La historia de Betelu está unida al agua. Muchas de las actividades que se han desarrollado a lo largo de su devenir a están relacionadas de un modo u otro con el líquido elemento. Es el caso del de la ferrería, del martinete en el que se acuñaron las últimas monedas de Navarra y sobre todo del balneario, un lugar que durante más de un siglo atrajo a cientos de bañistas para curar sus dolencias. De su importancia da fe que uno de sus visitantes era el rey Alfonso XII, que pasó varias temporadas a finales del XIX.
Desaparecido en 1966, en la década de los 90 el Ayuntamiento intentó recuperar la vida termal en Betelu. El alcalde, Mikel Rekalde, accedió a la alcaldía en 1999. Esta es pues su tercera legislatura. "Cuando entré ya estaba el proyecto de un centro termal y un hotel de 8 habitaciones. Quedó aparcado porque se detectaron deficiencias pero no por ello se paralizó. Era un proyecto muy interesante pero un hotel de 8 habitaciones no era viable. La financiación era público-privada. El Ministerio de Fomento aportaba el 50%y el Gobierno de Navarra el 30%. Quedaba el 20%, unos 100 millones de pesetas entonces, cantidad que no podía asumir el Ayuntamiento y no se encontraron inversores privados. Otra dificultad era la parte técnica, ya que la fuente está muy deteriorada", explica Rekalde.
Así, el Ayuntamiento comenzó con la recuperación de la fuente. Para ello, es necesaria una inversión de unos 150.000 euros. "Hasta el pasado año no habíamos encontrado cofinanciación. Va a cuatro bandas. Por un lado, contamos con una ayuda de la iniciativa comunitaria Leader +, 36.000 euros; del programa Tú eliges, tú decides de Caja Navarra 28.000 euros y confiamos en aumentarla con una subvención del Gobierno de Navarra a través de convocatoria de Turismo de este año. Si se recupera el recurso, se podrá restablecer la actividad balnearia en Betelu. La recuperación de la fuente es en sí un proyecto suficientemente importante y una incógnita que hay que resolver", observa Rekalde. También señala que "consideramos que este proyecto va a ser un motor turístico y de desarrollo rural para Betelu y la zona. Esperamos que la fuente esté terminada para finales de año y posea su declaración de utilidad pública correspondiente". Así Iturri Santu será un recurso accesible para el público que podrá beneficiarse de los beneficios de esta agua sulfurada para la piel y dolencias respiratorias.
ITURRI SANTU Si bien a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX aparecen referencias al balneario de Betelu en distintas publicaciones, destaca la del primer Anuario Oficial de las aguas minerales de España , publicado en 1877. Incluye el establecimiento de Betelu entre los de aguas sulfurosas sódicas. Se dice que hay tres manantiales. "Al más antiguo llaman en el país Iturri-Santu (Fuente Santa), y que es el que, por la descripción que hace el actual médico-director, se reúne en un depósito y se emplea en baños, chorros, etcétera; el otro ha constituido una fuente con su grifo para el uso del agua en bebida. El manantial que brota fuera del establecimiento se halla a unos 80 m E, al final de una alameda, y lleva el nombre de Dama Iturri, usándose en el sitio donde emerge, y también en el establecimiento, a que es conducido por una cañería subterránea". En esta publicación también se recogen datos sobre el caudal de las fuentes. Los dos manantiales de Iturri-Santu dan aproximadamente 38,33 litros por minuto -0,64 l/s- y Dama Iturri, 63,82 litros en el mismo tiempo -1,14 l/s-. Asigna la misma temperatura a los manantiales: 24º C.
La primera casa de baños se abrió en 1818, promovida por Juan Antonio Zabala, un emprendedor pamplonés. Sus principales fuentes era Santu Iturri, con agua sulfurosa que era muy apreciada en el tratamiento de las enfermedades del aparato respiratorio, y Dama Iturri, agua minero-medicinal que se utilizaba para combatir enfermedades como la artritis, los cólicos hepáticos y las dolencias intestinales. Años después, en 1855, se construyó el gran centro termal que dio fama a Betelu. Contaba con las instalaciones típicas de los balnearios decimonónicos como duchas, bañeras de mármol, sección de pulverizaciones y demás. Además, disponía de un gran hotel con 200 habitaciones dotado de espaciosos comedores, un gran salón de fiestas, salas de lectura, salón de billares y otras instalaciones de recreo sin faltar una capilla.
La Guerra Civil supuso un duro golpe para el balneario, que comenzó un progresivo declive. Todavía hay quienes recuerdan que en 1936 había bañistas de la zona republicana que se tuvieron que quedar en Betelu durante más de un año sin poder volver a sus domicilios. Finalizada la contienda, curas y militares comenzaron a frecuentar el balneario. El general Dávila, el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, y el sacerdote Fermín Izurdiaga, director del periódico Arriba España o José Millán Astray, fundador de la Legión, fueron algunos de los clientes asiduos de esta época. El remate final vino en la década de los sesenta, años del boom de turismo de sol y playa. El balneario fue derribado, construyéndose en 1966 sobre las antiguas instalaciones la planta embotelladora de Aguas Betelu. Otra vez el agua.