Zapatero viene al congreso que el PSN celebrará los próximos 28 y 29 de junio, el único que se ha convocado antes que el congreso federal del PSOE a comienzos de julio. Es ya una excepción. Otra es que es el primer secretario general que participa en un cónclave de los socialistas navarros. Una excepción que coincide con lo que ha supuesto Navarra siempre para Madrid, una excepcionalidad. También para el PSOE, que desde el final de la transición ha ido decidiendo sus posiciones sobre Navarra en función de los llamados intereses generales en la política de Estado -o de la coyuntura electoral del partido-, antes que en los consensos mayoritarios alcanzados en la sociedad navarra. Una excepcionalidad que ha acabado situando una vez más al proyecto socialista para Navarra al simple servicio de los sectores conservadores, que siguen instalados cómodamente en las todas las esferas del poder foral. Una excepcionalidad que se evidencia cada vez que el voto socialista a las elecciones generales supera en decenas de miles a los apoyos del PSN en el ámbito autonómico. Zapatero viaja a Navarra quizá para controlar desde el inicio el diseño de lo que puede ser la imagen y el proyecto del PSN en 2011. Zapatero augura una situación política para Navarra como la de Galicia, donde el PSOE y el BNG sustituyeron a los conservadores en la Xunta. De momento, queda la acusación de Catalán: "Zapatero acumula numerosos incumplimientos con Navarra". El último, el veto del pasado verano al cambio político que ha permitido a UPN y CDN seguir en el Gobierno pese a perder la mayoría y a él mismo mantener su cargo de portavoz. Y no parece muy agradecido.