A huelga de transportistas está provocando un colapso en la vida ciudadana, y sus consecuencias se están dejando sentir gravemente en la producción industrial -Volkswagen paralizó ayer su producción como ya habían hecho otras empresas-, en la movilidad y, aún en menor medida, en el abastecimiento de alimentos y combustible. Los transportistas han sido los primeros, pero las mismas causas que han provocado esta huelga están latentes en otros sectores productivos como la pesca o la agricultura, además de que incide en la pérdida de ámbitos laborales en desventaja como los autónomos. Los expertos ya no tienen duda de que nos encontramos en un cambio de ciclo en la economía. El pésimo dato que ofreció ayer el IPC -en Navarra, subió un 0,9%, dos décimas por encima de la media del Estado, lo que sitúa la tasa interanual en el 4,5- y el progresivo crecimiento del desempleo exigen una actuación decidida de los poderes públicos antes que la permanencia anquilosada en la autocomplacencia y en la mera propaganda de datos y apariencias. El actual Gobierno conservador de UPN y CDN ya llegó agotado tras cumplir un largo ciclo de gobierno a las elecciones de hace un año y su actual continuidad no está siendo sino un alargamiento ineficaz de aquella situación. Una falta de iniciativa -más allá de presentaciones reiteradas de acumulaciones de viejos proyectos-, que puede acabar arrastrando además al PSN, hipotecado por una colaboración política que no acaba de aportar soluciones concretas a los problemas domésticos de los ciudadanos. Las señales indican que la crisis actual va más allá de un fenómeno coyuntural -el alza constante de los precios, muy por encima de la zona euro, también indica causas estructurales de fondo-, y que lo peor aún está por llegar. Y parece increíble que el Gobierno de Zapatero no hubiera previsto el alcance real del cambio de ciclo económico -su cita a empresarios y sindicatos en Moncloa puede ser necesaria, pero llega tarde-. Quienes dependan de un sueldo fijo verán reducida su capacidad de consumo y será peor para los trabajadores en condiciones de precariedad e inestabilidad laboral. Es necesario de partida impulsar una competencia real en sectores estratégicos como la energía y las telecomunicaciones, medidas de control sobre los márgenes de distribución y políticas globales ante la especulación financiera con alimentos y combustibles.