A aritmética electoral de las últimas legislaturas y las estrategias políticas de los partidos vienen dejando como resultado en el Parlamento de Vitoria un Gobierno en minoría, y en las ocasiones más solemnes en las que se ponen sobre la mesa iniciativas políticas de calado resulta árbitro definitivo el grupo parlamentario en el que se encuadran los electos de la izquierda abertzale. Una vez más, ante la trascendental cita parlamentaria del 27 de junio se pone de relevancia el protagonismo de Ezker Abertzalea, denominación con la que operan en la Cámara los nueve parlamentarios de EHAK. Teniendo en cuenta que PSE y PP han anunciado reiteradamente su voto negativo a la aprobación del proyecto de ley que habilitaría la consulta, la incógnita que sigue manteniendo EHAK sobre su intención de voto deja en el aire cualquier pronóstico. Repetidamente, los portavoces de este grupo vienen advirtiendo que la decisión se tomará después de la reflexión que, al parecer, están manteniendo sus bases sobre el voto de EHAK. No parece coherente este estado permanente de reflexión con las profusas declaraciones que dirigentes de la izquierda abertzale oficial vienen haciendo cada vez que se refieran a la propuesta de Ibarretxe. Si ayer era la concejala de ANV en Pamplona Mariné Pueyo, en otras ocasiones han sido Nekane Erauskin o Tasio Erkizia quienes han censurado el proyecto de consulta ya porque no sirve para solucionar el conflicto, o porque no pasa de ser una nueva reforma autonómica, o porque no tiene en cuenta a Navarra. Y todo ello sin obviar el pronunciamiento contrario de ETA en su último y anteriores comunicados, calificando la propuesta de "fraude". La izquierda abertzale, por tanto, parece tener claro que desde su proyecto político la propuesta del lehendakari no sirve y, merece su rechazo. Pero se lo siguen pensando, y seguirán en su indefinición táctica hasta el último momento o, al menos, hasta cuando ya hayan aprovechado con creces su papel protagonista. En el sentido más burdo de la política, lo que se espera es que orienten su voto de manera que hagan al Gobierno de PNV, EA y EB el mayor daño posible. Aunque para ello haga falta repetir el extravagante reparto de sus votos en la aprobación del proyecto de reforma del Estatuto de Gernika, que luego Madrid no quiso ni debatir. O aunque su actitud fortalezca las previsiones electoralistas de Zapatero en la CAV.