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Juan Mari y Miguel laminaron el frontis del frontón de Ezkurra. Jugaban sin descanso. Apresurados. Hasta que la abuela de ambos, cómplice de sus sueños pelotaris, sacaba un pañuelo blanco por la ventana de la cocina para avisar a sus nietos de que su tío se había despertado de la siesta. Era el aviso de volver a casa. A toda velocidad. De regresar al tajo. Juan Mari y Miguel crecieron con aquel pañuelo que envolvió su mundo: la pelota. Su apellido: Bengoetxea. Juan Mari, el III de la saga, conquistó dos txapelas del Manomanista (1978 y 1979), Miguel, IV, se caló dos del Parejas en 1983 y 1984. El pañuelo traspasó una generación. Aitor, el hijo de Juan Mari, fue el quinto, Oinatz, el sexto e Ibai, el séptimo. Días antes de la final del Manomanista que medirá a Oinatz con Barriola, se reunieron (faltó Aitor) con Asier García, primo y botillero de Oinatz, para compartir tertulia en un ambiente inmejorable.
Juan Mari: Nos escapábamos de casa para jugar en el frontón de la plaza, que estaba cerca del caserío. Siempre que podíamos íbamos allí a jugar. En aquella época no había otra cosa.
Miguel: Lo que pasa es que no era como ahora. Antes había que trabajar en casa, ayudar al tío con las cosas del caserío.
Juan Mari: Después de comer aprovechábamos para ir al frontón porque el tío estaba echando la siesta un par de horas.
Juan Mari: Cuando veíamos que la abuela sacaba el pañuelo blanco por la ventana, salíamos corriendo hacia casa. Sabíamos que el tío se despertaba de la siesta y nos tenía que ver en casa. Llegábamos sudando y nos preguntaba a ver qué habíamos estado haciendo.
Miguel: Sí, sí. No se podía llegar tarde porque había que ayudar al tío con las tareas del caserío a la tarde. Al tío le gustaba la pelota, pero el trabajo era más importante. Y claro, cuanto más descansados estuviéramos, mejor. Pero el tío ya sabía que jugábamos. Al igual que las paredes de Ezkurra, el techo de la habitación de Ibai Bengoetxea, hijo de Miguel, estaba salpicada de pelotazos. Testigos de la afición por la pelota de Ibai, profesional en Frontis.
Miguel: El techo lo tenía sucio de tantos pelotazos que le dio Ibai. También recuerdo que rompió algún cuadro. Los más jóvenes, Oinatz y sus primos Ibai y Asier, su botillero, están entusiasmados. Disfrutan de las correrías de sus tíos. Son su herencia. Hijos del cuero y la piedra. Escuchan con la mirada.
Oinatz: A nosotros nos mandaban fuera. No querían que estuviéramos en casa (risas). Estábamos siempre en el frontón del pueblo. Vaya piques que tenía yo con éste (abraza a su primo Ibai, hijo de Miguel).
Ibai: Ya lo creo. Vaya dejaditas que hacia Oinatz. Jugábamos a tope. A cara de perro. La conversación durante la cena en el restaurante Arakindegia de Leitza discurre a saltos. Pasado y presente. Sin corsé. Libre. Salvaje.
Juan Mari: Para curar las manos, el método que se utilizaba antes era meter las manos en agua caliente hirviendo y luego en hielo.
Miguel: Yo recuerdo que había un hombre en Goizueta que decían que era muy bueno en el tema de las manos. Era medio curandero. Allí me fui yo. Te ponía un cazo con agua hirviendo con bicarbonato y había que meter la mano. Luego la metías en hielo. Para que la sangre circularía bien iba donde un carpintero y utilizaba la lijadora. Me dejaba la mano lisa. Así lograba que fluyese la sangre.
Oinatz: Yo tengo una especie de vibrador para masajear la mano al lado del sofá. Siempre lo tengo cerca. Lo utilizo mientras veo la tele. Es importante que la sangre circule lo mejor posible por la mano.
Miguel: Cuando la sangre se acumulaba en la mano, había que purgarla. Utilizábamos una cuchilla de afeitar y se cortaba la piel que hay entre los dedos para que goteara la sangre retenida. Eso sí, había que tener cuidado porque, si te pasabas un poco con los cortes, necesitabas un montón de tiempo para recuperarte.
Asier García: Yo dejé de jugar a pelota por un problema en la mano derecha. La tenía destrozada (Asier muestra su derecha con una cicatriz que recorre la palma de costa a costa).
Oinatz: Yo, por suerte, no tengo problemas de manos. Son duras y que sigan así. Asoma entonces el material sobre el mantel. Aceite y agua. Disparidad de criterios. El cestaño siempre genera polémica. Versiones encontradas.
Juan Mari: El material de entonces tenía más toque que el de ahora. Era más fuerte.
Miguel: Ahora bota más la pelota, antes la pelota te venía y hacía: fi, fi.
Oinatz: No creas que ahora la pelota no es exigente. Viene de abajo. Tira mucho de suelo. Anda mucho. La carga de la pelota es el efecto que trae y también hace fiu, fiu. Nosotros desde pequeños hemos jugado con pelota dura. Desde los 6 ó 7 años. Te ponías algo de taco y a jugar. Las manos se tienen que hacer y cuanto antes mejor. La evolución de la pelota es irrebatible por evidente. En todos los ámbitos. Se ha disparado.
Juan Mari: Nuestra preparación física era correr un poco, alguna que otra flexión y abdominales. El gimnasio era para dar vueltas.
Oinatz: Yo le he oído decir a Julián Retegi que el mejor cuerpo que ha visto en un pelotari ha sido el de Juan Mari. Con los abdominales marcados y todo eso. Juan Mari: Pues eso ya no es así (se señala el estómago).
Juan Mari: Nosotros no hacíamos juergas. Nos cuidábamos. Había que retirarse pronto a casa.
Miguel: Sí, sí. En eso hemos sido muy formales. Nada golfos. Para rendir en la cancha hay que cuidarse. Se salía muy poco. Cuatro veces al año.
Oinatz: Yo pienso que hay que cuidarse, pero yo necesito salir y tomar algo. No en semanas de partido, eso está claro, pero creo que no me hace mal salir y tomar unos tragos.
Miguel: El mayor cambio ha sido el de la televisión, lo ha cambiado todo, antes sólo estaban los periódicos. La tele ha dado otra dimensión a la pelota. Antes éramos conocidos, pero ahora los pelotaris son famosos.
Juan Mari: Eso es verdad, pero antes iba más gente a los frontones que ahora. En las finales siempre se llena, pero yo he visto el Beotibar de Tolosa lleno en el tercer partido. Había muchas apuestas.
Oinatz: Ahora eso no pasa tanto. La gente prefiere ver los partidos por la tele.
Miguel: Es más cómodo y se ve muy bien. La televisión ha traído mucho dinero a la pelota. Recuerdo que nos pagaban 6.000 pesetas por partido y los pisos valían entonces 600.000.
Oinatz: Así que, con 100 partidos jugados, te comprabas un piso. Pues entonces ganabais más que ahora.
Miguel: Pero esa comparación no es buena porque los pisos se han disparado.
Oinatz: A mí Beloki me dijo que cuando más dinero se ganó en la pelota, comparando con el nivel de vida que había, fue en los 90.
Juan Mari: En 1982 te pagaban 50.000 pesetas por partido.
Oinatz: Ahora no todo el mundo gana mucho dinero, no creas. Hay muchos que ganan eso por partido.
Juan Mari: Por aquel entonces se comentaba que Ogueta, con dos partidos, podía comprarse un piso.
Oinatz: Eso ahora es imposible.
Ibai: Ya te digo. En Frontis no se mueve tanto dinero como en otras empresas, pero con el precio que tienen los pisos...
Miguel: A mí el coche me costó 160.000 pesetas. Era un 127 y tenía cuatro marchas. A tope cogía 120 kilómetros por hora.
Oinatz: Los coches de ahora corren más, pero tienes que ir a la misma velocidad porque no se puede pasar de 120 kilómetros por hora. Si no te quitan los puntos (risas).
Miguel: Antes, para ir a los sitios tardabas un mundo. La charla, ya en los cafés, vira por completo. Mira al futuro, a la final del Manomanista que medirá a Abel Barriola y Oinatz Bengoetxea.
Miguel: Que Oinatz esté en la final ha sido una sorpresa para todos, sobre todo porque tuvo que ganar a Aimar. Pero, si está ahí, es porque se lo ha merecido. Se está haciendo hombre.
Juan Mari: Yo tampoco pensaba que podría llegar, pero nunca se sabe. Ha jugado muy bien, muy valiente.
Asier García: Ahora lo importante es que desarrolle su juego en la final. Si lo hace, tendrá sus opciones, aunque no será fácil ganar a Abel porque está muy bien.
Oinatz: Yo trataré de jugar como lo he hecho hasta ahora. Así me ha ido bien y no voy a cambiar. Estoy cómodo jugando de sotamano porque presiono al rival. No sólo me sirve para defender.
Juan Mari: Pero tienes que entrenar para aprender a jugar a bote desde el siete, para pelotear. Eso en el mano a mano es muy importante.
Oinatz: ¡Tú bien que le dabas de volea!
Asier García: Oinatz necesita atacar, pero antes hay que defender. No será un partido fácil, pero, si hace bien las cosas, también tendrá sus opciones. juan mari: La final es difícil para los dos porque los dos están jugando bien. En su momento, Abel me comentó para que fuera su botillero. No quise. No me gusta ir al frontón. Se sufre mucho (su hijo Aitor, el quinto de la saga también fue pelotari). Veré el partido por la tele.
Miguel: Ya creo que se sufre. Yo lo sigo haciendo con éste (mira a su hijo Ibai). Juan mari: Lo mejor antes de una final es no aparecer por el pueblo. Se necesita tranquilidad.
Oinatz: De momento lo estoy llevando bien.
Miguel: Lo mejor de Oinatz es que se crece cuando sale a jugar. Es plazagizon. El reloj, inclemente, desplaza a los comensales fuera del restaurante. La despedida es otra invitación a la reflexión.
Oinatz: Ganar el Manomanista es la gloria, entrar en los libros de historia de la pelota. Es lo máximo. Eso no se puede pagar con dinero. Es lo más importante.
Juan Mari: Mira, yo he ganado dos txapelas del Manomanista y para qué me ha servido, para nada. Tengo que seguir trabajando.
>césar ortuzar