pamplona. "Lejos del estereotipo de galán y distante de la hechura estandarizada del actor de primera fila, de un solo perfil y de voz circunspecta y engolada, ha sido un comediante excepcional capaz de representar tipos y personajes con multitud de registros". Con esta contundente descripción justificó en abril el Consejo Navarro de Cultura la concesión del Premio Príncipe de Viana de la Cultura a Alfredo Landa Areta, el primer actor que pasa a engrosar las filas de un galardón que el año pasado, también candidato, obtuvo el músico Pedro Iturralde.
Y, como sucediera en el caso del saxofonista y del resto de premiados, con la excepción de otro hombre del cine, Montxo Armendáriz, en Viana (1998), y del físico Javier Tejada (2006), en Javier, el escenario de la entrega de galardón volverá a ser el Monasterio de San Salvador de Leyre, mañana, lunes, a partir de las 11.30 horas. Los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, presidirán un acto similar al de ediciones anteriores, comenzando a las 11.30 horas en el Patio de la Hospedería, donde tendrán lugar los discursos del presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz, del Príncipe y, por último, del premiado, y con la asistencia del Ejecutivo en pleno, las principales autoridades políticas e institucionales de la Comunidad Foral, los miembros del Consejo Navarro de Cultura, así como de familiares y amigos del homenajeado.
Finalizadas las intervenciones, sobre las 12.15 horas está previsto que se celebre el tradicional Homenaje a los Reyes de Navarra, acto litúrgico que presidirán el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Francisco Pérez, y el abad y los sacerdotes de la comunidad benedictina del monasterio. Durante la ceremonia, los Príncipes realizarán una ofrenda floral al sepulcro de los monarcas, situado en el muro norte del templo. Los actos oficiales concluirán tras un almuerzo en la Hospedería al que asistirán unas ochenta personas, presidido por don Felipe y doña Leitizia, que compartirán mesa con Sanz y y con Landa, entre otras personalidades.
el primer actor Alfredo Landa Areta (Pamplona, 1933) se convertirá, así, en el primer profesional de la interpretación en poseer el Premio Príncipe de Viana. Propuesto también el año pasado, así como en 1995, el actor se alzó este año con el reconocimiento a propuesta del Ateneo Navarro, que ya le dedicó un homenaje en 2002, y frente a otros aspirantes como Miguel de la Quadra Salcedo, Juan Huarte Beaumont, Luis Bacaicoa Martich, Jesús María Muneta Martínez de Morentin y Juan José Martinena.
El de Leyre se sumará, pues, a la larga lista de recompensas que Landa ha recibido a lo largo de casi cincuenta años de carrera en los que ha sumado tres Goya, el último de ellos de honor, y la Palma de Oro de Cannes, entre otros muchos galardones. Sin embargo, el Príncipe de Viana no es "en absoluto uno más". Así lo declaró el intérprete a este periódico cuando conoció la noticia. "Exultante", Alfredo Landa afirmó entonces que "merece la pena haber nacido y, sobre todo, haber nacido en Pamplona para que luego, al cabo de los años, Navarra le dé a uno este premio". Y es que, este reconocimiento es para el actor "como poner una pica en Flandes", "como hablar con Dios" en un momento especial de su vida, poco más de un año después de anunciar su retirada definitiva. En resumen, el premio que ahora le concede Navarra le hace irse "de verdad" y "con la cabeza muy, muy, muy alta".
Así las cosas, parece que, pese a que muchos anhelan que cambie de opinión, Alfredo Landa ha decidido tomarse el respiro que en medio siglo apenas ha tenido. Y no es que se queje, no en vano su nombre jalona grandes títulos del cine español, más bien piensa, y así lo dijo en el Festival de Málaga de 2007, que "una retirada a tiempo es una victoria". Y se va sin frustración, "con alegría" y "gracias en el corazón", sencillamente porque ha podido dedicarse a la interpretación o, mejor, "a ser cómico". "No hubiera sabido ser otra cosa", ha afirmado más de una vez este actor que descubrió su vocación en San Sebastián, adonde se trasladó junto con su familia a los 12 años, y donde, en plena carrera de Derecho, tuvo su primera experiencia interpretativa en el Teatro Español Universitario (TEU), con el que representó más de cuarenta obras. Y fue definitiva, porque en 1958 se plantó en Madrid con apenas 7.000 pesetas, dos trajes, tres camisas y un amigo que le ayudó a sobrevivir, consiguiéndole trabajo como doblador de Marlon Brando o Richard Widmark. Pronto dio el salto al teatro, con numerosos papeles, pero sobre todo uno, el de La felicidad no lleva impuesto de lujo , que le abrió las puertas del cine de la mano de José Mª Forqué y Atraco a las 3 , un inicio de lujo, con un sueldo de 10.000 pesetas, para una carrera que se tornó imparable y que ha sumado más de 120 películas, sin contar las tablas y las series de televisión.
Hay quien divide su trayectoria en tres etapas. En la primera alternó los papeles cómicos con trabajos escénicos y participó en más de cuarenta filmes, entre los que destacan El verdugo (1963), Nobleza Baturra (1964), Ninette y un señor de Murcia (1965),El arte de casarse y El arte de no casarse (1966), ambas con Concha Velasco,Novios 68 (1967) o Cateto a babor (1969). El año 1970 marcó el comienzo de lo que se ha conocido como landismo, un ciclo de seis años con títulos como No desearás al vecino del 5º (1970), Vente a ligar al oeste (1971), Manolo la nuit (1973) y Celedonio y yo somos así (1974), entre otros. En ellos, Landa encarnó a un determinado tipo de hombre reprimido en lo sexual, fanfarrón y machista que marcó toda una época y que, según ha comentado el actor, "habrá que tenerlo en cuentra para analizar la idiosincrasia del pueblo español". Sin embargo, la comedia ligera no ha sido el único fuerte del pamplonés, tal y como lo demostró tras la dictadura, en 1976, protagonizando El puente (1976), de Bardem, con un personaje muy valorado por la crítica. Y quizá sea este tercer periodo el que reúna el mayor número de grandes papeles, en películas como Los santos inocentes (1983),La vaquilla (1984), Tata mía (1986), El bosque animado (1987), El río que nos lleva (1988), La marrana (1992), El rey del río (1994), El oro de Moscú (2002) o La luz prodigiosa (2002). Por supuesto, capítulo aparte merecen sus películas con José Luis Garci, el director con el que más ha trabajado, desdeLas verdes praderas (1978), El crack (1980), El crack II (1982), Canción de cuna (1993), Historia de un beso (2001), Tiovivo C. 1950 (2003) y Luz de domingo (2006). Esta última puso el punto y final a su amistad, por motivos que el intérprete nunca ha querido aclarar, y a su carrera.
Y no piensa volver, aunque ha tenido ofertas, será porque, como dice, "no hacer nada es una de las cosas que más me gustan en esta vida". Eso sí, esto no implica abandonar una de las actividades que le resultan más placenteras, como es jugar al mus con los amigos. Ahora, sin duda, tendrá el tiempo que le ha faltado en casi cincuenta años de carrera. En cuanto al día de mañana, en Leyre dirá "lo que tengo que decir", y lo hará "con toda el alma navarra".