos dentro de las formaciones políticas. El PSN fue el primero en pagar internamente el coste del veto de Ferraz. Aquella decisión abrió una brecha en el socialismo navarro, dividido entre quienes aceptaban el mandato de Ferraz y quienes lo rechazaban. Entre estos últimos se han creado además dos corrientes. Por un lado, los que apuestan por un cambio "desde dentro", sobre todo militantes de Pamplona y su comarca, que se aglutinan en torno al nuevo Foro para el Relanzamiento del Socialismo Navarro. Por el otro, quienes decidieron abandonar el partido, principalmente militantes de la Ribera, para crear la Plataforma por el Cambio en Navarra.
Pero ninguna de las dos corrientes ha demostrado una influencia real entre los votantes. Las bajas en el partido han sido mínimas, y los socialistas han acabado cerrando filas con las elecciones generales, en las que el PSN no ha sufrido desgaste alguno. De hecho, Zapatero ha vuelto a tener un buen resultado en Navarra, incluso a costa de recibir votos del electorado de NaBai e IU.
Las diferencias internas, no obstante, han vuelto a aflorar con el proceso congresual iniciado ahora y que finalizará en el congreso del próximo 28 y 29 de junio. Durante este año los socialistas también han tenido que afrontar el desgraciado fallecimiento de su secretario general, Carlos Chivite.
NaBai e IUN
La falta de cohesión de NaBai y el cambio de líder en IUN
Sólo UPN, cómodo en el ejercicio del poder, ha evitado las disputas internas. Tras el boom que su puso su irrupción en el Parlamento como segunda fuerza, Nafarroa Bai ha podido comprobar estos meses lo difícil que resulta coordinar cuatro fuerzas con distinto criterio. Los problemas más graves han estado precisamente en el grupo parlamentario, donde se encuentra el núcleo duro de cada partido. La ubicación de la ciudad de la carne, el nombramiento de los miembros del consejo general de Caja Navarra, la posición de NaBai sobre los planteamientos de Ibarretxe o la ausencia de Txentxo Jiménez en el pleno que debía modificar la Ley del Euskera han puesto en evidencia la falta de cohesión interna de la coalición y su deficiente funcionamiento interno. Las disputas entre los partidos han sido habituales, sobre todo tras las elecciones generales, y generalmente se han solventado mediante notas de prensa en los medios de comunicación. Todo ello ha llevado a la coalición a abrir un debate sobre su organización y sobre la toma de decisiones.
Aunque en menor, este año también ha sido de reflexión interna para Izquierda Unida de Navarra. Tras los malos resultados obtenidos en las elecciones forales, Ion Erro renunció a seguir como coordinador general, y su lugar lo ocupó José Miguel Nuin. La coalición abrió además un proceso de reflexión sobre su futuro, reforzado tras sus malos resultados en las generales y el posterior proceso asambleario iniciado por la dirección federal. También CDN ha optado por el cambio de líder, aunque en este caso por el deseo de Juan Cruz Alli de no optar a la reelección como presidente del partido. El testigo lo ha tomado José Andrés Burguete.
Las elecciones generales
El efecto Zapatero mitiga las consecuencias del agostazo
Las elecciones generales del 9 de marzo estuvieron claramente mediatizadas por el veto de Ferraz al cambio de Gobierno. El papel del PSN durante el verano fue el argumento principal de NaBai e IUN, que buscaron convertir los comicios en una segunda vuelta de las forales. Pero no tuvieron éxito. El PSN supo gestionar el efecto Zapatero y, ayudado por el tsunami bipartidista obtuvo en Navarra los mejores resultados de su historia. 118.000 votos que los dirigentes del PSN interpretaron como un respaldo a la política de colaboración con UPN iniciada tras el verano.
Los regionalistas volvieron a ser la primera fuerza navarra con unos resultados similares a los 2004, aunque esta vez sin la participación de CDN. En un contexto fuertemente polarizado por la pugna Zapatero-Rajoy, NaBai aumentó ligeramente los votos obtenidos cuatro años antes y Uxue Barkos mantuvo el escaño en Madrid sin problemas. Peor le fue a Izquierda Unida. Víctima del bipartidismo y de sus disputas internas (hubo primarias para elegir a Llamazares), en Navarra apenas logró el 3,25% de los votos, un mal resultado que entiende como consecuencia del contexto Estatal, donde la formación se ha quedado con el 3,8% de los votos y sólo dos diputados.
Los ayuntamientos de progresos
Una experiencia desigual
Los resultados electorales del 27 de mayo también dejaron una mayoría alternativa a UPN en varios ayuntamientos navarros, la mayoría en la comarca de Pamplona, donde los votos de NaBai, PSN e IUN suman mayoría. Tras las dudas iniciales, las tres formaciones pactaron el apoyo mutuo en los consistorios donde suman mayoría (Barañáin, Zizur Mayor, Villava, Alsasua, Burlada y Olite). El acuerdo, sin embargo, no estuvo exento de polémica. Las críticas al PSN de los sectores conservadores "por entregar al nacionalismo" algunos de los ayuntamientos más importantes de la comunidad fueron numerosas, incluso desde dentro del partido. Es el caso de Barañáin, donde los concejales socialistas amenazaron con un Tamayazo para impedir que Floren Luqui acceda a la alcaldía que finalmente no se produjo.
Pero frustrado el cambio en Gobierno, los pactos municipales han quedado en papel mojado. Tras meses de ingobernabilidad forzada por el bloqueo socialista, PSN y UPN presentaron el pasado 25 de abril una moción de censura para aupar al regionalista José Antonio Mendive a la alcaldía de Barañáin.
El resto de la experiencia tripartita muestra resultados desiguales. NaBai mantiene las alcaldías de Berriozar, Villava y Zizur Mayor, aunque en este último municipio con gran inestabilidad. En todos ellos el PSN ejerce además una dura oposición fruto de la línea estratégica iniciada tras el verano, y facilitada por la desavenencias internas de NaBai y por la presencia de ANV en Berriozar y Villava. Los socialistas, mientras, gobiernan en Ansoáin, Beriáin y Burlada. Este último municipio es donde mejor ha funcionado el acuerdo tripartito, aunque queda por ver si la postura del PSN en los municipios donde gobierna NaBai acaba pasando factura.
El futuro
Relevo en UPN
Con estos mimbres, no parece que la realidad política navarra vaya a cambiar en los próximos meses. El PSN ha garantizado la estabilidad del Gobierno foral, que se cuida mucho en no molestar al Partido Socialista. En cualquier caso, los socialistas deberán elegir un nuevo secretario general en su congreso de finales de junio, y aunque no parece lo más probable, la nueva Ejecutiva podría reorientar la línea estratégica de los últimos meses.
Las reflexiones que Nafarroa Bai pueda hacer sobre su futuro y el congreso que UPN celebrará la próxima primavera son otros de los elementos que pueden condicionar el futuro de la comunidad. Sanz abandonará el liderazgo del partido tras esa cita y los regionalistas deberán afrontar el cambio de dirección con Yolanda Barcina como alternativa destacada. De las conclusiones de cada uno de los partidos dependerá buena parte del futuro de la Comunidad Foral.