leyre. Alfredo Landa recogió ayer de manos de don Felipe de Borbón el premió Príncipe de Viana de la Cultura en un acto que, debido a la lluvia, tuvo que celebrarse en el interior del templo del Monasterio San Salvador de Leyre y que estuvo marcado por la emoción del actor al sentirse reconocido por "los míos, por mi tierra navarra".
Tal y como estaba previsto, y a pesar del mal tiempo, hacia las 11.15 horas aterrizaron en la explanada contigua al monasterio los dos helicópteros que en los que se desplazaron hasta Navarra los príncipes de Asturias y su comitiva. Tras el aterrizaje, don Felipe de Borbón y doña Letizia fueron recibidos por el presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz y, en su camino hasta el templo, no tuvieron reparos en saludar al público que se había concentrado en los aledaños del recinto monacal.
En la puerta Speciosa del Monasterio, los príncipes fueron recibidos por la niña Lucía Latorre del Castillo, que entregó un ramo de flores a la princesa. Antes de entrar en el templo, don Felipe y doña Letizia estrecharon las manos de los miembros del Gobierno de Navarra presentes en el acto así como de Elena Torres, presidenta del Parlamento Foral; Elma Saiz, delegada del Gobierno central; el alcalde de Yesa, José Antonio Aquerreta, Francisco Pérez González, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela; Luis Pérez, abad mitrado de Leyre, y Augusto Pascual, abad dimisionario.
Una vez dentro del templo, el acto de entrega se inició con el discurso del presidente del Ejecutivo foral, Miguel Sanz, que glosó la figura del galardonado y destacó su trabajo cabal y seriedad en el cumplimiento de los compromisos, "valores que caracterizan nuestra forma de ser". Tras la palabras del presidente del Gobierno de Navarra y la lectura del Decreto Foral por el que se le concede el premio, un más que emocionado Alfredo Landa, que ya había derramado alguna lágrima en los prolegómenos del acto, accedió al estrado donde el Príncipe de Asturias le hizo entrega del diploma acreditativo.
"navarra, siempre" Haciendo gala de sus dotes interpretativas, que provocaban la vibración de los micrófonos cada vez que pronunciaba la palabra Navarra, Landa ofreció un discurso en el que recordó a su madre, Emilia Areta, hizo un guiño a su predecesor Pedro Iturralde, al que consultó a la hora de elaborar el discurso; paseó por algunos de sus personajes más conocidos, como Sancho Panza o el bandido Fendetestas; dio las gracias, entre otros, a su Maite; y reiteró que "recibo este premio, que corona mi carrera, con el mayor orgullo y siempre, siempre, estaré dispuesto a mostrar a todos las maravillas de esta Navarra nuestra". Una cerrada ovación hizo trastabilar al actor que, una vez sentado, y todavía con gesto marcado por la emoción, escuchó a don Felipe de Borbón hacer un recorrido (el tercero a lo largo del acto) por su trayectoria que de nuevo sobrecogió al intérprete. El Príncipe de Asturias se declaró admirador de "una gran carrera artística que ha conectado con el sentir de los ciudadanos y ha sabido expresar con sus dotes interpretativas la alegría, el dolor y tantas otras emociones con las que dio vida propia a tantos personajes". El también Príncipe de Viana quiso cerrar sus palabras con un recuerdo especial hacia el violinista navarro Pablo Sarasate, de cuya muerte se cumple en 2008 el primer centenario.
Precisamente, durante el transcurso del acto el genial músico también estuvo presente a través de su música, ya que el grupo de cámara del Conservatorio Superior de Música de Navarra interpretó dos de sus composiciones más conocidas, Capricho vasco y Jota Navarra. La primera de ellas contó con la interpretación como solista de Pablo Aznárez, mientras que en la segunda, el joven intérprete de tan solo trece años, compartió protagonismo con su hermana Leyre, de 15.
Una vez concluida la ceremonia de entrega, los príncipes abandonaron el templo para, cumpliendo el protocolo, volver a entrar de nuevo en él por la misma puerta Speciosa, junto a las distintas autoridades forales y municipales, asistir a la misa oficiada por el arzobispo de Pamplona, Francisco Pérez. Los actos institucionales terminaron el homenaje de los príncipes a los Reyes de Navarra, en cuyo sepulcro depositaron una corona de flores rojas.