navarra ha vivido un fin de semana de intensas lluvias que, afortunadamente, no han tenido consecuencias como las que la climatología ha dejado en zonas de Vizcaya, aunque los servicios meteorológicos y la Confederación Hidrográfica del Ebro advierten de que el riesgo de inundaciones puede aumentar hoy en la Comunidad Foral, sobre todo en las áreas bañadas por el Ebro. El tiempo climatológico es noticia porque ha roto los esquemas establecidos de antaño, encuadrados en periodos de estaciones y resumidos en la sabiduría de los refranes. Los efectos más palpables de ese cambio climático (deshielo, huracanes, temperaturas extremas...) comienzan a sensibilizar a la población en su relación con el medio ambiente y sobre las repercusiones de éste en la vida cotidiana. Es cierto que los servicios de alarma previa han funcionado y las previsiones ya adelantaban las posibles consecuencias de este fuerte periodo de lluvias -mayo ha alcanzado las cotas de precipitaciones más altas de los últimos años, con los pantanos navarros al máximo de su capacidad-, pero sigue pendiente la pregunta de si los avisos previos son suficientes para reducir los desastrosos efectos de estas inundaciones periódicas. Es cierto que las previsiones en cuanto al volumen de las tormentas y la crecida del caudal y la capacidad de respuesta de los equipos de emergencia permiten a la población adoptar medidas de protección -aunque sigue habiendo cierta dosis de incredulidad social sobre el alcance real de las alarmas-. Y también lo es que los planes de seguridad, vulnerables cuando se miden a fenómenos atmosféricos incontrolables, parecen bien engrasados. Sin embargo, no es suficiente alarmar, sino que sigue siendo necesario adoptar medidas cada vez más eficientes, porque la experiencia adquirida y los avances tecnológicos y científicos deben servir para trasladar a la opinión pública la certeza de que la amenaza de posibles inundaciones no se convierta en un cúmulo de consecuencias desastrosas. Y la obligación institucional de poner los medios para atenuar las consecuencias de la climatología incluye también abordar aquellas actuaciones humanas que contribuyen a aumentarlas: desorganización urbanística, edificaciones de recreo en las riberas fluviales, construcción de diques de contención, limpieza de los ríos... Porque si es casi imposible domesticar a la naturaleza, peor suele ser dejar al hombre campar a sus anchas.