'Diversiones turísticas' Autora: Noëlle Renaude.Dirección: Ana Silvestre.Intérpretes: Patxi Larrea, Mª Jesús Beasiain, Txori García, Eneko Otermin, Leire Ugarte, Hodei Unzueta, Sandra Aguerri, Estefanía García. Fecha: 23-25, 30-31/05/08 y 01/06/08. Lugar: Escuela Navarra de Teatro.
POR PEDRO ZABALZA
CURRO es el icono del homo vacationensis : el sufrido currante, valga la redundancia, al que la sociedad de consumo premia una vez al año con la desconexión transitoria de sus obligaciones. Las vacaciones serían algo así como una suspensión temporal de la realidad, una dimensión en la que nos movemos de manera muelle e inestable, extasiados y temerosos de cada paso que damos por ese territorio insólito, como un hombre en la Luna. Noëlle Renaude aprovechó esa zona de penumbra de la realidad para situar en ella a sus personajes de Divertissements Touristiques ; un título cuya traducción al castellano, Diversiones turísticas , amputa parte de su riqueza polisémica: divertissement es un término que se usa también para referirse en música y teatro a piezas cortas y ligeras, cuyo equivalente en castellano sería divertimento . Y esto define muy bien la estructura de la obra de Renaud, formada por cuatro piezas independientes que tratan las vacaciones y las relaciones humanas con un toque de humor. Pero también con cierta perversidad oculta, lo que nos puede remitir a otro sentido de la palabra divertissement : el de desvío , y también el de malversación.
Los personajes de Diversiones turísticas andan en efecto desviados de lo que se considerarían propósitos honestos. El engaño, las malas intenciones, se ciernen sobre ellos con más firmeza que la fecha de regreso a la oficina. Las vacaciones son un estado de ánimo en el que afloran pulsiones escondidas, como se ha encargado de explotar literariamente un compatriota de Renaude, Michel Houellebecq. Sin embargo, el estilo de estos divertimentos , con sus diálogos corrientes sobre temas a menudo banales, pero que penetran las relaciones humanas como una barrena, recuerdan más bien al Monzó de El porqué de las cosas. Y si algo se le puede achacar a las piezas de Renaude es precisamente ser demasiado literarias y no tan teatrales, algo estáticas en ocasiones.
La puesta en escena de Ana Silvestre da importancia al acabado visual, con ese vestuario tan pop, de desenfado sesentero. Me gusta mucho también la escenografía de Ángela Bosch, que cubre de hierba el escenario de la Escuela, creando un efecto precioso y obligando a los actores a pisar ese terreno blando y desusado al que nos referíamos al principio. Y sobre los actores, les sienta muy bien a los alumnos de la Escuela compartir espacio con profesores e intérpretes más experimentados. El resultado de esta colaboración es homogéneo, un bloque compacto donde no se aprecian las posibles diferencias de nivel entre los actores. Encaran bien las diferencias de tono que contienen los textos, y las ejecutan con maestría en esa pieza llena de ritmo (mucho más que el resto), humor y mala sangre que es la genial La caída del padre . Un broche de oro a una obra interesante, que es a su vez un buen cierre a tres años de formación.