concierto de xarnege Fecha: Jueves, 5 de junio. Lugar: Patio de los Gigantes, Iruñea. Intérpretes: Juan Ezeiza, al violín, a la alboka, txanbela, flabuta y cromorno; Simon Guillaumin, a la voz y a la zanfona electroacústica; Lucía Longué, a la 2ª voz, a los coros, flabuta, besson, caremera, acordeón diatónico y cornamusa landesa; Josean Martín Zarco, a la guitarra, al bouzouki y a la mandolina, y Joan Baudoin, a la flabuta, zanfona, cornamusa landesa, coros y percusiones varias. Incidencias: Concierto de presentación de 'Ixo. Sho', nuevo disco de la banda; hora y 10 minutos de duración, bises aparte. Lleno, público de ambos sexos y diferentes edades que premió a los músicos con repetidos aplausos.
POR j. óscar beorlegui
La 3ª cita del presente ciclo Kantu eta Hitza deparó la presencia de los vasco-gascones Xarnege, comparecencia que, cosa del caudal artístico generado (semejante al de nuestros ríos los días pasados) se tradujo en un auténtico encuentro de músicas y ritmos. En una reunión (he aquí, además, el significado del nombre del grupo, encuentro, sin las connotaciones negativas de charnego, su hermano catalán) apta para todos los públicos y más que afortunada para los sentidos, a tenor de lo visto. Con Juan Ezeiza oficiando de eficaz maestro de ceremonias, presentando todos y cada uno de los temas (incluso en castellano en algunos casos, algo que agradecimos) la actuación comenzó bajo los sones de la espectacular zanfona electroacústica, instrumento que pronto logró imponerse al barullo general, llevando el peso de la brillante introducción instrumental: preámbulo que de inmediato se tradujo en un hecho musical pleno basado en un folk de raigambre tradicional -si se quiere- pero sofisticado en extremo, ciertamente. Con sus aires celtas, vascones y gascones de alta gama mano a mano, unos sones ricos en melodías y demás prestaciones sonoras como consecuencia del uso y empleo de un buen número de instrumentos para ello: algunos de ellos tan tradicionales como cualquiera de los citados en las líneas superiores, imposible reproducir todos sus nombres nuevamente. ¿El resultado obtenido? Un folk de la comarca del Adur, del Pirineo, que, presidido por unos sones étnicos tan alegres como llenos de intención y predisposición, lució bajo diferentes ropajes artísticos, ya bajo forma de genuina danza, de fandango, vals, o envuelto en tristes melodías, como las que sonaron a propósito del tema que dedicaron a las plañideras.
Iruñea, el lado euskaldun de Pamplona (ciudad que cual moneda que se precie, tiene dos caras claramente), acudió en buen número a su cita con Xarnege, banda que ofreció una música, en nuestra opinión, llamada a ejercer de punto de reunión de un pueblo más que de punto de encuentro de músicas y ritmos solamente; un hecho artístico cuidadosamente preparado, aderezado y presentado por unos experimentados músicos que, además de estar totalmente enamorados de la música (y por ende, de la cultura de su tierra), ora a unos instrumentos, ora, a otros (no hay más que volver a revisar la ficha técnica para comprobarlo), demostraron ser unos auténticos todoterrenos en escena. Y todo ello, ejercer de punto de reunión de un pueblo -que decíamos-, por encima de la actual realidad administrativa de Euskal Herria, de la separación de sus habitantes en dos estados delimitada todavía por una muga: y a pesar de vivir en la llamada Europa sin fronteras, en teoría; curioso, ¿no? En fin, que qué bien suena dicha expresión. Lo mismo que Xarnege el jueves, por lo menos. Bueno, no tanto. Éstos sonaron mejor.