san sebastián. El Atano III de San Sebastián dio cobijo ayer a los dos finalistas del Manomanista. Y a unos cuantos más. A representantes de Aspe y Asegarce. A periodistas y a aficionados. A unas 300 personas en total. Pero los verdaderos protagonistas eran sólo dos. Abel Barriola y su austeridad, propia de un hombre acostumbrado a disputar finales; y Oinatz Bengoetxea y su lozanía, atributo normal para quien encara su primera final del mano a mano (el delantero leitzarra ya disputó la del Parejas hace un par de años). Ambos eligieron el material que emplearán en el duelo que les enfrenta el domingo. Sus armas, nunca mejor dicho. Y es que los lotes separados por uno y otro contendientes distan un abismo. Abel se decantó por un lote con mucha salida de frontis y poco brillo en el suelo. Para jugar a bote. Su estilo. Oinatz buscó lo contrario en el cestaño: cueros con menos salida y más brillantes por abajo. Para entrar de aire. Para dar ritmo al partido. Para ahogar a su rival.
Ocurrió lo que tenía que ocurrir. Lo previsto. "Ya sabía cómo iban a ser las pelotas", se atrevió a decir Oinatz cuando compareció ante la prensa tras elegir material. No obstante, ambos contendientes quedaron satisfechos con los lotes separados. El material no será una excusa para justificar una derrota o una victoria.
la experiencia no es un grado El más veterano de los dos finalistas es Abel Barriola. Por edad. Por títulos. Por finales disputadas. La teoría dice que los nervios no deberían pasarle factura, pero el zaguero de Aspe quiso aclarar este punto. "Las finales son partidos diferentes. Están al 50%". No se puede ofrecer una mejor explicación, un argumento con pruebas. "Las primeras dos finales que disputé como profesional las gané (la del Cuatro y Medio de 2001 y la del Manomanista de 2002), pero las demás las he perdido (tres del Cuatro y Medio -en 2004, 2006 y 2007- y la de la pasada edición del mano a mano). Todo suma, pero creo que la experiencia no tiene nada que ver para lo que pueda ocurrir el domingo". El haberlo vivido en sus propias carnes (la victoria y la derrota) le hace hablar con conocimiento de causa.
Barriola tardó más tiempo que Oinatz en separar el material, pero explicó las razones que provocaron esta demora. "Tenía dudas entre tres pelotas que me gustaban. Una la he elegido enseguida, pero me ha costado más decidirme con las otras dos, así que no es mala señal tardar tanto en elegir".
El campeón del mano a mano en 2002 rememoró aquel viejo éxito. "Era mi primera final y estaba en una nube, supongo que sentiría lo mismo que Oinatz ahora. Por eso es más peligroso, si cabe, porque está en estado de gracia. Si ha llegado a la final es por algo, porque no da un tanto por perdido. Así que tendré que tirar del abecé del mano a mano: sacar bien y dominar en el peloteo para poder terminar el tanto porque Oinatz tiene muchos recursos, tanto en defensa como en ataque".
ocho es el número de oinatz El otro finalista es Oinatz Bengoetxea. El joven delantero de Leitza se descubrió ayer como un supersticioso circunstancial. "Nací el 28 del 8 del 84 y mi número favorito es el 8. Y este año es 2008. Cuando empezó el año me daba algo que iba a ser bueno. En el parejas no pudimos llegar tan arriba como quisimos, pero en este campeonato me están saliendo bien las cosas", argumentó. Y lo hizo con una frescura y una naturalidad que provocó las risas de todos los periodistas. "Tenía esperanzas, pero siempre es difícil llegar a la final", matizó a continuación. "El primer partido era contra Leiza, era muy difícil y pude ganar. El segundo, contra Aimar, que también era difícil, pero pude ganar. Y contra Asier también era difícil. A ver si el próximo día que esté con vosotros os puedo contar lo mismo", explicó, al tiempo que volvía a hacer sonreír a los representantes de los medios.
Risueño, reconoció estar soportando la tensión previa a la final y, ya más serio, expuso sus argumentos para tratar de sorprender a Barriola: "Tendré que poner un juego exigente y rápido, como lo hice en los tres partidos que he ganado. Voy a darlo todo". Quiere que todo sea igual. Su particular superstición para repetir éxito en la final.