CONCIERTO DE RIM BANNA Fecha: Sábado, 31 de mayo. Lugar: Auditorio de Barañáin. Incidencias: Concierto organizado por IPES y Aldea como rúbrica de un ciclo dedicado al mundo árabe y al islam. Hora y media de duración. Buena entrada, público participativo que aplaudió con verdadero sentimiento tras cada interpretación.
POR J. ÓSCAR BEORLEGUI
RIM Banna, autoridad musical palestina por excelencia, compareció el sábado en Barañáin, ofreciendo un concierto sumamente rico en emociones. Una actuación en la que la carga emocional desbordó al componente netamente musical. Sobre un escenario flanqueado por dos enseñas palestinas y presidido por una pancarta que gritaba Gora Palestina libre, ante un público especialmente sensibilizado con la causa de dicho pueblo, la velada arrancó con una arenga dirigida a animar a todos "a escuchar a la artista y, a la vez, oír la voz de un pueblo que, 60 años después de la Nakba, de la creación del estado de Israel, sigue luchando por sobrevivir". A una cantante que en estos momentos viene a ser la voz de los palestinos sin voz, añadimos nosotros; la portavoz, el altavoz de un pueblo cuya principal característica, tal y como señalaron los oradores, "es la resistencia, más allá del sufrimiento". Y tras dicho speech, sobre las 21.15, Rim a escena: la encarnación en forma de mujer de la música como herramienta de combate. Como arma cargada de futuro, tal y como, a propósito de la poesía, dijera Gabriel Celaya, comenzando a sonar la misma con la interpretación a capella de una especie de espiritual a modo de salutación, cántico de genuino sabor a minarete que, desde el prisma formal, se nos antojó similar a nuestros bertsos; acto seguido, acompañada ya por guitarras eléctrica y acústica, bajo y batería, arrancaría el concierto en sí, centrado en la interpretación de temas de The mirrors of my soul, CD dedicado a los árabes presos en Israel: unas canciones que, llenas de contenido, rezumaron actitud militante, compromiso, sentimiento... e internacionalismo en unos tiempos como éstos, en los que dicho término ha caído en desuso en beneficio del manido mestizaje, políticamente más aséptico; unas composiciones en las que la voz de la activista musical, de cálido, sugerente y poderoso timbre (caliente directamente más bien) fue su verdadero hecho diferencial. Caliente como el ambiente que, a una con la sucesión de los temas, se iba generando en el patio de butacas, principalmente con motivo de las canciones de raíz más folk, de raigambre ciertamente arábiga, o de las dedicadas ya a los prisioneros políticos palestinos (para quienes pidió su libertad), ya a la resistencia de los habitantes de Gaza. Embajadora de la Palestina más indómita, la delegación musical encabezada por Rim Banna presentó sus credenciales en Barañáin, y lo hizo en una tarde-noche rica en eventos musicales, en otro orden de cosas; ¿que por qué elegimos éste para ir? Por una cuestión de solidaridad con una causa y con un pueblo, toda vez que, más que un mero comentarista musical, el arriba firmante primeramente es persona; y más bien crítico con lo que pasa, con el estado de las cosas derivado del presunto orden mundial... ya nuevo o viejo, qué más da; alguien más predispuesto a hacer críticas de esta índole que de las diferentes manifestaciones artísticas, musicales en su caso. Así las cosas, estando Banna de por medio, estaba claro el asunto: estando por estos lares Banna, más que una estrella de la canción, una en el cielo rojo. En el firmamento de la Revolución. Una estrella roja personalizada en una mujer enérgica, vigorosa, llamada a ir por el mundo esparciendo canciones de rojo insurgente, color de la pelea. Y a su pesar seguramente como en el caso de todos los revolucionarios, pues para nadie es plato de gusto verse abocado a una revolución. Más bien una obligación moral. En fin, que una cosa quedó clara tras el concierto, que la llama sigue encendida en Palestina. Incluso más allá de la misma, tan lejos y tan cerca el sábado. La llama roja. Que la lucha continúa.