Leyre. Alfredo Landa Areta nació en la calle Descalzos de Pamplona un 3 de marzo de 1933, hijo de Alfredo, capitán de la Guardia Civil natural de Roncal, y de Emilia, ama de casa pamplonesa de "pura cepa", quien, pese al traslado de la familia a Gerona y, más tarde, a San Sebastián, supo enseñar a su hijo "lo que significa ser de Navarra". A saber: "ser honrado y cumplidor, no temer al trabajo y a la adversidad, mirar de frente a la vida y ayudar, siempre con una sonrisa, a la gente que le necesita". Así lo recordaba ayer el actor en el discurso que protagonizó tras recibir el Premio Príncipe de Viana de manos de don Felipe. Un discurso teñido de agradecimiento a Navarra, por este reconocimiento que, según dijo, supera con creces los premios y agasajos nacionales e internacionales que le han deparado cincuenta años de carrera y "que me ha producido tanta y tan profunda emoción", porque procede "de los míos, de mi tierra navarra", a la que "me siento unido desde el día en que nací, hasta este mismo momento y para siempre".
Acompañado por su mujer, Maite Imaz; sus hijos, Alfredo, Idoia y Ainhoa, y de un grupo de amigos de Pamplona, San Sebastián y Madrid, Landa echó mano de su oficio de "cómico orgulloso de serlo" para escenificar una intervención que, si bien inició con voz temblorosa terminó en un crescendo que mereció una doble ovación del público.
Este premio, dijo, "corona mi trayectoria profesional", en la que ha procurado, "siempre", que su trabajo sirva "para esbozar una sonrisa, para conocer realidades y para profundizar en los sentimientos". Y no le ha ido mal, porque ha logrado "ser visto y bien recibido por muchas personas que se sienten amigos míos", en una muestra de amistad que es "el mejor tesoro que he podido conseguir", apuntó el actor, cuya voz ha sonado tantas veces en bocas ajenas, las de los personajes que ha encarnado en más de un centenar de trabajos. Como Sancho Panza, en la versión televisiva de Gutiérrez Aragón; el bandido Fendetestas de El bosque animado ; el brigada Castro de La vaquilla , o el inspector Germán Areta, "que lleva mi apellido porque Garci se enamoró de él", de El Crack . Sin embargo, la de ayer no era la voz de ninguno de ellos, sino la de Alfredo Landa, un profesional "lleno de emoción" que dio gracias por tres veces "por el ánimo y el aprecio que siempre me habéis demostrado".
el público, la esencia El intérprete pamplonés, poseedor de tres Goya y de un premio del Festival de Cannes, entre otros galardones, repartió la razón de su éxito entre su familia, "mi Maite y mis queridos hijos que siempre me han apoyado en todo"; sus compañeros actores y "todos cuantos trabajan en el cine, en el teatro y en la televisión haciendo realidad los sueños y los afanes", y, sobre todo, el público, "esencia y fundamento de mi trabajo de actor" y "al que siempre me he debido con entrega y fundamento".
Landa mostró, asimismo, su gratitud al Gobierno de Navarra, ante el que se comprometió "a mostrar a todos, allá donde esté, las maravillas de esta tierra nuestra", de sus "admirables paisajes", de su "exquisita gastronomía" y del carácter "leal y recio de todas nuestras gentes". Y no olvidó al Consejo Navarro de Cultura, "que ha querido distinguirme entre tantos y tan valiosos aspirantes", ni, por supuesto, a los Príncipes, cuya presencia, subrayó, "nunca podré olvidar".
Un sonoro "¡hasta siempre!" que provocó los aplausos del público puso el punto final a un discurso emotivo que dejó paso, ya en la hora del aperitivo, a un tono mucho más relajado del actor, atento con todos cuantos se acercaban a saludarle y darle la enhorabuena e, incluso, a hacerse fotos con él. No en vano, dijo sentirse "pletórico" con este premio de "mi tierra". "No puedo pedir más, esto es como hablar con Dios", reiteró.