LA Exposición Internacional de Zaragoza abrió ayer sus puertas después de ofrecer el viernes una brillante ceremonia de inauguración y de pelear contra el reloj para conseguir terminar a tiempo todas las obras. En la Expo del agua no ha faltado ni la riada de penúltima hora del Ebro, que ha puesto a prueba la calidad de las nuevas infraestructuras, ni la polémica a cerca de la política hidráulica del gobierno de Rodríguez Zapatero y de su trasvase de quita y pon. Llegada la fecha, con unas cosas o con otras, los visitantes comenzaron ayer a pasear por el recinto y los diferentes pabellones, entre ellos el de Navarra. De lo que los visitantes se encontrarán en el interior y del programa de actos organizados en torno a la presencia de la Comunidad Foral en la Expo, dio cuenta esta semana el portavoz del Ejecutivo, Alberto Catalán, a la vez responsable de Relaciones Institucionales. Coincidiendo con esa puesta en escena, este periódico desveló el cese voluntario de quien había sido la encargada de organizar las actividades de Navarra para esta cita. Sin embargo, detrás de esa formalidad de cese "a petición propia" recogido en el Boletín Oficial de Navarra, se esconde una profunda discrepancia entre María Luisa López Ballano y el departamento que encabeza Catalán. Las diferencias, como desveló la funcionaria cesante, tienen que ver tanto con la calidad que ella atribuía a los actos como con la sugerencia de recoger la amplia representación territorial de Navarra. Al parecer, ni la una ni la otra se atendieron ni eran del gusto del Gobierno, por lo que López Ballano, con una experiencia de más de 25 años organizando actividades para el Ejecutivo foral, decidió no seguir adelante. Parece ser que en esta Expo en la que a través del agua se exalta la diversidad, al Gobierno de UPN-CDN le molestará algún tipo de expresiones culturales de esta Navarra que si algún valor tiene es el de la diversidad de su riqueza cultural. Al final, en los actos habrá nutrida presencia de grupos de la Ribera y resultaría sectario comprobar que hayan quedado arrinconadas otro tipo de manifestaciones folclóricas igual de arraigadas porque no son del gusto del actual Ejecutivo o porque éste cree que ofrecen una visión de Navarra que no interesa difundir. Sea como fuere, al Gobierno foral le ha salido una gotera en la Expo.