pamplona.Documentos TV ha cumplido recientemente 22 años. Informe Semanal lleva 35 en la parrilla de TVE y tampoco hay que olvidar La noche temática . Pedro Erquicia se ha ido de TVE después de cuarenta y tres años de pertenecer a la plantilla. El reglamento es el reglamento y rige para todos. No quiere oír la palabra jubilación. Según él, es una rescisión de su relación laboral y ahora seguirá el camino. Vivimos en un país que no perdona arrugas y canas a la hora de trabajar, algo que no ocurre en otros países, donde presentadores de más de setenta años son contratados por cadenas públicas y privadas que valoran la experiencia. Erquicia ha compartido con dos regímenes políticos su trabajo. Ha sabido salir indemne de los avatares y vaivenes que se dan en una cadena de carácter público, sometida al ojo avizor de espectadores y partidos.
Ser el padre de Informe semanal tiene que llenar todo un currículo profesional...
Lo pongo en marcha, le doy músculo y ahí sigue tan pimpante treinta y cinco años después. Tampoco está mal.
Usted y ese programa han sobrevivido a todos los cambios políticos.
A todos, incluso a dos regímenes políticos; el final del franquismo, el inicio de la democracia y varios gobiernos.
¿Eran épocas difíciles? ¿Cómo se saltaban la censura?
Teníamos algunos trucos y nos salían unas veces mejor que otras, pero siempre teníamos en nuestra chepa a alguien que nos veía y auscultaba aquello que hacíamos.
¿Eran tiempos mejores para el periodismo, más creativos?
Pero no porque fueran más difíciles. El periodismo riguroso, donde las fuentes se contrastan, donde se crean formatos y se escriben reportajes buenos ha ido bajando la guardia. Ahora todo es mucho más mercantilista. El fin de las empresas es hacer dinero, rentabilizar al máximo. Bajo esa premisa se mueve la información.
Vamos a considerarle como una especie de gallina de los huevos de oro, pero en materia de longevidad de formatos y programas.
Lo que toco no lo convierto en oro, pero lo convierto en clásico.
¿Qué pretende?
Dar todo a un espectador que sea inquieto y que quiera informarse más allá del barniz de la noticia puntual.
¿Cómo era TVE hace cuarenta y tres años?
En blanco y negro. Para todo. No había ni grises siquiera. Fue un proyecto atrayente, con dificultades. Como éramos jóvenes, el medio y nosotros, teníamos empuje y ganas de hacer cosas buenas y duraderas.
Inimaginable la televisión que estamos viendo, supongo.
Si nos plantamos usted y yo dentro de quince años no somos capaces de saber lo que va a ocurrir. Eso de tener la bola de cristal sería por un lado muy bueno y por otro un horror. El gran atractivo que tiene la vida es eso, aventura y desconocimiento de lo que va a ocurrir dentro de un tiempo.
¿Qué van a hacer Corbacho y compañía sin usted? ¿A quién van a imitar?
Ja, ja, ja… Espero que lo sigan haciendo. Son unas caricaturas magníficas porque son unos magníficos profesionales de la interpretación.
¿No le han molestado nunca?
En absoluto. Era un honor ser caricaturizado por estas personas. Corbacho hacía una estupenda imitación. Eran divertidos, hay que tener sentido del humor y empezar a reírse por uno mismo.
Le han atribuido el papel de casamentero real...
Tampoco es eso. ¡Qué exageración!
Se conocieron en su casa; al menos, eso dicen.
Sí, es cierto, hubo una cena en mi casa, invité a los dos y parece que allí se conocieron y pudo empezar su relación. Pero a lo largo de su vida seguro que conocerá a muchas parejas que han empezado su relación en una cena de amigos.
Sí, pero una de las partes no era el Príncipe de Asturias ...
Ya. Pero es algo sin más trascendencia. Aunque algunos le han dado muchos significados. Cuarenta y tres años de profesión y que vaya a pasar a la historia por esto... ¡Qué barbaridad!
No lo dude. ¿Qué eliminaría del periodismo que practicamos hoy en día?
Frivolidad y pasar por encima de las cosas de puntillas, sin profundizar un poco más.
¿Qué tal se lleva usted con las nuevas tecnologías?
Estupendamente. Sé lo que tengo que saber. Tenga en cuenta que yo soy una persona muy inquieta y me gusta aprender todo el rato.
¿Va a echar de menos TVE?
La seguiré viendo.
Pero desde el sofá, como espectador.
O en el bar con los amigos. Cuarenta y tres años no se borran de golpe, ahí están.
¿Son unos supervivientes los profesionales de la televisión pública? Aguantan los envites políticos y se mantienen ahí.
Unos sí y otros no. Utilizando el verbo que usted usa, mantenerse. Pienso que es algo normal. Conozco muchas televisiones de países que nos rodean y aunque haya cambio de gobierno no cambian por ello a los presentadores de los informativos. Eso es estabilidad.
Cuenta también mucho la estética. Los conductores de informativos deben ser jóvenes y guapos, tanto ellos como ellas.
Pero eso sólo pasa en España. Le puedo contar el caso de un buen amigo mío, tiene setenta y dos años. Es un magnífico profesional del periodismo norteamericano y hace un año ha sido contratado por la televisión pública de Estados Unidos. No es un joven, ¿no?
Imagino que tendrá alguna que otra arruga.
Bastantes, bastantes. Pero es lo que se busca en la cadena BBC, incluso en las televisiones públicas y privadas de Francia. Las personas que ofrecen la información son personas cuajadas. Cuando veo alguna cara tan joven no me creo nada de lo que me están contando.
¿En qué momento informativo estamos?
Se tiende mucho a la opinión, o la militancia opinable. Se ha radicalizado mucho el periodismo en este país.
¿Nos hace perder credibilidad?
Hace escorarse, y yo entiendo el periodismo sin escoras. Puedo entenderlo con ellas en cuanto que pertenezca a una tendencia política, pero en una sociedad plural nos merecemos un periodismo equilibrado. Es lo que nos enseñaban en las Facultades y lo que creo que siguen enseñando.